Los brigadistas se alojaron en las cass de los campesinos y les impartían clases después de las jornadas de trabajo en el campo. En estas zonas no existían muchas condiciones para enseñar.

‘Cruzados’ contra la ignorancia

Un ejército de jóvenes partió hacia zonas rurales del país, y en cinco meses alfabetizaron a más de 406,056 nicaragüenses, reduciendo el analfabetismo de 50.3 por ciento a 12.9 por ciento. A pesar de los incidentes, la mayoría de brigadistas se mantuvieron hasta el final Arlen Pérez Han pasado 24 años desde la Cruzada Nacional […]

  • Un ejército de jóvenes partió hacia zonas rurales del país, y en cinco meses alfabetizaron a más de 406,056 nicaragüenses, reduciendo el analfabetismo de 50.3 por ciento a 12.9 por ciento. A pesar de los incidentes, la mayoría de brigadistas se mantuvieron hasta el final

Arlen Pérez

Han pasado 24 años desde la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), cuando Nicaragua formó un ejército para enfrentar, probablemente, la batalla más noble que ha vivido el país desde entonces. El objetivo, erradicar el analfabetismo; el enemigo, la ignorancia.

Muchas vidas cambiaron en 1980 cuando los brigadistas se enfrentaron a la vida del campo y los campesinos se enfrentaron al conocimiento que les daba la oportunidad de cambiar su vida.

“De no ser por la Cruzada (Nacional de Alfabetización), estuviera limpiando y sembrando maíz o quizá no estaría en Nicaragua. Tengo muchos parientes que no siguieron estudiando, que ahora están en Costa Rica”, comenta Víctor Ayala, alfabetizado durante la gesta juvenil.

En 1980, Ayala tenía 10 años, vivía en Palo Grande, a 25 kilómetros de Somotillo, Chinandega. “Cuando llegó la Cruzada Nacional de Alfabetización miré que mi abuela, unos tíos y una prima, estaban recibiendo clases con una muchacha que llegó con 20 alfabetizadores. Era morena, como de 18 años”, recuerda.

Los cuadernos, recuerda Ayala, tenían un alto contenido ideológico, propio de la época, pero llevaban la parte educativa, que le interesó al término de continuar sus estudios.

Ayala finalizó la carrera de Economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en Managua y llevó una especialidad en Alta Gerencia para organizaciones en desarrollo en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae). Actualmente trabaja como Jefe de Producción de un medio de comunicación.

“Hay muchas personas que tienen temor, pena de decir que fueron alfabetizados, pero creo que deberían de sentirse orgullosos porque es un gran salto cualitativo en su vida que muchos habrían querido tener”, expresó Ayala.

ALFABETIZADOS

Con la Cruzada Nacional de Alfabetización se disminuyó el analfabetismo a nivel nacional de 50.3 por ciento a 12.9 por ciento, se alfabetizó a más de 406 mil 56 personas. La organización comprendió tres grandes grupos: los Alfabetizadores Populares (AP), las Milicias Obreras de Alfabetización (MOA), y el Ejército Popular Alfabetizador (EPA).

El uniforme: cotonas, pantalones y botas. El armamento: lámpara, pizarra, libros guías, y la cartilla El Amanecer del Pueblo. La estrategia: una adaptación del método de Pablo Freire, utilizado en la experiencia que vivió Cuba.

ENSEÑANDO Y APRENDIENDO

Participaron en esta batalla más de 100 mil alfabetizadores o brigadistas. Parte de este ejército de jóvenes maestros fue Denis Navas Rosales, quien a la edad de 14 años se internó en Nueva Guinea para enseñar a leer a siete campesinos, quienes por cinco meses fueron su familia.

“Llegamos a Nueva Guinea y nos dicen que íbamos para Providencia que son 30 kilómetros más para adentro. Preguntaron por el que estuviera listo y me voy con el señor. Andaba con mi saquito, él lo montó a la bestia y empezamos a caminar, de pronto comenzamos a platicar, le pregunté su nombre, Fidel Ríos, me acuerdo”, relata Navas.

Para el joven de 14 años de edad, quien cumplió los 15 internado en la montaña, la oscuridad parecía algo nuevo, al igual que el paisaje y los animales, como los monos congos que parecían acompañarlos en todo el trayecto.

En una casa humilde, Navas conoció a la familia de “su papá del campo” y sus alumnos en todo el transcurso de la CNA. Pero asegura que no sólo llegó a enseñar, sino a aprender.

“Aprendí a sembrar maíz, frijoles, cargar agua, a cazar. Me acuerdo que una vez cazamos una guatusa y la cocinamos, era una carne riquísima”, relata el ex brigadista.

Navas manifiesta con orgullo por la hazaña de enseñar a leer, pero compartió el crédito con sus estudiantes. “El esfuerzo que significa enchufar gente en la enseñanza, gente que pasa toda una jornada en el sol. Cómo le vas a pedir concentración. La gente puso mucho de su parte”.

