Jorge J. Cuadra V.*
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Veinticinco años después, resulta que nada fue cierto
Jorge J. Cuadra V.*
Resulta cansón y una total pérdida de tiempo hablar de las relaciones tormentosas del FSLN en el poder con la Iglesia Católica. Eso lo sabe toda Nicaragua. Lo sorprendente es que veinticinco años después haya personas que sufrieron esa persecución y que por razones de interés personal o por agradecimientos del mismo orden, traten de disfrazar la persecución de que fue objeto la Iglesia Católica en la década de los ochenta.
¿De qué manera se podría llamar a ese vuelco espectacular que está dando el jefe de la Iglesia Católica, al punto de bendecir con una misa concelebrada el 25 aniversario de lo que en su época fue el principal verdugo de la misma? ¿Qué piensan los miles de nicaragüenses, que tenían al jefe de la Iglesia Católica como el máximo defensor de la fe cristiana ante el avance del marxismo ateo y ahora resulta que sale con una misa de acción de gracias en conmemoración del 25 aniversario de la llegada al poder de quien él llamaba, en aquel entonces, el anticristo nacional?
Esa misa es escandalosa desde el punto de vista que se le quiera ver, porque es la negación de la famosa noche oscura de la que hizo énfasis Juan Pablo II en su primera visita a Nicaragua; porque es la negación del irrespeto del que fue víctima Su Santidad de parte de una claque plañidera que le exigía una oración por los caídos en la guerra con la contrarrevolución, en un claro deseo de politizar la santa misa; porque es negar el martirio a que fue sometido el sacerdote Bismarck Carballo ante las cámaras de televisión, producto de una conspiración diabólica que contó con la participación de la Mata Hari nicaragüense de ese entonces, hoy madre adolorida por el juicio que se le sigue a su hijo por desertor de un ejército famoso; porque sería negar la expulsión violenta del país, que sufrió monseñor Pablo Vega, Obispo de la diócesis de Chontales, quien fue prácticamente abandonado en la frontera con Honduras por una patrulla al mando de un oficial que con el tiempo llegó a ser jefe nacional de la Policía Nacional.
Ahora resulta, según el decir de un venerable y orondo monseñor, que “la revolución tuvo claros y oscuros, aunque no les guste a ciertas gentes”, por un lado; y por el otro lado otro monseñor que me recuerda la figura lánguida del desgarbado Don Quijote, quien dijo que “ni la revolución sandinista había perseguido tanto a la Iglesia, como el actual gobierno”.
Qué conveniente que se fijen hasta ahora en esos hechos. Quizás tenga que ver mucho en ese descubrimiento el que el jefe máximo del FSLN tuvo en sus manos la libertad y el prestigio de un conocido personaje de uno de los poderes del Estado, directamente ligado a las altas esferas de la jerarquía católica, y que como un favor especial a ésta dio la orden de que no lo tocaran y de que lo re-eligieran en el cargo con los votos del FSLN, para conservar así la famosa inmunidad que lo libra de la posible encarcelación por regalar dinero que le pertenece al Estado. La situación de la jerarquía católica es decepcionante, porque prueba hasta dónde pueden llegar los intereses terrenales de algunos de sus miembros, los cuales hacen cambiar los lineamientos de la institución para confusión y escándalo de los feligreses.
¿Quiénes van a llegar a esa misa? ¿Acaso estará presente el presidente de los injustamente confiscados por la hoy bendecida revolución sandinista? ¿Acaso estará concelebrando el capellán y protector de los exiliados por esa revolución, que vivían en Miami? ¿Estarán presentes los familiares del fallecido comandante en jefe de la contrarrevolución, supuesto líder de las tropas que defendían la permanencia de la fe cristiana en Nicaragua?
Yo creo que no. Los que estarán en primera fila serán los antiguos verdugos de la Iglesia Católica, hoy fieles aliados de la misma. Me pregunto si en esa misa se va a dar la comunión. Me pregunto quiénes se adelantarán y arrodillarán a recibirla. Me pregunto si Su Eminencia en persona les pondrá en sus bocas la sagrada hostia.
En las declaraciones de monseñor Hombach, obispo de Granada, publicadas en LA PRENSA del domingo 27 de junio, al ser preguntado si le gustaría sustituir al cardenal Obando contestó: “Yo soy de la idea que el arzobispo de Managua debe ser un obispo que haya nacido en Nicaragua”. ¡Qué lástima!
* El autor es analista político