Hípicos

Carlos Herrera El día siguiente del recién pasado primero de agosto, en los medios de comunicación se comentó que por fin hubo una fiesta hípica ordenada, tal vez porque la observaron desde una de las tarimas que diferencian a las personas adineradas de la gente del pueblo. Pero en mi opinión fue una falta de […]

Carlos Herrera

El día siguiente del recién pasado primero de agosto, en los medios de comunicación se comentó que por fin hubo una fiesta hípica ordenada, tal vez porque la observaron desde una de las tarimas que diferencian a las personas adineradas de la gente del pueblo.

Pero en mi opinión fue una falta de respeto para quienes no teníamos acceso a una tarima o un toldo. Lo único que pude apreciar fue que estábamos acorralados entre la cerca que estaba al filo de la acera y las personas que estaban en su toldo y que se tomaban el derecho de no dejar pasar a nadie.

Es incorrecto obstaculizar el paso de las personas de esta manera. Está bien que colocaran la cerca para que la hípica fuese ordenada, pero se debió permitir alguna manera de llegar al otro lado de la calle para no perder el derecho de circular libremente.

El problema de los toldos es más serio. Sus ocupantes decían que pagaron por ese espacio, pero nadie tiene el derecho de obstaculizar las aceras que están hechas para caminar. Espero que en la siguiente fiesta hípica la alcaldía mejore en estos aspectos, o por lo menos que publiquen un anuncio en el que se diga que la hípica es la fiesta de los ricos. Así no pierdo mi tiempo viendo cómo son los que tienen todas las comodidades para disfrutar el evento.

Estudiante universitario.

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