La victoria se la adjudica a la organización y a la asimilación del objetivo. “Había tantos deseos, tantas ganas, tanto amor, tanta solidaridad de por medio, que fue posible enchufar a tanta gente en un mismo objetivo”, señaló.

LAS MUERTOS Y LOS DIRIGENTES

El decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Centroamericana, Donald Méndez Quintana, tenía 19 años en 1980. No estuvo alfabetizando. Él era uno de los líderes del EPA y su tarea era velar por la seguridad de los brigadistas.

Estudiaba tercer año de licenciatura de Enseñanza de Idiomas y el primer año básico cuando adquirió la responsabilidad de hacerse cargo de todo el contingente de brigadistas del Recinto Rubén Darío de la UNAN Managua, formado por cinco mil brigadistas.

Los brigadistas partieron para el norte de la Costa Atlántica, distribuidos en Waslala, Siuna, Rosita, Bonanza, Puerto Cabezas, y Waspán.

“Recuerdo que lo que me dijo la dirección de la CNA fue que mi tarea principal consistía en que se murieran los menos brigadistas posibles. Ya comenzaba la contra a afectar esa zona del Atlántico por el problema con los miskitos. Más importante que eso era la amenaza de las condiciones de la naturaleza en esa zona. Animales de la montaña, los ríos y los conflictos con la población, nunca podías saber si iba a salir macheteado un muchacho”, recordó Méndez.

De los cinco mil muchachos, dos murieron. A pesar de tener una lista de los ríos en los que no debían bañarse, uno de ellos se tiró y el otro pereció en el intento de salvarlo. Méndez asegura que el incidente le trajo tristeza y un sentimiento de impotencia. “Impotente porque luego había que llevar los cuerpos de estos muchachos a sus familias”.

De la experiencia en la CNA, Méndez considera que la mayor lección que se pudo aprender es que “podemos cambiar el país, puede ser mejor porque ya en la historia de nuestra vida se vivió la experiencia de que los grandes cambios son posibles si lográramos concertar un proyecto de sociedad y de nación que realmente conquiste la mente de los nicaragüenses y sobre todo de la juventud”.

LOS INCIDENTES

Al padre Fernando Cardenal se le encomendó la tarea de coordinar la batalla contra la ignorancia. Para él quienes hoy deben ser vistos como héroes son los brigadistas que se mantuvieron en la lucha a pesar de los incidentes.

“Me llaman una vez de Matiguás, a media tarde, no había nada de carretera. Habían violado a una chavala (brigadista) y tres escuadras, 90 muchachas habían bajado a Matiguás y no regresaban si no era conmigo”, relató Cardenal

Las 90 muchachas estaban sentadas en la escuela y decían “no queremos abandonar a nuestros campesinos”, pero pedían que se les garantizara su seguridad.

Luego de una larga plática, en que las brigadistas preguntaban cómo iba la alfabetización en otras zonas, dos escuadras regresaron a la montaña y la tercera escuadra pidió alfabetizar más cerca de la ciudad.

Durante esta batalla contra la ignorancia fallecieron 58 brigadistas, nueve asesinados por la contrarrevolución. En otra ocasión, recordó Cardenal, amenazaron a dos brigadistas y les dijeron que todos debían bajar de la montaña o los matarían, como muestra asesinaron a una de ellas.

Cuando el padre Cardenal bajaba en el helicóptero, para comunicarse con los brigadistas fue recibido por varios jóvenes que le gritaban: “Ni a balazos ni a patadas nos sacarán de la Cruzada”.

LA LECCIÓN

En 1980, Carlos Tünnermann y Miguel De Castilla, ministro y viceministro de Educación, respectivamente, tenían ya en sus manos el documento «Anteproyecto de la Campaña Nacional de Alfabetización en el marco del proceso de reconstrucción nacional en la República de Nicaragua», que habían escrito en julio de 1979 mientras se encontraban en Costa Rica, en el Consejo Superior Universitario de Centro América.

Este documento fue la base de la CNA, de él se partió para empezar con la tarea de organizar, buscar el financiamiento, capacitar y equipar a los brigadistas.

Tünnermann señala que «la experiencia que hay que sacar es que se debe seguir alfabetizando, porque no hay que dejar que la tasa de analfabetismo regrese al pasado».

Manifiesta que durante la CNA se demostró que si todo el país declara prioritario un propósito educativo, se logra.

UN SOLO PROPÓSITO

Para el ex viceministro de Educación de la época, Miguel De Castilla, lo que hay que aprender de esta “epopeya” es el ejemplo de unidad. “La búsqueda de forjar una sola voz, una sola intención, un solo propósito a raíz del tema de la educación nacional. Ante los indicadores que tiene Nicaragua frente a otros países, es un crimen la separación”.

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