Acoso sexual en el ámbito de la relación laboral

Mayling Dávila Urbina

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Acoso sexual en el ámbito de la relación laboral


Mayling Dávila Urbina




Se puede definir el acoso sexual como “una propuesta amorosa desagradable, un pedido de favores sexuales, o una conducta de naturaleza sexual que puede ser verbal, física o visual y está dirigida hacia una persona a causa de su sexo”. La víctima del acoso sexual puede ser un hombre o una mujer y no tiene que ser necesariamente del sexo opuesto la persona que comete el acoso, pudiendo ser el autor del mismo un jefe, un supervisor o un compañero de trabajo. Este comportamiento anómalo parece estarse proliferando en las instituciones públicas y privadas de Nicaragua, y principalmente se presenta cuando los hombres condicionan a las mujeres su permanencia en el trabajo, a cambio de favores sexuales.

Resulta interesante e ilustrativo relatar la desagradable experiencia que tuvo que vivir una amiga de la autora de estas líneas al ser víctima de acoso sexual por parte de un funcionario de una relevante institución pública. Esta joven, que ya tenía varios meses de estar desempleada, acudió presurosa al llamado de dicho funcionario, para aprovechar la oportunidad que se le estaba presentando de trabajar como secretaria ejecutiva del área de esa institución, bajo un supuesto contrato laboral prometido por el mismo.

Sin embargo, su ilusión se desvaneció muy pronto, ya que las insinuaciones indecorosas por parte de su jefe no se hicieron esperar. A los pocos días de estar en el puesto éste comenzó a hostigarla con zalamerías y requiebros inoportunos, invitaciones persistentes a salir, intentos de besarla abusivamente, etc., lo cual creó para ella un ambiente laboral hostil e intimidante, descubriendo después de varias semanas de atosigamiento que había sido vilmente engañada y que no existía tal contrato, por lo que tuvo que enfrentarse con el superior para que le definiera su situación laboral.

El frustrado seductor se negaba a pagarle las tres semanas que se desempeñó en el cargo trabajando en forma puntual y disciplinada a razón de diez horas diarias. Entonces ella tuvo que amenazar verbalmente al acosador, manifestándole a éste que hablaría con el que supuestamente autorizaría el contrato. El jefe al no conseguir sus bajos propósitos quería que la joven se fuera sin el salario que legal y honradamente se había ganado.

La secretaria de nuestra historia descubrió luego que este odioso sujeto ha estado procediendo abierta e impunemente con varias mujeres en forma similar, con el burdo truco del “contrato”, abusando de su poder para inventar puestos ficticios e ilusionar a jovencitas que con gran entusiasmo acuden ingenuamente a su llamado, decepcionándose profundamente a los pocos días y advirtiendo que el verdadero trabajo que llegaron a desempeñar es el de ser objeto de las fantasías sexuales del individuo en mención.

Parece absurdo que el acoso sexual venga a sumarse a los numerosos males que padece nuestro país, rebajando la dignidad y la autoestima de las personas y violando el derecho humano al trabajo. Las instituciones del Estado deberían contar con una oficina de quejas para que sus empleados puedan hacer denuncias de este tipo sin temor a represalias. Asimismo convendría vigilar periódicamente no sólo el desempeño profesional de los jefes, sino también al comportamiento decente y respetuoso que éstos tengan con sus subordinados y compañeros. Los trabajadores del Estado y en especial los que ocupan puestos de mando, deberían seleccionarse por su alto grado de moral, eficiencia y buena conducta y no por amiguismo como ha sido la costumbre, exponiendo el prestigio del Gobierno o de cualquier empresa privada.

Es indispensable sanear y depurar el Gabinete de Gobierno de funcionarios libertinos que sólo perturban y bloquean gravemente el normal desempeño de las instituciones a las que fueron asignados. La legislación laboral nicaragüense tiene que velar por la protección de la dignidad y el respeto del hombre y la mujer en el trabajo y establecer penas severas en los casos de acoso sexual o laboral, no sólo con sanciones administrativas, sino también penales.

Las mujeres de Nicaragua debemos propugnar para que se establezca un precedente y que el Gobierno tome medidas enérgicas y efectivas al respecto para que estas injusticias y atropellos ocasionados por el acoso sexual desaparezcan por completo.

El problema está planteado.

La autora especialista en informática
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Editorial
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