- Un municipio pobre y alejado en Nicaragua vive de las remesas familiares. Los negocios surgen al paso de los dólares y hasta hoy ninguna empresa financiera ha podido convertir parte de ese dinero en ahorro e inversión para el desarrollo de comunidades que están abandonando la agricultura a medida que hombres y mujeres emigran a Costa Rica y Estados Unidos
Douglas Carcache
Los domingos por la tarde, Rosalío Pichardo sube al cerro Flor Blanca, seguido por 15 ó 20 personas; y cuando llegan a la cima, él enciende tres teléfonos celulares y empieza a comunicar a los vecinos del valle San Antonio con sus familiares en Costa Rica.
Al bajar de la loma, Rosalío puede traer en sus bolsillos hasta 500 córdobas, porque cobra 12 córdobas por cada minuto de comunicación y sus clientes suelen hablar un mínimo de tres minutos.
Más de 700 mil dólares en remesas familiares entran cada año al municipio de El Sauce, en el occidente de Nicaragua, donde habitan 32 mil personas en apenas 700 kilómetros cuadrados de territorio, el 0.54 por ciento del área total de Nicaragua.
Los negocios aparecen detrás de los dólares que corren cada semana y algunas microfinancieras sólo han hecho cálculos de las ventajas de reorientar remesas hacia el ahorro y el crédito productivo. Nada más. “Hemos querido hacer una caja rural, una especie de banquito, pero ningún grupo financiero se ha atrevido”, dice el gerente de la Alcaldía sauceña, César Enoc.
Las inversiones en bienes inmuebles son notorias. Los registros de la comuna muestran que el número de propietarios de casas o terrenos, que en el año 2002 eran 2,015, aumentó a 3,153 durante el 2003. Ha crecido 36 por ciento.
UNA NECESIDAD, UN NEGOCIO
Hace tres años Rosalío se topó con el problema de viajar cada fin de semana, de la comarca San Antonio al poblado de El Sauce, para llamar por teléfono a su hija que recién se había ido a trabajar a Costa Rica.
Como esa rutina ponía en riesgo su negocio de tomar fotografías en las fiestas dominicales en las comarcas, este campesino de 50 años decidió comprar un celular que, aún con las dificultades para captar la señal, resultó ser el inicio de un nuevo negocio.
“En el valle San Antonio casi todos tienen gente en Costa Rica y los amigos empezaron a decirme ‘prestame el servicio Chalillo’; entonces, yo ahora les cobro 12 córdobas por minuto y les sale más barato, porque en el teléfono público pagan 42 córdobas por llamada, más el pasaje hasta el pueblo”, explica.
En cambio, si la persona recibe la llamada desde Costa Rica, a Rosalío le dan sólo un córdoba por minuto, por usar el teléfono móvil. “Allá en el cerro se oye nítido”, recalca el hombre que durante tres años ganó lo necesario para instalar un estudio fotográfico pequeño en El Sauce.
La Fundación León 2000, financiera que opera en El Sauce, ya entró en contacto con una cooperativa de Estados Unidos interesada en trasladar remesas desde esa nación, cobrando una comisión fija que podría ser del 10 por ciento, sobre montos de uno a mil dólares.
Pero el propósito de León 2000 es crear un nuevo servicio, en que el receptor de remesas ahorre parte del dinero que le mandan los familiares, en vez de usarlo todo para el consumo, como suele suceder ahora, explica Juan Gómez, su administrador financiero.
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que el 60 por ciento de las familias que reciben remesas en El Sauce, tienen entre tres y seis parientes en el extranjero, más en Costa Rica.
ACARREAN HASTA COMIDA
Los martes, el joven Mauricio Hernández va de casa en casa en El Sauce, entregando dinero, paquetes y hasta mensajes a familiares de nicaragüenses que trabajan en Costa Rica. Él es empleado de la agencia Viajes y Encomiendas Jorge Salinas, un negocio asentado en León y creado hace seis años por un contador desempleado que, desde entonces, viaja cada semana al país vecino para traer remesas.
La oficina de Hernández en la calle central de El Sauce, es de madera y apenas cuenta con un escritorio viejo y tres sillas. Allí, además de repartir remesas, tramita pasaportes y gestiona visas de Costa Rica.
Jorge Salinas, fundador y dueño de la agencia, sale cada jueves hacia la capital costarricense para recoger dinero, alimentos, ropa, artefactos eléctricos y hasta muebles que los migrantes envían a sus parientes.
