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Hay que pensar en la geotermia
Entre lo mucho que se está hablando sobre la crisis energética provocada por el aumento incontenible del precio del petróleo, muy poco o nada se ha dicho sobre la posibilidad y necesidad de explotar la geotermia.
Pedir ayuda para resolver los problemas del país o simplemente para sobrevivir se ha convertido en un rasgo de cultura nacional y en política de Estado. Por eso, al plantearse el problema de la crisis energética se habla fundamentalmente de pedir auxilio a los países petroleros “amigos”. Por supuesto que está bien que se busque y negocie un financiamiento favorable de parte o la totalidad de la factura petrolera del país. Pero también y en primer lugar hay que buscar soluciones propias, tanto de emergencia y a lo inmediato como para el mediano y largo plazo, como sería en este caso el mencionado proyecto de la explotación de la geotermia.
Desde los tiempos del somocismo se ha hablado de que con la gran cantidad de energía geotérmica que hay en el subsuelo de Nicaragua, se podría producir suficiente electricidad para satisfacer plenamente las necesidades del país y además vender lo que quieran todos los países de Centroamérica. Inclusive, hace ya más o menos 30 años que una compañía italiana comenzó a trabajar en el proyecto geotérmico; luego, durante el régimen sandinista lo hizo una empresa soviética; y se continuó en el período de los gobiernos democráticos. Sin embargo no hubo hasta ahora resultados apreciables.
Con la geotermia ha ocurrido como con el proyecto del canal interoceánico, seco o húmedo, sobre lo cual durante largo tiempo se han dicho muchas cosas y se han hecho grandes ilusiones, pero sin resultados concretos. ¿Por qué tantas frustraciones? ¿Será por incompetencia gubernamental, por las innumerables trabas burocráticas que se ponen a toda iniciativa de negocios, o por la corrupción de los funcionarios que exigen coimas por cada proyecto de inversión que se presenta?
Como sea, el caso es que la producción de energía geotérmica resulta muy barata porque se basa en el aprovechamiento de un recurso natural que aflora sin necesidad de extraerlo. Lo costoso, en todo caso, es la inversión inicial, pero una vez puesto en marcha el proceso los costos de generación eléctrica resultan sumamente bajos, según opinan los expertos. De manera que la geotermia sería la mejor alternativa para Nicaragua ante la crisis causada por los precios onerosos del petróleo, primero porque la energía geotérmica es barata; segundo porque se podría producir en cantidades y por tiempo ilimitado; y además porque tiene la ventaja de que no es contaminante como las plantas de generación eléctrica operadas con combustibles derivados del petróleo.
Naturalmente, como hasta ahora no se ha podido avanzar significativamente en el proyecto geotérmico, esta alternativa es para el largo plazo y cuando mucho para el mediano. Pero en todo caso hay que retomar y aligerar el proceso, pues no hay ninguna justificación ni explicación convincente de por qué a estas alturas no se ha podido resolver el problema energético del país por medio de la generación de energía geotérmica.
De inmediato, lo único o lo mejor que se puede hacer es ahorrar energía y combustible, aunque de esta propuesta se burlan los sempiternos “don me opongo” que a todo le ponen objeción y viven esperando que las soluciones caigan del cielo, o mejor dicho de la ayuda internacional y la solidaridad de los países “amigos”.
En otros países que tampoco producen petróleo se está alentando el ahorro energético mediante una política de premios y castigos. Es decir, gratificando a quienes reducen su consumo mensual y castigando con tarifas más altas a quienes siguen consumiendo lo mismo o aumentan su gasto de energía.
Hay otras formas de ahorrar el gasto de combustible, por ejemplo el que está considerando el Gobierno de hacer circular un día sí y otro no a los 265 mil vehículos automotores que hay en todo el país. Pero esto requiere no sólo que la autoridad tenga capacidad para hacer cumplir la medida sino también un alto grado de educación cívica y responsabilidad ciudadana, que obviamente no existen en Nicaragua.
Y para comenzar hay que suprimir las cuotas gratuitas de combustible para gasto personal de los funcionarios estatales.