- Tal como los terremotos, maremotos, erupciones volcánicas y huracanes, los deslizamientos de tierra representan una amenaza natural permanente para Nicaragua. Siempre estuvieron ahí, pero sólo después del huracán Mitch se tomó conciencia de esto, hasta revivir con el cerro Musún
Wilder Pérez R.
Hasta hace pocas semanas, los habitantes del norte del país se sentían a salvo de las amenazas naturales comunes en Nicaragua: terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, huracanes e inundaciones. Lo que no sabían era que, viviendo entre tantos cerros, la tierra se les puede venir encima, la “nueva” amenaza son los deslizamientos.
Según los datos del Sistema Nicaragüense de Prevención, Mitigación y Atención de Desastes (Sinapred), en el país existen 708,190 personas viviendo en 491 puntos críticos en todo el territorio nacional.
Pero quizás lo más grave del asunto es que se trata de una cifra mínima, porque no hay un estudio profundo sobre el tema de los movimientos de laderas, como también se le conoce a los deslizamientos de tierra.
Mientras el Sinapred cataloga al Kilambé, Saslaya, Los Martínez y las Sierras de Managua como puntos vulnerables, el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), no los incluye por dos razones, pocos estudios geológicos, o porque se necesita un factor desencadenante externo para que sean peligrosos.
Si bien los estudios sistemáticos sobre posibles deslizamientos en Nicaragua iniciaron a raíz del desastre del volcán Casita, que mató a unas dos mil personas, hasta ahora sólo se avanzaba en la cadena volcánica, donde hay mayores probabilidades de que el hecho se repita.
Según Claudio Gutiérrez, director del Ineter, la parte norte de Chinandega y el centro-norte del país, tienen altas probabilidades de deslizamientos, aunque aclara que esto no quiere decir que mañana habrá uno.
“Se trata de procesos geológicos naturales, las laderas buscan su punto de equilibrio por acción de la gravedad, es una amenaza más que tiene el país”, señala Gutiérrez.
No obstante, el problema de esta amenaza, podría depender más de la población que de la naturaleza, porque se puede evitar si se toma en cuenta que las laderas sólo son consideradas vulnerables si existen humanos viviendo en ellas o al pie de las mismas.
EN CIERNES
Después de lo del Musún, no pocas personas se han preguntado cómo es que no se advirtió el desastre. Gutiérrez explica que el sitio nunca había sido estudiado, y que será hasta fines de julio cuando se entregue un estudio básico de todas las laderas del país, pero que aún faltarán las investigaciones geológicas.
Pero aún cuando estos diagnósticos estuvieran completos, Cristóbal “Tito” Sequeira, director del Sinapred, acepta que la población apenas está aprendiendo a prepararse para un desastre.
Si bien ya existen las Brigadas Integrales en 130 de los 152 municipios de Nicaragua, éstas apenas iniciaron una primera etapa, por lo que su acción apenas sería básica mientras llegan la Defensa Civil, los Bomberos y la Cruz Roja.
“El problema es que ya el 11 de enero vienen otras autoridades a manejar los municipios, vamos a empezar de cero nuevamente con los Comités de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres, ese es el precio de la democracia”, lamenta Sequeira.
Pero su preocupación va más allá. Muchos deslizamientos se dan porque los cerros se saturan de agua. “Gastamos más de 800 mil córdobas en una semana con lo del Musún, más un millón en la campaña de quemas de bosques, viene una canícula, pero en agosto vuelve a llover, no lo soportaríamos”, advierte.
Además de la falta de recursos económicos, el problema está en que Nicaragua sólo tiene un año de prepararse frente a desastres, en especial de los deslizamientos de tierra, que según explica Claudio Gutiérrez, “se necesita más que árboles para evitarlos; son procesos geológicos que siempre han existido, si se presentan las condiciones, las raíces no podrían soportar por mucho tiempo”.
Por lo pronto, la recomendación es deshabitar los sitios de peligro y edificar las infraestructuras después que el Ineter haya dado el visto bueno en el terreno.
TIPOS Y FACTORES DE DESLIZAMIENTOS
Según el libro Amenazas Naturales de Nicaragua, los deslizamientos o movimientos de laderas están entre los procesos geológicos más comunes de la superficie terrestre.
Éstos son inevitables y ocurren por el debilitamiento progresivo de los materiales y el efecto de la gravedad, pero pueden ser inducidos por la misma naturaleza o por el hombre.
En el país existen cinco tipos de deslizamientos: el de tipo rotacional complejo; el superficial; el desprendimiento o caídas de bloques; el flujo de lodo; y el flujo de derrubios.
El primero provoca que el suelo parezca un conjunto de gradas arqueadas, profundas y anchas. El segundo aparenta gradas sencillas y es superficial. El tercero es el desprendimiento de rocas o bloques de tierra. El cuarto parece una pasta que avanza por las concavidades que encuentra. El quinto son porciones de material de los lugares más elevados, que caen y se acumulan en las laderas o al pie del cerro.
Los factores se dividen en condicionantes y desencadenantes. Los primeros tienen que ver con la naturaleza, la composición, estructura y forma del terreno. Los segundos son los factores externos que provocan la inestabilidad.
Condicionantes: relieve, litología (rocas), estructura geológica, propiedades físicas, comportamiento hidrogeológico (presión del agua en la tierra) y propiedades geomecánicas.
Desencadenantes: aporte de agua, movimientos sísmicos naturales o inducidos, cambio de condiciones hidrogeológicas, factores climáticos, variaciones en el ángulo del desnivel, erosión o socavación del pie, acciones del hombre.
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