Arlen Pérez
El alimento escolar de miles de niños beneficiados por el PMA recorre varios kilómetros antes de llegar a la boca de los pequeños
Al preguntarle a los niños de dónde viene el alimento que comen los días que van a clase, éstos responden “no sé”, “yo sé que está rico”, aunque uno más acertado indica: “Viene del MECD (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes)”.
Estos alimentos hacen un recorrido largo antes de llegar a las manos y boquitas de esos niños. Tienen que pasar por una serie de controles, todo para garantizar que los pequeños los reciban y en buenas condiciones.
El recorrido comienza en Roma, donde el Programa Mundial de Alimentación (PMA), inicia las gestiones con los países que tienen sobreproducción de alimentos y quieren donarlos para favorecer a otros países necesitados.
Con la comida que trae PMA se benefician en Nicaragua más de 325 mil niños que reciben raciones de “alimento seco” en las escuelas. Cada año ese organismo hacen cuatro entregas, dos por semestre, cada una para la alimentación de 45 días.
Durante el 2003 el monto de cada entrega fue de 2.7 millones de dólares, equivalentes a siete mil 540 toneladas de alimentos. En ese año el aporte del PMA al Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), del MECD, fue de 41 millones 960 mil córdobas.
DONANTES PENDIENTES
Cuando se pierden alimentos, Nicaragua tiene cómo recuperarlos y llevarlos a los niños. El PMA mantiene informados a los más de 25 países donantes y si el donante considera que el alimento no está llegando a su destinatario final, puede suspender la ayuda.
“La alimentación llega a Nicaragua por el Puerto de Corinto y el Ministerio de Agricultura ve las condiciones en que llega el producto, verificando si no se dañó en el trayecto”, explicó Judy Chacón, directora nacional del PINE, del MECD.
Los alimentos pasan a las bodegas del PMA en Corinto, donde los cuidan de las plagas. “La revisión debe de ser constante, la plaga no conoce de política, ni del tiempo, ni nada, no descansa”, dice Alejandro Romero, un hombre que lleva años en el negocio del control de plagas.
CONTROL NUTRICIONAL
Otro control lo hace una nutricionista que al azar toma alimentos y los lleva a los laboratorios del Ministerio de Salud. “Para que este producto llegue al niño tenemos que estar seguros que está en condiciones óptimas para su distribución”, justifica Chacón.
Luego, camiones o “rastras” llevan los sacos a las bodegas departamentales del MECD. Los conductores son responsables de las pérdidas que ocurran en el trayecto y les pagan por el servicio hasta que presentan los recibos de cada entrega, a veces después de una semana.
Lo almacenado está bajo seguros. “Lo que tenemos son muchos millones de dólares en alimentos, si eso se nos destruye por una inundación, incendio, terremoto, o cualquier catástrofe, estamos garantizando que podemos reponer ese alimento”, afirmó Chacón.
La directora de la escuela Puertas Viejas, en Ciudad Darío, Mary Yesenia Treminio, dice que allí reciben comida para los alumnos de 14 escuelas. “Ya viene destinada la cantidad de alimentos para cada una, recibimos cereal, aceite, arroz, frijoles y maíz; el cálculo se saca dependiendo de la matrícula, los niños consumen 145 gramos por día”, explicó.
Los encargados de la cocina de estos alimentos son los padres de familia. “Hoy nos tocó a cuatro mamás, una cocinó el arroz y los frijoles, otra hizo el cereal y la otra las tortillas”, relató Magdalena Morán, cuyo hijo está en segundo grado en la escuela Puertas Viejas.
En la escuela de Las Calabazas, en Ciudad Darío, la niña de 12 años María Isabel Artola, contó: “Hoy comimos frijoles, tortilla y cereal. Del alimento no sé de dónde viene, sólo que está muy rico y que hoy cocinó Victoria Gómez, la mamá de una compañera”.
PÉRDIDAS ESPORÁDICAS
Las pérdidas de alimentos son pocas. Según los datos del PINE, las más graves se deben a robos en las escuelas que no son puntos de entrega, porque no cuentan con recursos para contratar un cuidador. Allí se pierde uno que otro saco de alimento.
También hay pérdidas por contaminación, por la lluvia o almacenamiento deficiente en las escuelas que carecen de una bodega.
Las pérdidas más grandes que ha tenido el PINE fueron ocasionadas por un incendio en las bodegas de León, en enero del 2002, donde se quemó todo el alimento de una de las entregas. Otra pérdida se debió al accidente de uno de los camiones, pero fue pagada por el transportista.
PROBLEMAS
Humberto Cornejo, encargado del programa de nutrición escolar en las escuelas de Ciudad Darío y Sébaco, en total 126 centros, dice que “los problemas más comunes son que los padres de familia no quieran participar, la pobreza de las comunidades, y las personas que vienen de largo y se les dificulta traer el alimento, llevarlo, cocinarlo y regresar con él a la escuela”.