Los jóvenes en busca de una alternativa

Antonio Ignacio Lacayo Chamorro

Cuando leí que el ex presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, catalogó al ex Presidente estadounidense Ronald Reagan de terrorista por la guerra que impulsó contra Nicaragua, pensé que él no tiene autoridad moral para culpar a alguien por impulsar “una guerra terrorista”. Ortega, además de haberle quitado de las manos la revolución a los nicaragüenses y haberla convertido en su revolución, fue el principal causante de haber llevado al país a una guerra en la que murieron miles de jóvenes nicaragüenses y destruyó el país durante su período presidencial.

Daniel Ortega sigue sumido en su pasado. Si de alguna manera estuviera pensando en ayudar al pueblo de Nicaragua, lo que debería de hacer es fomentar la renovación en su partido, incluyendo su retirada como candidato presidencial. Su figura y su persona están marcadas por la guerra y el fracaso, y en lugar de pelearse con el político con más aprobación popular que ha tenido el FSLN, el alcalde Herty Lewites, Ortega debe comprender que aquél tiene muchas más posibilidades que él mismo de llevar a su partido al triunfo electoral.

En el 2001 algunos políticos y personajes muy respetados en Nicaragua consideraron unirse a la Convergencia Nacional, una alianza liderada por el FSLN, algunos con intenciones de ayudar a Nicaragua modernizando la oposición, muchos con una nueva visión del FSLN desconectada del pasado, y otros simplemente uniéndose al único partido político que les abriera las puertas. Yo nunca pensé que Ortega había cambiado pero respeté las decisiones de estas personas. Tras ver las declaraciones y actitudes de Ortega en los últimos años, compruebo que él no ha cambiado, que su mente sigue en la década de los ochenta y que su único interés pareciera ser regresar al poder por el poder mismo.

Nicaragua necesita que todos los partidos sean transparentes y democráticos y no que se conviertan en herramientas de los caudillos para mantenerse en el poder y para aprovecharse del pueblo. No hace mucho el PLC estaba encarrilado en el mismo camino erróneo que ha seguido el FSLN por más de una década, donde abundan los dedazos, los corruptos, y los títeres. No obstante, gracias a las políticas del presidente Bolaños, las posibilidades de este caudillismo se han visto mermadas y Arnoldo Alemán hoy comparte la cárcel con otros delincuentes. Muchos liberales hoy ven esto con buenos ojos y, lentamente, aquéllos que tienen buenas intenciones se van retirando de su mismo partido para buscar nuevas opciones, otros tratan de reformar el PLC, mientras, dramáticamente, los de un pequeño grupo todavía siguen de “muñecos” de Alemán.

Para los jóvenes, Ortega y Alemán quedaron como retrato en la foto histórica de Nicaragua. De igual manera, hay otros políticos que se deberían retirar, independientemente del partido político al que pertenecen. Ortega y Alemán son simplemente el mejor ejemplo. Gracias a Dios esto lo sabe mucha gente en Nicaragua, especialmente los que creen en la democracia. Es por eso que muchos dicen, al referirse a Ortega: “Allí dejálo, que corra para que vuelva a perder”. Ortega ha perdido las elecciones presidenciales tres veces y, peor aún, ya tiene una baja aprobación dentro de su mismo partido. Su contraparte, Arnoldo Alemán, todavía tiene mucho control sobre el PLC desde la cárcel, pero lentamente este poder va disminuyendo y su condena a 20 años de prisión es cada vez más certera. A los jóvenes, los caudillos como Alemán y Ortega, e incluso algunos diputados, ya nos dieron un ejemplo de lo que tenemos que evitar.

A pesar de la presencia de estos individuos en el escenario político nicaragüense, nuestra Patria va enrumbada en una democracia desde 1990, gracias al gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. Algunos políticos le han estropeado el camino pero nuestra triple transición le pudo dar la fuerza y el momento para que nada la detenga. Hoy los jóvenes de Nicaragua les demandamos a nuestros políticos que no piensen sólo en el presente, o aún peor, en su pasado. Necesitamos partidos políticos transparentes que continúen con la construcción de una democracia que funcione con todos sus engranajes, con gobiernos responsables, una oposición constructiva y líderes conscientes de las necesidades del pueblo. Solamente así nos permitirán impulsar el desarrollo para el que hoy nos estamos preparando.

El autor es estudiante de Ingeniería Civil en la Universidad de Princeton ([email protected])

Editorial
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