- Los pequeños agricultores nacionales se las ingenian para obtener el dinero necesario para la siembra cada año.
Aunque algunos tengan acceso al programa Libra por Libra, éste también requiere de poner una parte
para adquirir la semilla. Entre encantos y desencantos del trabajo, pasarán varios meses
haciendo un esfuerzo por continuar las labores en tierras propias o alquiladas.
LA PRENSA, decidió realizar el seguimiento a varios productores durante todo el ciclo de éste año, a fin de conocer los resultados de sus cosechas, ya sea entre aquellos, que decidieron cosechar con respaldo o sin respaldo institucional, quienes relatan sus testimonios en esta primera entrega, ya que las otras continuarán en los siguientes meses
María Antonia López
“Decidí esperar para la postrera”
Miguel Castro
Productor de Masaya
Debido a la bondad de las tierras, y el uso de algunas herramientas que le ayudan a cosechar durante todo el año, es que don Miguel Castro tiene la posibilidad de sembrar algunas verduras mientras llega la postrera para la siembra de frijoles.
Según este productor, decidió cambiar el tipo de cultivo durante la siembra de primera porque le es más rentable. Cuando sólo se dedicaba a los granos básicos, muchas veces salió perdiendo.
Relató que el frijol de postrera es guardado en parte para el consumo familiar, ya que solamente cosechan una manzana, de la cual obtienen 15 quintales.
Este rendimiento considera que es muy bajo aún, y aunque han escuchado que el programa Libra Por Libra entrega semilla mejorada para la cosecha de primera, decidió no optar por comprarla, ya que no la ocuparía, por lo cual el técnico del Gobierno que le visitó le advirtió que volvería en unos meses.
Pero agregó que anteriomente no la ha solicitado, y por tanto no está seguro de los resultados que pueda generar la semilla certificada, “puede ser que de mejores cosechas, porque es tecnificada, “según ellos” (los técnicos del Gobierno).
Este pequeño productor, debido a su nueva modalidad de trabajo, logró guardar lo suficiente para comprarse una “berlina”, en cinco mil córdobas, una carreta de metal que halada por un caballo, ahora le sirve para sacar la cosecha hasta el mercado local y de esa manera hacer las ventas directas de sus productos, eso también le ha servido para autofinanciarse la siembra, el alquiler de la tierra y comprar los insumos, porque desde que los bancos estatales cerraron, decidieron no volver a prestar, aunque sí cree que es necesario tener más dinero.
“Luchamos solos”
Isabel Pérez
Habitante de La Ceibita, Masaya
“La situación está bastante fregada, uno hace muchos sacrificios para buscar cómo trabajar”, sostiene Isabel Pérez.
Este pequeño productor, cuida una finca, el propietario le da la oportunidad de habitarla en una casa construida por él mismo, le da un espacio gratis y otro en renta para que siembre y con eso pueda sostener a su familia.
Tradicionalmente se ha dedicado a la siembra de maíz, yuca y frijol, de tal manera que de la cosecha una parte se guarda y la otra se vende. “Con esos mismos reales se vuelve a trabajar, porque ahora con los abonos tan caros no se puede echarle mucho a la siembra”.
De esta tierra extraen 10 quintales de maíz por manzana, de esos, cinco son vendidos, el resto es guardado en barriles, y a veces hasta se les pica, por no tener las condiciones óptimas de almacenamiento, y con ello generan pérdidas para su familia, ya que guardar esa semilla tiene dos objetivos: la comida y el grano para la siembra del siguiente ciclo. Lo mismo sucede con el frijol.
Eso también les dificulta la posibilidad de hacer ventas posteriores, por lo cual se ven obligados a ofertar con precios muy bajos, ya que cuando sube, ya no tienen para sacar al mercado.
