Sólo falta una semana para que Mike Tyson vuelva al boxeo. Será el 30 de julio, en Louisville, ante el británico Danny Williams. Y lo cierto es que muchos creen que se está acercando el final de la carrera del hombre que, a mediados de los ochenta, se coronó como el campeón mundial pesado más joven de la historia y un candidato firme a inscribir su nombre entre los mejores de la historia. Hoy está lejos de eso, pero su entrenador Ken Roach sostiene que Tyson está en condiciones de ser uno de los mejores boxeadores del mundo: “Estoy convencido de que Mike todavía puede ser campeón del mundo. Aún tiene la pegada y la velocidad para convertirse en uno de los mejores pesos pesados del mundo. Estamos trabajando para que utilice mejor la táctica y que no se exponga inútilmente. Pero si lo hace, luego será muy probable que pueda definir la pelea por KO. Todos desearíamos que tuviera 20 años otra vez, pero eso no sucederá. El está al 50% de lo que fue alguna vez, pero aún así le alcanza para ser campeón”.
Fuera de este tipo de declaraciones públicas inevitables antes de todo gran combate, se sabe que en el entorno de Iron Mike reina la preocupación. Tyson no sólo debe ganar este próximo viernes para seguir teniendo chances de llegar a pelear por el título del mundo, sino además para que no se desmorone su plan de hacer siete peleas en dos años para pagar todas sus deudas y reacomodar su economía. Una pelea es posible, siete pueden ser demasiadas.
Mientras tanto, Williams ha dejado claro que no aceptará conformarse con un papel de simple partenaire. «No vengo a dejarme caer. Muchos boxeadores hacen eso cuando pelean ante Tyson. Si me van a noquear, que lo hagan, pero no voy a dejarme caer debido a su reputación. Yo no soy un cobarde ni un tonto que acepta perder a cambio de un puñado de dólares. Yo no sé cuántos de los rivales de Tyson han actuado así, yo no estoy acusando a nadie en particular. Simplemente digo que no esperen eso de mí de ningún modo».