Muy cerca de los 500

Hace sólo tres años, Ken Griffey Jr. parecía un jugador condenado al olvido definitivo. El 2001 había sido un año lamentable para Griffey, en virtud de una lesión que prácticamente lo dejó condenado a jugar poco y nada. Por otra parte, sus conflictos internos ya se habían hecho inocultables: sus compañeros Pokey Reese y Dmitri […]

Hace sólo tres años, Ken Griffey Jr. parecía un jugador condenado al olvido definitivo. El 2001 había sido un año lamentable para Griffey, en virtud de una lesión que prácticamente lo dejó condenado a jugar poco y nada. Por otra parte, sus conflictos internos ya se habían hecho inocultables: sus compañeros Pokey Reese y Dmitri Young lo acusaban de insoportable. Y el año siguiente fue peor, y lo dejó al borde del retiro. Y mucho más cuando sólo jugó 53 partidos en la temporada pasada. “Muchos no creyeron en mí, pero yo estaba convencido de que no estaba acabado. Soy joven y creo que todavía tengo mucho para dar”, dice ahora Junior, mientras atraviesa su mejor momento.

Lo cierto es que ahora se ha transformado en el jugador de la temporada, con 17 jonrones y 47 carreras. Y con un dato que conmueve a los fanáticos y le otorga un baño de ansiedad a cada una de sus presentaciones: está a sólo dos jonrones de llegar al número 500 de su carrera, lo que lo ubicará como un candidato seguro a ingresar al Salón de la Fama cuando deje la práctica profesional. Griffey, además, ha sido fundamental para el salto que han pegado los Cincinnati Reds, el equipo sensación del año en esta primera etapa de la temporada 2004 de las Grandes Ligas. “Yo no siento que he regresado. Simplemente, he logrado superar las lesiones y tener una buena preparación. Yo ya había dicho muchas veces que lo que necesitaba era sentirme bien físicamente para poder desarrollar mi juego. Y creo que estaba en lo cierto. El equipo está en un alto nivel y uno hace su aporte para que las cosas sigan por este camino. Creo que estamos para cosas importantes y yo todavía puedo rendir en un nivel más alto”, asegura Griffey, que ya dejó atrás su fama de conflictivo y recuperó su enorme talento para jugar. “Yo nunca he querido generar problemas con nadie ni he hablado públicamente de un compañero. Sólo quiero concentrarme en el juego y alejarme de las discusiones. Eso es lo mejor para todos”.

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