Guardianes de los Cayos Miskitos

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Roberto Orozco B. y Walter Treminio

Roman, Times, serif»>
Guardianes de los Cayos Miskitos


Roberto Orozco B. y Walter Treminio




CAYOS MISKITOS, RAAN.- 3:35 p.m.: Luego de casi cinco horas de navegación, por fin llegamos a los Cayos Miskitos, con la columna partida y con las nalgas achatadas por los golpes que las olas del mar asestaban con sus enormes puños de agua a la panga en que viajamos, la cual se desplazaba a unos 20 nudos con un pequeño motor de 40 caballos de fuerza.

Habíamos salido de Puerto Cabezas a las 10:30 a.m. para ver cómo cumplen su labor los miembros de la Fuerza Naval aquí, donde el Ejército de Nicaragua planea instalar un radar para detectar los movimientos de los narcotraficantes internacionales y coordinar mejor su captura y decomiso de la droga que intentan llevar a Estados Unidos.

Éste es un mundo completamente distinto al de Managua y otras regiones del país: decenas de millas alrededor de la base naval no hay nada más que agua y los manglares donde los Cayos se levantan, cuyo fondo fangoso sirve de base para una vegetación impenetrable e inhóspita para el hombre. No hay donde caminar ni hacer prácticas o ejercicios, más que en el puesto militar ubicado en el cayo mayor. Éste está asentado sobre unos 24 pilares de madera que a presión se enterraron en el lecho marino para edificarlo e inaugurarlo el primero de junio del 2001.

El teniente de navío Andrés Rodríguez nos recibió. Sabía que un equipo de LA PRENSA llegaría porque el viaje hasta los Cayos se había coordinado con la Capitanía de Puerto Cabezas, y de inmediato nos atendió y nos expuso la situación local, lo cual nos mantuvo con expectativa, debido a que una patrulla naval había salido días atrás para efectuar vigilancia y operativos sobre la zona. “A lo mejor, pronto ocurre una operación antinarcóticos de envergadura”, pensábamos.

PROHIBIDO EL LICOR

3:50 p.m.: Una panga se acercó y de inmediato el jefe de la base naval ordena su registro. “Esto es lo que hacemos comúnmente. Las pangas que salen hacia el mar o vienen de Puerto (Cabezas) deben pasar por aquí reportándose porque le damos un zarpe y miramos si traen licor, vino o drogas como marihuana y piedras de crack, porque todo eso está prohibido”, explica Rodríguez.

El licor se prohíbe en los Cayos Miskitos y sus alrededores porque los buzos, influenciados por el alcohol, se introducen a profundidades más allá de sus capacidades y se lesionan. “Además agarran las pangas y las navegan a todo motor. Esto puede ocasionar accidentes”, dice.

Con las pangas que no se reportan, si la patrulla de la Fuerza Naval confirma que navegan sin zarpe son retenidas y se les obliga a devolverse a Puerto Cabezas.

4:15 p.m.: Los marineros militares reportan nuestra llegada a Puerto Cabezas y a Managua, directamente con el coronel Juan Santiago Estrada, jefe de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua.

LA BARRA PARA CENAR

La tarde se diluyó en varias actividades, entre ellas la visita al wihta (juez) de la comunidad de los Cayos Miskitos, Hillman Salmerón, para poder tomar fotos a los comunitarios, pues aquí uno es considerado un “extranjero” y para que no haya problemas se debe pedir autorización del wihta.

6:00 p.m.: Llegó la hora de cenar. El jefe del puesto llama, pero para poder comer los soldados deben hacer cinco barras (flexiones con los brazos con una barra metálica). De suerte no nos tocó a nosotros hacerlo, sobre todo por el contraste de peso que tenemos en comparación con los marinos militares.

La cena consistió en arroz, huevos con tomate, frijoles y una avena. “Más tarde, nosotros hacemos un consomé de mariscos, el cual vamos a compartir con ustedes. ¿Qué les parece si lo hacemos de pescado, langosta y tortuga?”, preguntó Rodríguez. La interrogación estaba de más.

Llegó la noche. Mientras los miembros de la Naval se comunicaban por radio con la patrulla en el mar y con sus puestos de mando superiores, nos preparábamos para descansar. Una hermosa luna llena alumbraba con gran claridad. Sobre el mar había un sendero luminoso que se perdía en el horizonte, mientras que toda la zona se llenaba de una luz azul transparente, en un entorno mágico.

LABOR DE POLICÍAS

El teniente de navío Rodríguez pudo departir con nosotros y fue hasta entonces que nos dimos cuenta que además de la labor de vigilancia contra el narcotráfico, los miembros de la Naval hacen también una labor de custodia del orden interno.

“Cuidamos hasta los bienes de las personas aquí. Cada cierto tiempo un vigilante sube a la torre a observar con los binoculares. El 13 de julio capturamos a Reinaldo Willis Benítez, quien bajo los efectos del licor nadó un gran trecho como a las dos de la madrugada, para robar 50 libras de langosta en el acopio de Rodolfo Watson y su esposa Ada López Brian”, comentó Rodríguez.

“De noche es peligroso nadar, pues hay barracudas y tiburones. Aquí, debajo de nuestra base, venía a dormir un tiburón. Pero a este sujeto no le importó, venía nadando con las 50 libras de langostas y cuando lo subimos a nuestro puesto, no podía ponerse de pie. Nos contó una historia fantástica. Al día siguiente, vinieron los afectados a poner la denuncia sin saber que nosotros teníamos su producto, cuando les dijimos y les entregamos las langostas, el agradecimiento fue tal que la señora hasta lloró”, comento Rodríguez.

El día cerró sin una operación antidrogas de envergadura. No siempre los narcos operan en aguas territoriales de Nicaragua. A las 10:00 p.m. llegó el consomé prometido, con el cual se lució Víctor Jirón, uno de los marinos destacados aquí y quien cocina para la tropa.

UN NUEVO DÍA

5:30 a.m.: Se tocó la diana y los marinos se dispusieron a hacer el matutino (ejercicios). Movimientos de cuello, pechadas, cuclillas y más barras. Luego a nadar. Siempre hacen competencias de nado por las mañanas.

7:00 a.m.: Desayuno. Uno de los soldados fue a sacar su uniforme que hace dos días tenía en la “lavadora”: un mecate al cual amarran la ropa y la tiran al mar. El vaivén de éste se encarga de sacar la suciedad.

Más pangas llegan a pedir zarpes para dirigirse a la pesca de la langosta. Así pasó la mañana. Casi al mediodía debimos dejar la base naval de los Cayos Miskitos para dirigirnos a los Cayos Mara y, luego, a Puerto Cabezas.

Los narcotraficantes no mostraron actividad esa noche. Mientras tanto la vigilancia de los marinos militares destacados en el puesto naval de los Cayos Miskitos continúa para garantizar la seguridad de la zona.

Un grupo de militares, miembros de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua, desempeña la labor de vigilancia contra el narcotráfico, y además custodia el orden interno en la reserva natural, situada en la Costa Caribe del país. Un equipo de LA PRENSA estuvo durante 24 horas de vigilancia en los Cayos Miskitos

El ejercicio físico es parte esencial de los elementos de la Fuerza Naval ubicados en la base que la Marina de Nicaragua tiene en los Cayos Miskitos.

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