Por su vocación de servicio los enfermos la ven como un “ángel de la guarda”.

Marling Mejía,el ángel de Siuna

Esta ejemplar enfermera atiende,sin horario ni temor al contagio,a los pacientes afectados por leishmaniosis y tuberculosis enese municipio caribeño Heberto Jarquín M.Corresponsal/ Triángulo Minero “La enfermería no es un oficio sino un apostolado”, ése es el criterio de doña Marling Antonia Mejía Salmerón, originaria de Siuna, Región Autónoma del Atlántico Norte, quien ha dedicado 13 […]

  • Esta ejemplar enfermera atiende,sin horario ni temor al contagio,a los pacientes afectados por leishmaniosis y tuberculosis enese municipio caribeño

Heberto Jarquín M.Corresponsal/ Triángulo Minero

“La enfermería no es un oficio sino un apostolado”, ése es el criterio de doña Marling Antonia Mejía Salmerón, originaria de Siuna, Región Autónoma del Atlántico Norte, quien ha dedicado 13 de sus 60 años a asistir a los enfermos de la zona.

Ella es la encargada de atender a los pacientes que llegan al centro de salud Carlos Centeno, de Siuna, en busca de tratamiento para la leishmaniosis, una enfermedad de mucha incidencia en el trópico húmedo que es llamada por los aldeanos de la zona como “lepra de montaña”.

“La mayoría de los pacientes de la leishmaniosis son niños que generalmente llegan al centro de salud con llagas en todo el cuerpo por el avance de la enfermedad y por la falta de higiene. Una vez que están en mis manos les suministro glucantine, una inyección que sirve para tratar el mal y les limpio las heridas para evitar que aparezcan infecciones”, explica esta digna discípula de Florencia Nightingale, paradigma de las enfermeras.

TAMBIÉN ASISTE A TUBERCULOSOS

“Por su disposición al trabajo y la atención de los enfermos se ha ganado el cariño de los pacientes y compañeros de trabajo”, comentó su amiga Juana Ramírez Manzanares.

La sala de programa de atención a los tuberculosos del centro de salud de Siuna colinda con la de leishmaniosis y doña Marling aprovecha cualquier oportunidad que se le presenta para cruzarse a darle aliento a las personas que convalecen por esta enfermedad pulmonar.

Anselmo Mendoza Flores es un campesino de la remota comarca de Sangsangwas, municipio de Rosita, quien ha sufrido los efectos de la tuberculosis y dice que “no conozco personalmente a doña Marling Mejía, pero un amigo mío que padece del mismo mal me contó que es un alivio recibir sus cuidados”.

“Mi amigo fue atendido por esa enfermera y me dijo que ella se le acercaba sin mostrar temor de contagiarse y lo alentaba para sobrellevar y vencer la tuberculosis”, añadió Mendoza.

PRUEBA DE FUEGO

El 27 de septiembre de 1997, Marling Mejía se dirigía a lomo de mula rumbo a la comarca de San Marcos de Lisawe junto a una brigada médica, cuando inesperadamente se encabritó la bestia tirándola por el aire.

“Al salir de Siuna con la misión de vacunar a los niños de esa aldea lejana, no imaginé que iba a sufrir ese horrible accidente que me dejó postrada durante un año”, refiere le enfermera, conmovida por los recuerdos.

En ese accidente la enfermera resultó con una fractura en la rodilla izquierda, lesión en la nariz y golpes en todo el cuerpo. “La ayuda y comprensión de mis amigos y compañeros de trabajo me sirvió para superar el trauma; jamás olvidaré la solidaridad y el apoyo de la administradora del Minsa en Siuna, Rosa Marchena, gracias a ella logré que me operaran, siete meses después”, comentó emocionada.

Agrega que “perdí parte de las facultades de mi rodilla pero no la disposición de servirle al prójimo”.

“Doña Marling Mejía es una enfermera de tiempo completo, cuando se encuentra en su casa no descansa porque hasta allí llegan los lugareños que necesitan inyectarse o curarse una herida. Ella los atiende sin preguntarles si tienen dinero para pagar sus servicios”, señaló un vecino que pidió omitir su nombre.

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