A pesar de los políticos y la corrupción

Adolfo Bonilla

En la década de los setenta Nicaragua iba levantándose a pesar del terremoto y de la dictadura dinástica-militar somocista. Ahora parece que la historia se repite, pues a pesar de los políticos y de la corrupción, por encima del sistema, Nicaragua nuevamente empieza a salir del hoyo que a algunos nos parecer tener la fuerza y la dimensión de un agujero negro del espacio exterior.

En el peor momento de la depresión económica de Estados Unidos, a principios de los años treinta, se construyó el edificio Empire State en Nueva York (el más alto del mundo por mucho tiempo). En ese tiempo la gente se preguntaba cómo era posible hacer eso si toda la economía nacional de ese país estaba en el suelo y la población estaba postrada. Pero precisamente ése era uno de los objetivos: enviarle un mensaje de esperanza al pueblo de esa nación del norte.

En la actualidad ya se perciben señales, se escuchan voces que nos inyectan ánimo, que nos indican que no todo está perdido, que podemos salir del largo y tenebroso túnel que hemos venido transitando por demasiado tiempo. La solución está aquí, ahora y entre nosotros. No la va a traer nadie de afuera. Tenemos que aprender a depender de nosotros mismos y a dar nuestra propia contribución.

Todavía somos parte de un mundo negativo, pesimista y desconfiado. Los ciudadanos actúan y reaccionan negativa y pesimistamente. Cuando salta alguien a la palestra se le descalifica y denigra, se le ofende y se le buscan el lado flaco y los errores. Es raro que se le encuentren aciertos o potencialidades. No obstante, si se cambia de actitud y mentalidad, veremos que en Nicaragua existen muchas personas y grupos que están haciendo patria, que aportan desde su propia posición, que sin mucha alharaca dan su contribución en diversas esferas de actividades y ocupaciones (negocios, industrias, música, artes, deportes, etc.)

Ya es hora de asumir una actitud positiva, optimista, y dedicarnos a trabajar. Tenemos que infundirnos esperanza, con fe y confianza en nosotros mismos, en el futuro de Nicaragua, por encima de los “caudillos”, más allá de los políticos, sobreponiéndonos a los rencores, a resentimientos y sentimientos de venganza, a pesar de todo y por encima de todos, puesto que nadie nos va a sacar del abismo.

No es tan difícil como podría parecer porque nuestras adversidades son relativamente nimias. No alimentamos conflictos milenarios. Nuestros pleitos internos son casi artificiales, puesto que ya ni existen las enconadas diferencias ideológicas (por lo menos en apariencia) porque muchos políticos se convierten en tránsfugas con suma facilidad, lo cual demuestra que no albergaban sentimientos muy hondos ni convicciones muy arraigadas. Lo que se necesita es sincerarnos en beneficio de la Patria. Para los jóvenes debe ser aún más fácil estar conscientes de que somos nosotros mismos los responsables de salvarnos a nosotros mismos.

Como dice el himno de los trabajadores latinoamericanos que se cantaba en los años setenta: “Sólo el pueblo salva al pueblo”.

El autor es periodista.

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