Myrna Dávila Castellón
Muchas veces echamos la culpa de nuestros pecados al hecho de que somos humanos, cuando en realidad determinada acción la ejecutamos a veces con mala intención y premeditación.
Una cosa es cometer un error porque realmente somos humanos y otra es tener actitudes cuyas consecuencias son desastrosas para la familia.
Es absurdo alegar que somos humanos para justificar un pecado cuando es precisamente al género humano que Dios dotó de facultades que no posee otro ser viviente sobre la tierra: inteligencia y voluntad.
Es necesario revestirnos de honestidad posible para afrontar con valentía nuestros pecados, y saber evitarlos en lo posible para no tener que excusarnos después y quedar en ridículo ante nuestros propios ojos y de los otros, sobre todo cuando éstos han sido públicos y de lesa humanidad.
Secretaria ejecutiva