Marquito

Guillermo Ramón Cordero Pérez Su cuerpo fue destrozado por una mina. Las tropas fueron golpeadas en la moral. Lo lloramos todos. La familia recibió los restos. Yo envié una carta a su esposa y a Marquito, su hijo, en la que le expresé: “Su muerte no fue en balde, pues un día antes de su […]

Guillermo Ramón Cordero Pérez

Su cuerpo fue destrozado por una mina. Las tropas fueron golpeadas en la moral. Lo lloramos todos. La familia recibió los restos. Yo envié una carta a su esposa y a Marquito, su hijo, en la que le expresé: “Su muerte no fue en balde, pues un día antes de su partida me habían manifestado que si una bala me deja sin vida, será mi cuota al futuro de mi hijo y su felicidad”. Además, le expresé a Marquito: “Tu futuro está asegurado; tu papá, compró con su sangre tu bienestar”.

Hace poco me encontré con Marquito en una zona residencial. Es todo un hombre, trabaja en la Alcaldía, recoge basura, iba feliz con una camisa usada que le regaló un señor y, señalándome una mansión, dijo: “Vive en esa casa y tiene un lindo carro”. Cuando me despedí de él, agregó: “Fue un comandante de la revolución, ahora es diputado”.

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