Las turbas fueron utilizadas por los sandinistas para atemorizar a sus opositores y crear inestabilidad en la clase media de Nicaragua, asegura el estudioso Ternot MacRenato.

“A palos sacaron a la clase media de Nicaragua”

Es nicaragüense y veterano profesor de historia del San Diego City College, en California. Un día de 1978 hizo a un lado los libros y empacó sus viejos uniformes del Ejército de Estados Unidos para meterse en la aventura de la guerrilla sandinista, en el “Frente Sur” de Nicaragua. Veinticinco años después piensa que el […]

  • Es nicaragüense y veterano profesor de historia del San Diego City College, en California. Un día de 1978 hizo a un lado los libros y empacó sus viejos uniformes del Ejército de Estados Unidos para meterse en la aventura de la guerrilla sandinista, en el “Frente Sur” de Nicaragua. Veinticinco años después piensa que el FSLN instauró en los años ochenta “una dictadura de turbas”, más torpe que la de Somoza

Douglas Carcache

SAN DIEGO, CALIFORNIA.- Es el autor del libro Somoza seizure of power 1926-1939 (La toma del poder de Somoza), que es la tesis con que obtuvo su doctorado en historia en la Universidad de California en San Diego (UCSD).

Ternot MacRenato vive en Chula Vista, una pequeña ciudad del sur de California, cerca de la frontera con México, por donde pasan cada día más de 50 mil personas que van del territorio mexicano de Tijuana hacia poblaciones estadounidenses. Él también recorre diario unos 30 kilómetros para llegar a San Diego City College, donde imparte clases desde hace 33 años.

Cuando uno conversa con este hombre sesentón, de hablar suave y gestos comedidos, percibe su entusiasmo por el magisterio; pero cuesta imaginarlo lanzándose en un paracaídas en Vietnam o combatiendo en una columna guerrillera en las colinas del sur de Nicaragua, donde estuvo hace dos décadas y media.

Comenta como historiador y nicaragüense, los rasgos sobresalientes de las dictaduras somocista y sandinista.

¿Qué le ha enseñado la historia de Nicaragua?

Que la cultura nicaragüense es muy anárquica y sólo se presta a la mano dura, no sabe funcionar porque la gente no respeta autoridad. Lo que yo aprendí con el estudio sobre Somoza García fue que él era un genio, en el sentido de que era muy guatuzero, se llevaba bien con todo el mundo; sabía congraciarse con todo el mundo, con gringos y con nicaragüenses. Lo que le resienten los políticos a Somoza García, en su época, es que fue más listo que los otros, pero no eran menos deshonestos, todos lo hubieran hecho pero no eran tan maquiavélicos… Somoza manipulaba a los gringos mucho más que los gringos a él. Les decía “ahí vienen los comunistas” y los gringos saltaban y le daban lo que él quería; les dio a entender que él iba a imponer el orden, que en realidad nunca había existido en Nicaragua desde los tiempos de Zelaya.

Después de la Segunda Guerra Mundial (1945) empieza la guerra fría. Eso fue una bendición para Somoza, porque los gringos se ponen súper hipertensos… Somoza no es comunista, no es anticomunista, Somoza no es nada, es un aprovechado. Él sabe lo que los gringos quieren oír; “ahí vienen los comunistas”, les decía y el montón de reales le caía.

Los sandinistas botaron a Somoza Debayle con ayuda de Estados Unidos, de Jimmy Carter. ¿Por qué perdieron ese apoyo?

¿Sabés lo que me dijo Luis Carrión (Cruz) el año pasado? “El error más grande que hicimos nosotros (el Frente Sandinista) fue declararle la guerra a los Estados Unidos”. Yo le dije, mirá, yo oigo a la gente hablando y ahora cada vez que Tomás Borge abre la boca se va otro más que apoyaba la revolución.

¿Cómo se enroló usted en la guerrilla sandinista?

