- Se convierte en el primer latinoamericano en ganar premio con el estudio de virus en el trigo
Amparo Aguilera
No es un Sherlock Holmes. Sin embargo cuando va al campo al entomólogo Edgardo Jiménez no le queda de otra que echar mano de la lupa para escudriñar hasta el último detalle de los insectos que tiene en la mira.
Aunque para destacar en Idaho, Estados Unidos, no sólo tuvo que convertirse en Holmes, además debió tener la paciencia del científico inglés Charles Darwin, y agregar noches en desvelo para analizar alrededor de 30,000 matitas de trigo afectadas por el virus de Rhopalosiphum padi L, provocado por los áfidos, conocidos como pulgones.
Estos insectos son los responsables de dejar amarillas
y “chaparritas” a las plantitas de trigo: con alturas de medio metro. Hecho que les imposibilita dar cosecha.
Aunque el esfuerzo tuvo sus frutos. Recientemente Jiménez por ese estudio fue galardonado con el premio Hubert C. Manis Award, que el estado de Idaho otorga a las eminencias en entomología.
“Mi trabajo de investigación superó a 200 trabajos de entomólogos de diversos puntos del planeta, porque el trigo que trabajé es el segundo cultivo más importante en el Estado después de la papa”, argumenta.
Aparte de eso, señala que las dos variedades de trigo (Lambert y Caldwell) en las que centró su tesis son tradicionales en Idaho y figuran entre las más susceptibles a las enfermedades virales producidas por el insecto en estudio.
EL APORTE
“En otras palabras lo que hice fue rescatar esas variedades, agregando un gen del virus (Rhopalosiphum padi L) en las plantas para vacunarlas de manera que cuando el insecto (el áfido) llegará ya no le hiciera ningún daño”, explica.
Con esto, según Jiménez, animó de entrada a los productores estadounidenses. “Les ayudé a retomar las variedades, ya que por el virus de los áfidos perdían hasta el 70 por ciento de su producción. Pero hoy por hoy ya podrán producir en un cien por ciento”, razonó.
Aunque además de hacerlas resistentes, por vía transgénica, Jiménez comprobó que su aporte tiene efectos indirectos en la reproducción de los áfidos.
“Porque con la técnica verifiqué que se reproducen menos y tienen menos capacidad de transmitir el virus”,
indicó el entomólogo.
Estas contribuciones de momento ya están siendo publicadas en revistas especializadas. Una de ellas, es la relacionada a la entomología económica.
El próximo 7 de noviembre, Jiménez espera recibir su placa de reconocimiento que lo coloca entre los mejores del mundo en Salt Lake City, UTA, durante la convención anual de los entomólogos americanos.
Aunque su nombre también figurará en una placa perpetua, en Idaho, y un premio en efectivo. “Realmente no esperaba todo esto. Me siento orgulloso”, puntualizó.
SU VIDA
Edgardo Jiménez es originario de Masaya. Proviene de una familia de finqueros.
Cuenta que siempre quiso ser médico. Aunque nunca especificó si de personas, animales o plantas.
En 1997 viajó a Estados Unidos a estudiar inglés en
Carolina del Sur y a sacar una maestría en Entomología, en Arkansas. Por sus altas calificaciones aspiró a un doctorado en Idaho, donde permaneció hasta el 2003
y donde resultó el mejor. “Gracias al apoyo de mi esposa y de mi hija”, refiere.
Actualmente es docente en la Universidad Nacional Agraria (UNA).
TRAS EL GORGOJO DESCORTEZADOR
E l entomólogo Edgardo Jiménez planea estudiar la movilidad del gorgojo descortezador, que en los últimos años arrasa con los pinos neosegovianos. Aparte de eso prevé analizar las plagas de los cultivos de altura como el de mora, fresa y café.