Edgard Rodríguez C.
Doug Madson era scout en la zona de Las Vegas para los Cachorros en 1993, cuando fue a Valley High, en busca de un prospecto llamado Mark Greer.
Greer era espigado y fuerte, como los buscan los scouts. Pero mientras observaba lo que había en el área, le llamó la atención un detalle en el chavalo Gregory Maddux.
La bola rápida le caminaba usualmente entre 85 y 86 millas. Nada extraordinario. Pero ese día, necesitado de un strike, el joven angosto y debilucho, la hizo llegar a 90.
Aún así, Madson no estaba seguro sobre la proyección de Maddux. Su físico realmente intrigaba. Lucía demasiado endeble.
Aquella tarde sin embargo, Madson descubrió que el derecho de 5 pies 11” y apenas 155 libras, no sólo tenía un extra en su hombro, sino arriba de éste. Y decidió verlo más.
Maddux estaba consciente de sus limitaciones, al extremo que su sueño era obtener una beca escolar a través del juego. Y ni eso le estaba siendo cómodo de conseguir.
Además, en 19 años de historia de los drafts, nunca se ha escogido un lanzador de 5 pies 11” en la primera ronda. Pero los Cachorros lo tomaron en la segunda vuelta en 1984.
Los Mets iniciaron la segunda ronda del sorteo seleccionando a Lorenzo Sisney. Seattle a Mike Christ. Ninguno llegó a las Mayores. Luego Chicago agarró a Maddux.
“Tuve temor por su físico”, reiteró Madson. “Pensé que si lo miraba el dueño, diría ‘este chico parece el batboy’. Y entonces yo estaría en problemas”.
Maddux que no tenía muchas expectativas sobre el draft, estaba de paseo en Hawai pero una vez que se enteró, firmó y fue a la Liga de Apalaches.
Dos años más tarde estaba en Grandes Ligas y aunque no irrumpió con fuerza, (tuvo 2-4 y 5.52 en 1986 y 6-14 y 5.61 en 1987), tampoco tardó en mostrar su calidad.
Tras 18 campañas hemos visto a uno de los mejores lanzadores de la historia. Está a seis éxitos de los 300. Pero más que eso, hemos observado al hombre que redefinió el pitcheo desde su perspectiva cerebral.