Gastón Gaudio (foto) es un símbolo de que en el circuito –a pesar de que las canchas lentas ya no son tan lentas y las rápidas no son tan rápidas– sigue habiendo una brecha enorme entre los jugadores que se mueven con comodidad en la arcilla y aquellos que atacan y buscan los puntos cortos. Gaudio, que siempre ha ido a Wimbledon casi de paseo, está decidido a prepararse para hacer un buen papel. Pero parece una empresa difícil. Es evidente que, con el fin de Roland Garros, comienza el momento en que serán otros los protagonistas. En Wimbledon, Roger Federer –que necesita defender el título logrado el año anterior– y Andy Roddick –prácticamente desaparecido desde su triunfo en Miami–, son los hombres a tener en cuenta. Sólo hay dos tenistas que tienen chances de mantener su nivel: el inglés Tim Henman, inesperado protagonista en París que está listo para devolverle al tenis inglés un campeón local, y el argentino, David Nalbandian, finalista de Wimbledon en 2001 y también semifinalista en Roland Garros, pueden dar batalla.
Mientras tanto, el mundo del tenis sigue expectante sobre la situación de Andre Agassi. El norteamericano comenzó esta semana su actividad en césped, cayendo en primera ronda frente al ruso Igor Andreev (el mismo que eliminó a Juan Carlos Ferrero en París) y no gana un partido desde marzo. Para muchos, ya está al final de su carrera y espera el Abierto de Estados Unidos para dar a conocer su decisión. Sabe que en cemento, las cosas pueden ser distintas. Para él también, el tenis es muy distinto cuando se sale de la tierra batida. No por casualidad, Guillermo Coria cayó en la primera ronda de Queens ante un desconocido taiwanés. Ahora todo será distinto.