Norma Domínguez
Aún bajo la mirada dudosa de muchos, Hugo Chávez Frías quedó reconfirmado al frente del Gobierno venezolano y son varias los interrogantes que ahora se abren.
Las inquietudes de la oposición respecto al referéndum revocatorio y sus bríos de protesta quedaron anestesiados cuando el ex mandatario estadounidense James Carter y el titular de la OEA, César Gaviria, desestimaron acciones fraudulentas e invitaron a “atender los resultados y trabajar juntos en el futuro”.
Chávez ganó y la oposición perdió, pues con lo que muchos se regocijan en llamar “una paliza electoral” vive su segundo peor momento (el primero fue cuando el golpe de 2002 y el fracaso de la figura de Pedro Carmona). Ahora, probablemente le lleve mucho tiempo consolidarse —o peor aún, mantenerse— luego de esta derrota. Si la estructura de la Coordinadora Democrática no había logrado generar en sus mejores momentos una figura lo suficientemente representativa como para aglutinar en ella a quienes estuvieran en desacuerdo con el gobierno de Chávez, difícil será que lo logre en el corto y mediano plazo después de este nuevo mal trago.
Tal vez ahí radique (y radicó en 2002) el error de la oposición. En haber creído que un grupo sin un representante fuerte sería suficiente para vencer a un líder cuya figura imantadora y populista tiene un peso difícil de contrarrestar.
Venezuela sigue y seguirá dividida por mucho tiempo. Y los odios políticos se harán sentir y tendrán como rehenes —como siempre— a los ciudadanos. Esos que fueron acarreados por uno y otro bando en interminables marchas del Sí y del No, y que si permanecen sometidos a estas disputas dejarán de creer en lo que hay y comenzarán a apostar y a generar o revivir fuerzas políticas que los representen más sanamente.
Difícilmente este triunfo moldee ni al oficialismo ni a la oposición. Difícilmente los bandos tengan la humildad política de sentarse a negociar una salida menos devastadora que la que viene primando. “La política es el arte de la negociación”, decía un pensador romano, pero ya sabemos: no se trata de Roma ni de pensadores. Y, hasta aquí, las pérdidas para el país y el impacto negativo en la calidad de vida de los venezolanos han calado profundo.
Pocas cosas se pueden arriesgar en los pronósticos:
—Sobre qué le espera al proyecto chavista luego de este triunfo rotundo, vale pensar que el estilo populista del Gobierno seguirá su rumbo, quizás hasta acentuado, y que las condiciones de apertura en la economía van a seguir demoradas, igual que la baja del desempleo y de la pobreza.
—En el plano internacional probablemente a quien más moleste este resultado del referéndum sea a Álvaro Uribe, Presidente de Colombia, ya que su proyecto de gobierno dista mucho del de su par venezolano, y las relaciones entre sus respectivos países vienen eclosionando desde hace tiempo.
—En cuanto a Estados Unidos, si bien es evidente que no ve con buenos ojos el triunfo de Chávez, lo cierto es que el mismo le ofrece a Washington estabilidad en el suministro de petróleo, algo que es bien recibido por la administración Bush —siempre que el país caribeño se mantenga estable—, dado que según cifras de la Casa Blanca, Venezuela envía al país del norte el 85 por ciento de sus exportaciones petroleras, las que representan entre 12 por ciento y 15 por ciento de las compras estadounidenses de crudo. Así que, por ahora, no hay que pensar ni a demócratas ni a republicanos desvelados por este resultado.
—En el sur de América, varios mandatarios (y aspirantes a serlo) podrán estar felices por el triunfo del proyecto nacionalista-populista de Hugo Chávez. Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez, Evo Morales y Lula (aunque el brasileño, por otros motivos), deben estar pensando a estas alturas que en el continente se fortalece un supuesto giro a la izquierda, que tiene mucho todavía de “supuesto”.
Hugo Chávez hizo muchas cosas buenas. Entre ellas —aunque sin pensar que lo haría transpirar de esta manera— incluir en la Constitución la cláusula que habilita a un Referéndum Revocatorio presidencial y que abrió una posibilidad no explorada en América Latina para la democracia representativa.
También, como buen líder populista, supo darle voz a las clases que durante décadas estuvieron marginadas y excluidas en una Venezuela de estilo oligárquico, que fluctuó entre gobiernos de facto y democracias corruptas.
Pero también equivocó varios caminos. El principal, quizás, dejarse perder por un estilo confrontativo y poco humilde que le impidió tender puentes para comunicarse con quienes tenían otras ideologías. Un detalle no menor que lo hizo tambalear ahora por segunda vez y que, aunque triunfó, puede seguir siendo un peligro latente para él.
La autora es periodista argentina.