Parricidio

Pedro Rafael Gutiérrez Doña Si el nivel de violencia que se vive en la sociedad nicaragüense se midiera mediante un termómetro, éste ya habría reventado. Los medios de comunicación nos dejan en la retina las imágenes crueles de hijos agrediendo a trompadas a su madre, “hombres” matando a su cónyuge, y lo más perverso de […]

Pedro Rafael Gutiérrez Doña

Si el nivel de violencia que se vive en la sociedad nicaragüense se midiera mediante un termómetro, éste ya habría reventado. Los medios de comunicación nos dejan en la retina las imágenes crueles de hijos agrediendo a trompadas a su madre, “hombres” matando a su cónyuge, y lo más perverso de las agresiones, padres matando a patadas a sus hijos.

Cómplice de esta violencia es la televisión, la que ayuna de una programación edificante, lleva a la pantalla nuevas formas de agresión importadas de nuestros vecinos. Pero las agresiones no terminan ahí, es fácil ver cómo se agreden también a los animales, tirándolos a lotes vacíos, abandonándolos en otras localidades, engañando a la sociedad abiertamente con el “deporte” de las peleas de gallos, caldo de cultivo para el vicio de las apuestas y crueldad a los animales.

Justin José Ramos Urbina, de cuatro meses de edad y vecino de Granada, fue la última víctima de los golpes y patadas propinados por su padre, porque éste no aguantaba el llanto del pequeño. A pocos kilómetros en Masaya, “el bebé de Erika” sufre trauma cráneo-encefálico, producto de los golpes dados por su madre en la cabeza y que lo llevaron también a la muerte.

La lista no termina ahí. La violencia desahogada en lo mas preciado de la sociedad no terminará, mientras el corazón del hombre no sea desarraigado el odio y las pasiones desenfrenadas, las que impulsan al parricidio, ocupando a diario las primeras planas de los periódicos.

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