De Costa Rica, los nicas “mandan hasta comida, arroz y frijoles; televisores, refrigeradoras o juegos de sofá que compran al crédito o que a veces los patrones les regalan”, cuenta Salinas.
La gente de El Sauce valora este servicio de entregas, porque reciben los paquetes en su casa y a un precio menor con relación a empresas grandes, ya que Salinas cobra cien córdobas (US$6.25) por llevarles un maletín de ropa o 500 córdobas (US$31.25) por una refrigeradora, independiente de cuántos kilos pesa.
UN NEGOCIO EMPUJA AL OTRO
Mauricio Hernández dice que él visita 20 ó 25 casas por semana, haciendo entregas, cada vez a familias distintas. También estima que 15 ó 18 personas viajan por semana a Costa Rica, la mayoría campesinos.
La agencia de Salinas cobra ocho dólares por cada cien dólares que traslada, mientras las empresas grandes exigen una comisión de diez dólares por llevar la misma cantidad a El Sauce, sin entregarlas en cada casa.
Dos o tres personas más se dedican al mismo negocio informal, compitiendo con Salinas en el mismo municipio. La gente los llama “mochileros”. Sin embargo, quien controla este mercado es una subsidiaria de Western Union.
En otros municipios nicaragüenses acaba de surgir una nueva opción, porque el Fondo Latinoamericano de Desarrollo (Folade) empezó a trasladar remesas desde Costa Rica, a través de 78 oficinas de microfinancieras nacionales, cobrando una comisión del seis por ciento.
En abril realizaron un promedio de 300 operaciones, que sumaron un monto de 21 mil dólares, ya que el promedio de cada remesa fue de 70 dólares, dijo Marcelo Mayorga, directivo de Folade.
Ricardo Castellón, quien dirigió la última encuesta de la FAO, estima que hay un mínimo de 1,200 sauceños trabajando de forma permanente en el extranjero, además de 1,500 que van y vienen entre El Sauce, El Salvador y Costa Rica.
La muestra de la FAO indica que más de 500 familias de ese municipio reciben remesas. Sin embargo, “como no es un censo, yo estimaría un 50 por ciento más”, señala Castellón. Si fueran mil familias y cada una tuviera un promedio de seis personas, los beneficiarios serían seis mil, más del 18 por ciento de la población.
La Caja Rural Nacional (Caruna) encargó su propio estudio y detectó que cuatro de cada diez familias campesinas del occidente reciben un promedio de 60 dólares por mes del extranjero. Por eso entró hace dos años al negocio de transferir remesas y éste le ha permitido ofrecer más préstamos a la gente de Somotillo, a 40 kilómetros de El Sauce, informó el presidente de la institución, Ariel Bucardo.
La idea se le ocurrió a Bucardo un día que visitaba la comarca donde él nació, Las Mercedes, en El Sauce. Después de pasar saludando por varias casas, se percató que 59 parientes suyos habían emigrado.
“Las remesas son un negocio enorme —dice Bucardo—. Además, nos dejan negocios colaterales, hay gente que se acerca a nosotros por las remesas, es una forma de atraer clientes… Varios clientes han entrado a la cooperativa por la vía de las remesas”.
Caruna trasladó 1.9 millones de dólares en remesas hacia Somotillo durante el año 2003, ganando un dólar por cada cien dólares, ya que nueve dólares le quedan a la empresa Western Union, la que le dio la concesión en ese municipio.
MIL DOLARES ES NADA
Los miércoles son buenos para el negocio de María Elena Machado. Es propietaria de un bus y un camioncito que trasladan pasajeros y carga del poblado de El Sauce a las comarcas San Antonio, Hato Viejo, La Joya y San Martín. Ese día la gente del campo viaja al pueblo y se abastece, porque también reciben remesas.
“Comprar mil dólares aquí no es problema un miércoles —dice María Elena con entusiasmo—. La gente paga en dólares hasta en las pulperías”.
Una traba para los sauceños es la falta de bancos en su municipio. Los jubilados y los maestros sólo pueden cambiar los cheques en León, la ciudad situada a 87 kilómetros, o en pulperías de El Sauce que les cobran 30 ó 50 córdobas por cada mil.
“Es un problema serio que allí no haya banco”, comenta Juan Gómez, de la Fundación León 2000. “Manejar remesas requiere seguridad y nosotros no tenemos ni siquiera caja en ese pueblo”.
