- El Guerrouj, atrapó el oro olímpico en 1,500
Edgard Tijerino M.
Durante los últimos 10 años, el marroquí Hicham El Guerrouj, ha sido considerado sin el menor titubeo, el rey de los mediofondistas.
Favorito siempre tanto en los 1,500 metros como en la Milla, El Guerrouj, ha construido una reputación tan inmensa como los territorios que dominaba Alejandro el Grande, pero, desgraciadamente, nunca había podido obtener unqo.
¡Cómo diablos retirarse sin esa distinción!
DOS FRUSTRACIONES
En 1996 en Atlanta, abriéndose paso hacia una posible victoria, se cayó dramáticamente provocando un aullido de lamento en las tribunas y frente a las pantallas, y en Sydney, cuatro años después, fue apretado por los kenianos Noah Ngeny y Bernard Lagat, viéndose obligado a masticar con cierta rabia, la medalla de plata.
Vencido por Ngeny y un paso adelante de Lagat, el marroquí, con su orgullo abollado pero su espíritu de lucha intacto, advirtió: ¡Volveré!
Estos 1,500 de Atenas le planteaban un reto de ¡ahora o nunca!, y El Guerrouj fue a fondo con alma, corazón y cerebro, se desplazó con rapidez y firmeza, no pensando en atacar su propia marca mundial de 3:26.00 minutos, algo fantástico, sino en mantener a raya al temible Lagat, un enemigo a muerte.
Ni siquiera la marca olímpica de Ngeny, 3:32.07 le importaba, sino el oro que buscaba tan desesperadamente desde hacía ocho años sin poder alcanzarlo.
EL FANTASMA DE LAGAT
Tenía que socar al máximo y El Guerrouj lo hizo, proyectándose con poder y seguridad, sacando a casi todos de la pelea mientras avanzaba como un tren deslizándose ruidosamente.
Vaya sorpresa… Ahí estaba Lagat a la orilla, con sus pisadas, con su respiración, con su determinación, ejerciendo una presión tan fuerte como mordida de tiburón.
No, El Guerrouj no podía fallar. Si era necesario ir al fondo del cofre de su espíritu para sacar reservas, lo haría; si era urgente un tercer pulmón lo conseguiría; si tenía que sacar de la nada una carga extra de energía para sus piernas, de alguna manera la obtendría.
Y soportó la embestida, y se impuso, y se quedó con el oro. Su registro de 3:34.30, estuvo siendo arañado por el 3:34.30 de Lagat.
Por fin, por fin, El Guerrouj, para muchos el mejor mediofondista de los últimos tiempos, con una medalla de oro olímpica.
Ciertamente, se lo merecía, como también lo merecía pero nunca lo logró, Jim Ryun, aquel norteamericano que en los años 60 se colocó en el ombligo del espectáculo, como rey de la Milla, y lo único que pudo conseguir en el firmamento olímpico, fue una medalla de plata vencido por Kipchoge Kenio, de Kenia.
MÁS VOLAR QUE SALTAR
El salto largo no resulta excitante para el público. Hay algo en la observación, pero lo clave es lo que diga la cinta métrica y para llegar a la certeza es necesario esperar que aparezcan las cifras.
Pero hay vuelos impresionantes como los 8.90 metros de Bob Beamon en México 1968, que parecía nunca sería superado, pese a los múltiples esfuerzos de Carl Lewis, hasta que Mike Powell saltó 8.95 metros en agosto de 1991, durante el Campeonato Mundial.
Sólo traten de imaginar lo que es saltar, o mejor dicho volar, por casi 9 metros. El cubano Iván Pedroso que se ha extendido hasta 8.71 metros, ganó el oro en Sydney con 8.55 y está entre los favoritos pero con mayores dificultades, frente a Dwiagt Phillips y John Moffith, de USA; Shkurkatov, de Rusia, y Gaisah, de Ghana.
:: Uno piensa que tanto el récord olímpico de Beamon de 8.90 metros y el Mundial de 8.95 en poder de Powell, seguirán imperturbables.