En tanto, no han mejorado sus condiciones productivas. Aunque ha escuchado sobre el plan Libra por Libra, consideró “es bueno, pero nadie nos ha venido a ofrecer, tal vez se han olvidado de este lugar, el año pasado me dieron un poquito, y regresé lo que correspondía, el problema es que no se puede guardar para la siembra, porque se nace con facilidad, y así no sirve”.
Tampoco en la zona hay quienes presten dinero, aunque considera que “luchando uno solo es mejor, porque si uno pierde, no es en deberle a nadie, así uno lucha con los realitos guardados hasta que se acaben”.
“Salí perdiendo”
Alejandro Canda Guerrero
Habitante de la comunidad Cruz Verde, Masatepe
El año pasado optó por aceptar la semilla que el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) bajo el plan Libra por Libra entrega, pero según él, no fue tan rentable como esperaba.
Este año las tierras que utiliza son alquiladas a mil córdobas cada una, cuatro quintales de abono a 190 córdobas, compró un litro de herbicida a 120 córdobas, y utilizó un quintal de frijol de la variedad Door “propiedad mía”, pero efectivamente, es parte del frijol cosechado de la semilla certificada que recibió el año pasado “la guardé porque está más cara”.
La inversión hecha por Alejandro, este año, probablemente no sea la mejor pero ha decidido jugárselas en la presente cosecha, porque en el período anterior “me fue mal, me metí a una organización por medio del INTA, no es que diga que ellos son malos, sino los que ponen a organizar son los que se lo tragan a uno”.
Según él, en la cooperativa Santa Rita, le habrían prometido pagarle a 190 el quintal de frijol cosechado, a la vez de aceptar la siembra de media manzana con semilla certificada.
A esa área con esa variedad de frijol le extrajo 10 quintales, de los cuales debía entregar tres libras por cada quintal por la semilla certificada recibida.
“Me dijeron que preparara los sacos, les dije que no estaba bien seco pero así se los llevaron, después alegaron que me quitarían seis libras por quintal porque estaban húmedos, entonces me enojé, porque estoy pagando para producirlos”, detalló.
El acuerdo hecho por Alejandro, falló, ya que una vez había cancelado lo que correspondía al plan Libra por Libra, los frijoles acopiados por la organización que prometió dar buen precio, ya no eran muchos y para colmo de males recibió el pago dos meses después de haberlos entregado en 180 córdobas el quintal, o sea diez menos de lo acordado.
Después de esa experiencia, en la que aceptó ese trato sólo para lograr la semilla, decidió este año trabajar solo “porque como salí perdiendo, entonces mejor me zafé, y busqué cómo recuperarme en la postrera, de allí logré sacar el dinero y la semilla para este año, además de buscar amigos para que me ayudaran”.
“Voy a probar este año”
Francisco Pupiro
San José, Masatepe
Este productor ya tiene experiencias referenciales de los resultados del plan Libra por Libra, dos de sus hijos han utilizado la semilla certificada desde que inició el programa oficial. “Hasta ahora estoy participando, y he visto que ellos han logrado hasta 21 quintales por manzana, y creo que eso es bueno, aunque podría ser mejor, ya que el abono que se aplica no es suficiente, si se pudiera alcanzaría hasta 25 quintales, además ahora estamos sembrando en tierras donde antes había café y no hemos requerido mucho fertilizante”.
Si bien sabe que utilizando esos insumos, su producción puede aumentar a sabiendas de que la semilla certificada también lo requiere, prefieren arriesgarse a hacerlo con lo que tienen, ya que “preferimos no estar empeñados con ningún banco, porque lo primero que nos piden es la propiedad, y mis hijos me dijeron que no los buscara, para que no me quedara sin tierra”.
Pero el problema que enfrentan a pesar de una buena cosecha, son los precios de venta, ya que tienen dificultades para almacenar. “Ya casi nadie se está metiendo a la agricultura, en su mayoría, porque el que cosecha granos está guardando para pagar lo que debe, y muy poco para ganar o comer, no resulta por venderlo barato”.