Es probable que a finales de este año esa fundación dé a los sauceños la posibilidad de ahorrar con seguridad parte de sus remesas, porque de los 280 clientes que financia en El Sauce, al menos 28 reciben dinero constante del extranjero. Los créditos, que han sido para microempresas, mejoramiento de fincas y consumo, aumentarían si los clientes y el ahorro crecen.
Ricardo Castellón estima que 750 mil dólares, como mínimo, entran a El Sauce cada año por los canales formales de remesas. Aunque al sumar los envíos de bolsillo, que no registra ninguna institución, “es posible pensar en poco más de un millón de dólares”.
CON LA MIRADA HACIA AFUERA
“En esas comarcas la gente ya no quiere saber nada de la agricultura”, asegura María Elena. Sin embargo, a Costa Rica y a Estados Unidos van a realizar actividades agropecuarias. Este año 17 sauceños partieron a Pennsylvania, con visas de trabajo, para hacer cultivos de grama durante nueve meses en la empresa de un hombre que identificaron como Tim Gore.
Vicente Álvarez tiene 60 años y estuvo trabajando en esa empresa de Pennsylvania durante el 2003. Con sus ahorros compró un bus, en el que ahora traslada estudiantes en El Sauce.
Nelly Centeno, una mujer joven graduada en administración de empresas, también fue a sembrar grama a Pennsylvania en abril del 2002, junto a otras nueve personas de El Sauce. Volvió a Nicaragua a finales de ese año y en el 2003 viajó de nuevo a Estados Unidos. Recién compró una casa y pronto abrirá una ferretería en su pueblo natal.
La multiplicación de las remesas es equivalente a 1.78 dólares, o sea que cada dólar enviado por los migrantes genera un promedio de 78 centavos adicionales, explica Ricardo Castellón, basándose en experiencias de comunidades de México.
Otros trabajadores de El Sauce van cada año, durante seis meses, a recolectar miel de abejas en diferentes lugares de Estados Unidos, confirmó el funcionario municipal César Enoc. Los sauceños igual son contratados para la producción de miel en El Salvador.
En el bus que sale cada mañana de El Sauce hacia el poblado fronterizo de El Guasaule, “a veces van hasta 30 personas rumbo a El Salvador”, la nueva meca de los migrantes del occidente de Nicaragua, afirma María Elena Machado.
En El Salvador viven entre 30 mil y 50 mil nicaragüenses, que han emigrado a ese país para trabajar, sobre todo en obras de construcción, dijeron fuentes del Gobierno en Managua.
LA INVERSION QUE AGUARDA
De cada cien dólares que mandan los migrantes a Nicaragua, sólo ocho dólares en promedio son destinados a la inversión. El resto, 92 dólares, los consumen las familias en alimentos, educación, salud o ropa, estima la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Micro-finanzas (Asomif).
La parte de la inversión se divide en 3.8 dólares para negocios, 2.9 para vivienda y 1.4 para ahorro, ha explicado Alfredo Alaniz, presidente de Asomif. La inversión puede ser mayor si las familias consumen sólo el 75 por ciento del dinero, como calcula Caruna después de dos años de tratar con ellas.
El 74.8 por ciento de los encuestados por la FAO dijeron que están dispuestos a dar un aporte de sus remesas, para crear un fondo y hacer mejoras sociales en comarcas y barrios de El Sauce.
El 51.6 por ciento respondió que podían dar un dólar y el 19.4 por ciento se apuntó a donar dos dólares por cada envío recibido. En base a esta encuesta “es posible proyectar un aporte de las familias remesantes de alrededor de 75 mil dólares anuales”, sólo para el desarrollo local de El Sauce, indica el informe de la FAO.
Caruna pretende llevar remesas familiares a más municipios y captar parte de ese dinero como ahorro, ya que es una de las pocas financieras pequeñas del país con autorización para guardar dinero del público. “Nos gustaría estar de manera directa, pero no es tan fácil”, dice Ariel Bucardo. “En red con otras microfinancieras podríamos ofrecer un paquete completo: traslado, ahorro, crédito; y bajar la comisión de la remesa al seis por ciento”.
Pero van con cautela. “Necesitamos encontrar un mecanismo de seguridad”, reconoce Bucardo.