Yo vivía aquí en San Diego y daba clases aquí mismo. Lo que pasó es que estaba haciendo mis investigaciones para el libro sobre Somoza García y llegaba a Nicaragua; hice muchos contactos. Me acuerdo que en 78 en Costa Rica me encuentro con Carlos Tunermann, llegué a la universidad donde él trabajaba y lo llegué a conocer. Conocí a Sergio Ramírez, que vino a Los Ángeles a dar una conferencia. Aquí en San Diego organizamos un comité de apoyo, recaudábamos dinero y lo mandábamos para allá; entonces, cuando empieza la guerra, yo dije me voy a ir a meter. Le dije a Carlos, mirá, yo quiero ir allá. Entonces recojo todos mis uniformes de la infantería de Marina y me voy para allá (Costa Rica).

¿Y después de la guerra, cuánto se quedó en Nicaragua?

Como ocho meses. Estuve allí en el Ministerio de Defensa y hacía lo que podía. Me di cuenta sí que habían argollitas, todo el mundo llegaba… Eran unas ansias de empleo y de poder. ‘Empleomanía’ se llama en la historia de América Latina. Siempre ha existido porque las economías nunca han dado suficiente trabajo para la mano de obra que existe. Eso yo no lo conocía bien, nunca lo había vivido porque había vivido aquí (EE.UU.) toda mi vida económica.

¿Por qué se quedó?

Por un idealismo. Yo estaba allí todo fascinado, ya estaba soñando; y me voy dando cuenta de la realidad, de esta gente peleando por los huesitos; los celos y las envidias. Por lo menos no tenía enemigos, porque nadie me conocía, pero yo veía las grandes enemistades… Mentalmente ellos (sandinistas) estaban divididos.

¿Por qué cree que el Frente fue el culpable de la guerra de los ochenta?

Ellos llegaron y me fijé que en todos los pueblos había turbas. Se iban, agarraban a un ciudadano y le hacían la vida imposible. Muchos de estos abusos no tenían nada que ver con la política, eran rencillas de barrio… Lo primero que tenés que hacer después de la guerra es imponer el orden. ¿Pero qué vi yo…? Un desorden arrecho, era un gobierno de turbas, con muchas injusticias. Por cada pecador morían diez inocentes. ¿Por qué peleamos esa guerra (del 79)? Por la falta de justicia, el abuso de poder de Somoza; y estaba sucediendo la misma cosa, en vez de ser Somoza eran las turbas. Era una política incitar a las turbas, para intimidar a cualquier oposición.

¿No hizo nada el Frente por poner orden?

No. Creo que estaban actuando adrede, no había ningún interés en establecer la democracia. Era una dictadura torpe. Creo que la dictadura de Somoza tenía más sentido, porque había orden y había comercio.

¿Recuerda una consecuencia grave para el país?

Poco a poco la clase media se fue asustando y se fue yendo. Se iban porque se sentían amedrentados, humillados, amenazados. (Los sandinistas) incitaron la violencia entre clases sociales. Una amiga mía de aquí, que sacó su doctorado conmigo, ella es gringa, me dijo: “Ningún país, ninguna economía puede sobrevivir sin la clase media”. Entonces, la clase media se le fue a Nicaragua y el país quedó en el aire. En vez de buscar cómo atraer a la gente, mimar a la clase media, los humillaban. A palos sacaron a la clase media de Nicaragua.

EL APELLIDO

Ternot MacRenato llegó a vivir a Estados Unidos en 1957, a los 14 años. El apellido se lo inventó su papá, Renato Bermúdez, a quien recuerda como “un tipo raro” que en los años 30 se alistó en la Guardia Nacional.

“Cuando me fue a bautizar me cambió el nombre”, relata. “Puso Mac hijo de Renato”. El nombre Ternot lo copiaron de una revista, según le contó su mamá, Leonor Mendieta.

MacRenato estuvo en la guerra de Vietnam, en una fuerza de reconocimiento del Ejército de Estados Unidos, en la que operó como paracaidista.

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