Alberto L. Alemán Aguirre
Muchos de esos pomposos encuentros de jefes de Estado y de Gobierno son solamente grandes reuniones con declaraciones llenas de nobles intenciones que se quedan en el papel, bonitas fotos de caballeros y damas sonrientes, solemnes brindis y una avalancha de cobertura mediática.
De ahí aquella frase de que hubo mucho ruido pero pocas nueces.
Eso ha sido parcialmente la III Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea, celebrada en México la semana pasada, como lo han sido sus antecesoras a modo general.
Pero también en parte, la reunión trajo pronunciamientos con un significado político importante y renovó el compromiso de los líderes de ambos lados del Atlántico de impulsar el libre comercio y la integración.
En particular, estos dos últimos aspectos fueron los más relevantes para Centroamérica.
En el plano político, la declaración de Guadalajara llama a reforzar el multilateralismo y el papel de la ONU.
Lo firman una Europa ampliada que, además de ser ya el mayor bloque comercial mundial, pretende jugar un rol político de más relevancia, y una América Latina deseosa de subir el tono de su propia voz.
La idea del multilateralismo se ha opuesto al unilateralismo y a la concepción del mundo unipolar, asociados ambos con el poder hegemónico de Estados Unidos.
Pero difícilmente podría ser la declaración un desafío europeo a Estados Unidos, más aún desde lo que Washington tradicionalmente ha visto como su patio trasero. Si bien Francia aspira a crear una Europa que rivalice con Estados Unidos, tal proyecto no es visible en el horizonte, dadas las divisiones en el seno de la Unión Europea, con países importantes como Gran Bretaña e Italia muy cercanos a los estadounidenses, y los nuevos miembros de la UE en el Este, totalmente pro-americanos.
La Declaración de Guadalajara refleja además la postura de países como Brasil, México y Chile. Todos ellos no apoyaron la guerra en Irak.
Si bien se condenaron los abusos a prisioneros iraquíes, no se mencionó por su nombre a la potencia ocupante por la oposición europea.
“Siempre he criticado estas torturas. Es un comportamiento inaceptable, pero no hace falta una condena adicional”, expresó el canciller alemán, Gerhard Schröder.
Hubo ausencias importantes, por distintas razones. Pesos pesados como el primer ministro británico Tony Blair y su colega italiano Silvio Berlusconi, no asistieron. Tampoco los presidentes cubano Fidel Castro, el argentino Néstor Kirchner y el peruano Alejandro Toledo.
En el plano económico, lo más importante para nuestra región fue el acuerdo de impulsar negociaciones comerciales que conduzcan a un TLC Centroamérica-UE.
Eso sí, los europeos le dejaron claro a nuestros presidentes que sin crear y hacer funcionar una Unión Aduanera, el TLC no pasará de ser una mera ilusión. La UE desea un arancel común, libre circulación de bienes y una institución controladora común.
En una declaración reciente, el embajador de la Comisión Europea de la UE en Nicaragua y Centroamérica, Giorgio Mamberto, lo explicó con nitidez:
“Nosotros no vamos a negociar de gobierno a gobierno, es algo de región a región. La Unión Aduanera es el mínimo necesario”.
Más claro no canta un gallo.