Si aceptaran como garantía de crédito el historial de remesas que recibe una persona, “los productores de El Sauce tendrían acceso a recursos de inversión productiva que, actualmente, no pueden sacar de las remesas debido al monto pequeño de éstas”, opina Ricardo Castellón.
El negocio es de doble entrada para cualquier financiera, afirma el especialista de la FAO. “Por un lado, el cobro de la transferencia de la remesa; y por otro, el cobro de los intereses de los créditos colocados entre productores que autoricen el débito de sus cuotas de las remesas que reciben”.
Una persona en un país como Nicaragua tiene más probabilidades de perder el empleo en la economía local, que perder una remesa procedente de Estados Unidos, han dicho funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al sugerir a los bancos comerciales que consideren como clientes a quienes reciben dinero de familiares en el exterior.
Sin embargo, los bancos tienden a retirarse de los municipios pobres y las microfinancieras necesitan que el Poder Legislativo les autorice captar ahorro del público, bajo la supervisión del Estado, para poder capitalizar parte de las remesas familiares y aumentar la inversión en el área rural.
Folade también analiza la posibilidad de que las microfinancieras hagan alianzas con algún banco para recibir ahorros procedentes de remesas y guardarlos en el banco, explica Marcelo Mayorga.
Los dólares están goteando cada día y circulan entre los negocios locales. Siete de cada diez personas encuestadas por la FAO en El Sauce, dijeron que hacen sus compras en el mismo municipio. Sólo dos gastan el dinero en la comarca donde viven. Las empresas que llevan las remesas a la zona, perciben al año unos 70 mil dólares en comisiones.
“Nuestras metas son bajar el costo de las remesas y captar ahorro para la inversión”, dijo Mayorga, quien estima que abrirán 20 ventanillas más de Folade, entre éstas una en El Sauce, donde el problema, para ellos ha sido la comunicación, por teléfono y radio, ya que es un poblado rodeado de montañas.
PAGUE ALLA
Organismos internacionales y empresas privadas tratan de establecer la posibilidad de que los emigrantes puedan comprar una casa en Nicaragua y pagarla en Estados Unidos, donde viven y trabajan, informó el ministro de Hacienda, Eduardo Montiel. “Ese es el tipo de cosas que deberíamos incentivar”, expresó, porque las remesas familiares pueden crear cierta “dependencia peligrosa” entre quienes las reciben, si las usan más para el consumo que para mejorar la calidad de vida.
AGRICULTURA LIMITADA
De los seis hijos de María Esperanza Toruño y Alejandro Ruiz, cuatro permanecen en Costa Rica y dos van y vienen entre El Sauce y San José. En un período de cinco años, ya construyeron una casa y comenzaron a levantar la segunda.
Alejandro cría dos vacas y cultiva maíz y sorgo para el consumo familiar, en una finca de cinco manzanas. María Esperanza cuida a los nietos. Los dos afirman que en su casa hay alimentos todos los días, más por el dinero que reciben de Costa Rica que por los productos de la finca. “La agricultura en esta zona es pésima, no hay préstamos”, afirma Alejandro.
“No podemos producir más si no tenemos dinero”, añade. Ellos vivían en el campo, en Los Talolos, hasta que las remesas de sus hijos les permitieron hacer la casa en El Sauce, el centro urbano más cercano.
La FAO estima que en el municipio de El Sauce la agricultura se concentra en un área productiva de 21 mil 729 manzanas, que representa el 25.7 por ciento del total de tierras ocupadas con alguna intención económica. Lo que más siembran es maíz, frijoles y sorgo, logrando cosechas de ocho hasta 25 quintales por manzana.
UNA DECADA, UNA CASA
Léster Hernández, el marido de Francisca Rivas Quiroz, tiene once años de trabajar en Costa Rica y su principal ahorro, 17 mil córdobas (US$1,100), le sirvió hace un año para comprar una casa en el poblado de El Sauce.
Ellos vivían en la comarca Santa Lucía, donde Léster trabajaba “al machete” y apenas ganaba para comprar la comida. Dejó a su mujer y sus tres hijos y se fue a rodar a Costa Rica, de hacienda en hacienda, hasta que hace cinco años se estableció como guarda de seguridad en la ciudad de San José.
Su hija mayor ya cumplió 15 años y pronto concluirá los estudios secundarios en El Sauce. Francisca se dedica al cuido de los niños y administra los 60 dólares, en promedio, que le manda Léster cada mes.