Terrorismo y peligrosa autocomplacencia

Alberto L. Alemán Aguirre En Nicaragua acabamos de ver un nuevo, triste ejemplo de que nuestras autoridades no tienen visión, noción ni previsión de algo que está más allá de sus narices. El reciente anuncio del ministro de Seguridad de Honduras, Oscar Alvarez, es perturbador y amerita la mayor seriedad del caso. Declaró a la […]

Alberto L. Alemán Aguirre

En Nicaragua acabamos de ver un nuevo, triste ejemplo de que nuestras autoridades no tienen visión, noción ni previsión de algo que está más allá de sus narices.

El reciente anuncio del ministro de Seguridad de Honduras, Oscar Alvarez, es perturbador y amerita la mayor seriedad del caso.

Declaró a la prensa de su país que uno de los sospechosos terroristas de la red Al Qaeda más buscados por Estados Unidos estuvo en Honduras a finales de mayo pasado.

El individuo, Adnan Guishar El Shakri Jumah o Yafar Al Taya , de 38 años, estuvo en Panamá cinco meses antes de los atentados del 11 de septiembre.

El gobierno de Panamá negó que, como dijo Alvarez, hubiese un plan de ese hombre y sus secuaces de volar el Canal, crucial arteria por la cual pasa una parte importante del comercio mundial.

La Policía de Nicaragua, en un alarde de injustificada autosuficiencia, negó que la entrada o salida de este sospechoso hubiese sido registrada en los puestos fronterizos del país.

¿Es que este hombre va a pasar con su verdadero nombre y le dirá al funcionario de Migración: “Oiga, soy un terrorista de Al Qaeda, y me serviré de su país como puente?”. ¿Y, además, es que no hay tantos puntos ciegos?

Nuestra Policía no ha sido capaz de agarrar a los asesinos de sus compañeros de Bluefields, no es capaz de contener la oleada del narcotráfico . ¿Y de dónde nos vende esa certeza absoluta de que el tipo no pasó aquí?

El terrorismo islámico posee mucho dinero. Sus agentes, poseídos de una pasión mesiánica, son determinados y astutos. Con tanto dinero, fácil es comprar almas y voluntades.

Es un hecho comprobado de que Al Qaeda tiene células en América del Sur.

El terrorismo es una amenaza global y Centroamérica, a pesar de su lejanía de los principales teatros de la guerra contra el terrorismo, no escapa a su influencia.

Ya lo señalé en esta misma columna, hace un mes. Nicaragua debe elaborar un plan que contemple la entrada de terroristas. Y recordemos que enviamos tropas a Irak, y que los extremistas prometieron castigo a quienes lo hicieron.

El Gobierno debe hacer algo, preparar planes, hombres y recursos, afinar la cooperación en este campo específico con Estados Unidos.

No debemos confiarnos y las autoridades deben ser serias. Nada de improvisaciones, de cosillas dichas al peso de la lengua, como los “bollitos” que algunos podrían irse a ganar a Irak, una burla cruel a los desempleados.

Asimismo, el presidente Enrique Bolaños debería reflexionar seriamente sobre sus deseos de enviar otra vez tropas. Ese dinero que se requiere para mandar soldados, ¿no es más necesario para resolver otros problemas?

Ya estuvimos una vez y nuestro país apoya en todo a Estados Unidos. Sería ridículo o un mal chiste pensar que nuestra contribución militar podrá tener algún efecto sobre la situación de seguridad en el país árabe.

El significado político es otra cosa, pero el asunto debe ser un motivo de debate público y no una potestad de los políticos, porque esa decisión podría tener consecuencias insospechadas para Nicaragua.

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