Edgard Tijerino M.
Han pasado 29 años, pero las imágenes de aquella desequilibrada pelea, no han perdido brillo.
Fue un “asalto” rápido y brutal. Como los que realizaba Jesse James al frente de su pandilla en el viejo Oeste.
Esas columnas de humo que se levantaban en el cuadrilátero instalado en el estadio de beisbol de Granada, fueron producidas por la furia incontrolable, casi “homicida”, de Alexis Argüello.
Ciertamente, el panameño Rigoberto Riasco, nunca tuvo chance de sobrevivir. Retar a Argüello, equivalía a firmar una “sentencia de muerte”, y su manejador, Luis Spada, lo sabía, consecuentemente, siempre estuvo consciente de eso.
Fue la primera pelea de campeonato mundial efectuada en el terruño, pero no la más grandiosa ni la revestida de mayor expectación ni la que registró la mayor entrada.
Esa acumulación de méritos le pertenece a la batalla que sostuvieron Eduardo “Ratón” Mojica y el tailandés Charchai Chionoi, en 1968. Sin la menor duda.
Alexis, venía de demoler al venezolano Leonel Hernández en Caracas, y Riasco, con pretensiones de llegar a ser campeón súper gallo, se vio forzado a buscar el cinturón pluma, nada menos que contra Argüello.
“Fue una decisión de arriba”, me dijo años después Spada refiriéndose a las altas esferas de la AMB, dominada por panameños en esos tiempos.
Riasco vino asustado. Sabía que lo habían empujado hacia una misión imposible y eso impidió fabricar expectativas que estimularan al público.
Se vendieron unos cuatro mil boletos, muy pocos de 50 dólares, tal fue el precio del ring side esa noche.
Como casi siempre, Argüello “salió a matar”, Todavía estábamos escuchando el tañido del primer campanazo, cuando la cabeza del canalero fue sacudida por una veloz y precisa combinación de golpes.
Alexis fue al centro del ring para establecer la distancia, en tanto Riasco sentía que el ring se movía y se estrechaba, que le resultaba muy pequeño para poder escapar a los escopetazos del “Flaco”.
El recurso más útil de Riasco era su velocidad de piernas y manos. “Pelearé como Marcel”, manifestó un día antes, pero carecía del manejo de sus habilidades, y también de la astucia, el atrevimiento y los trucos del “Ñato”.
Alexis lo golpeó abajo y Riasco se escalofrío antes de comenzar a derretirse.
Con sus brazos, largos como remos, Argüello disparó golpes rectos y potentes que penetraron la guardia del panameño. Lo llevó a las cuerdas, lo presionó y lo bombardeó, antes de replegarse a su esquina.
La orden del “Curro” Dossman fue no perder tiempo. Ir a fondo con todo en busca de simplificar, y en el segundo asalto, Alexis se volcó sobre Riasco con izquierda repiqueteando y la derecha funcionando eficazmente.
El choque de carne y cuero, el crujir de huesos, los gemidos, el movimientos de unos ojos angustiados, enviaron señales de compasión al réferi Fernie Carpentier, que de inmediato, con un gesto inequívoco de preocupación por un desenlace trágico, gritó “¡No más! ¡No más!”, y todo terminó.
Era apenas la segunda de las cuatro defensas de Argüello en el casillero de las 126 libras.
Un “asalto” rápido y brutal. Como los de Jesse James.
LAS DEFENSA
Después de fallar ante Ernesto Marcel y coronarse noqueando a Rubén Olivares, el bravo pinolero resolvió a cuatro retadores en la división pluma.
Noqueó en ocho asaltos al venezolano Leonel Hernández en Caracas el 15 de marzo de 1975. Fue una gran demostración de Argüello.
El 31 de mayo, liquidó en dos rounds al panameño Rigoberto Riasco, en Granada. Un combate desigual en todo momento.
Doblegó en el quinto round al fornido y resistente japonés Royal Kobayashi en Tokio el 12 de octubre de ese 1975.
Finalmente, en junio de 1976, noqueó en tres asaltos al mexicano Salvador Torres, en Los Ángeles.