La defensa de los Pistons ha sido mortal para los Lakers, como en esta acción donde Rasheed Wallace marca a Karl Malone.

Casa de los horores

EFE HOUSTON.- La historia se repitió y 15 años después el Palace de Auburn Hills volvió a ser el campo de los horrores para Los Angeles Lakers, que fueron humillados por los Pistons de Detroit al perder 88-68 en el tercer partido de las Finales de la NBA. Hace 15 años, los llamados Bad Boys […]

EFE

HOUSTON.- La historia se repitió y 15 años después el Palace de Auburn Hills volvió a ser el campo de los horrores para Los Angeles Lakers, que fueron humillados por los Pistons de Detroit al perder 88-68 en el tercer partido de las Finales de la NBA.

Hace 15 años, los llamados Bad Boys de los Pistons de Detroit, encabezados por el Isiah Thomas, Joe Dumars, Vinnie Johnson, Bill Laimbeer, Rick Mahorn, John Salley y Dennis Rodman, sorprendieron a los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, James Worthy y Michael Cooper con una barrida de 4-0 para conseguir su primer título de liga.

Los nuevos Pistons, que no quieren que les llamen “Bad Boys II” sino que desean ganarse una definición propia con el nuevo estilo de juego que el entrenador Larry Brown, el maestro de la NBA, les ha comenzado a enseñar, no pudieron evitar que el Palace de Auburn Hills viviese de nuevo ese ambiente de equipo ganador que busca el título de liga.

Si en el Staples Center, los Pistons le dieron ya las dos primeras lecciones de juego de conjunto a los Lakers, que se salvaron del abismo en el segundo con la canasta milagrosa del triple de Kobe Bryant, en el tercero destrozaron por completo a sus rivales y les dejó al descubierto las debilidades que tienen a la hora de jugar como equipo.

La humillación sufrida por los Lakers no sólo fue estadística, los 32 puntos de la primera parte y los 68 del marcador final batieron todas las marcas negativas, sino que además las dos súper estrellas, Shaquille O’Neal y Bryant, también establecieron marcas individuales negativas.

Desde que se estableció el reloj, los Lakers habían jugado 560 partidos y por primera vez fueron incapaces de superar la marca de los 70 puntos.

Pero la casa de los horrores que fue el Palace de Auburn Hills también mostró a un entrenador, Phil Jackson, ganador de nueve títulos de liga, completamente desbordado por lo que estaba sucediendo en el campo, sin tener ningún tipo de respuesta.

Su actitud sorprendió a muchos, incluidos los comentaristas, que observaron cómo mientras que Brown, a pesar de su equipo ir arriba en la primera parte, en la segunda forzó a sus jugadores a que lo hiciesen mejor y pedía constantemente tiempos muertos para darles instrucciones, todo lo contrario de lo que hizo Jackson.

Los Pistons, que ya tienen la ventaja de 2-1 en la serie al mejor de siete, saben que todavía le quedan dos triunfos más para conseguir el título, pero lo que ya nadie les puede quitar es que como equipo su defensa es muy superior a la de los Lakers y su ataque sabe cada vez más aprovechar las oportunidades que tiene.

El escolta Richard Hamilton, que anotó 31 puntos en el tercer partido, cada día está demostrando que no es una súper estrella, pero si un gran jugador que puede darle muchos triunfos a los Pistons y lo mismo sucede con el resto de los jugadores.

EQUIPO DE CLASE

Los Pistons que llegaron para los “entendidos” de la NBA como los perdedores seguros de las Finales, han surgido como un equipo con Richard Hamilton, Rasheed Wallace, Ben Wallace, Tayshaun Prince, Lindsey Hunter y Elden Campbell.

Ahora, los mismos “expertos” que habían anticipado un “paseo” para los Lakers en las Finales, admiten ante la evidencia del juego que los Pistons son simplemente mejor equipo.

Tal vez no tienen tanto talento ni la experiencia de los tres veces campeones de liga en los últimos cinco años, pero en el campo y especialmente en el Palace de Auburn Hills fueron mejores porque mostraron más sincronización, confianza y mejor forma física.

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