Problema del combustible contamina la economía

Víctor Ayala G.

Las voces que auguran que los resultados macroeconómicos esperados por el Gobierno para el año 2004 no serán cumplidos, son cada vez crecientes.

Resulta que la economía nicaragüense es altamente dependiente del petróleo. Sólo la energía es dependiente en más del 80 por ciento. Es lamentable. Ya no digamos el desastre que provoca el aumento de un córdoba más en el precio del galón de gasolina o diesel.

La influencia del petróleo y sus derivados en la cadena de producción-distribución de los bienes hace que éstos se vuelvan volátiles, obviamente hacia arriba, porque los precios son los únicos que no cumplen la ley de la gravedad. Igual ocurre con los servicios. En otras palabras, el combustible, cuyo precio está determinado por el mercado internacional, más el impuesto aplicado a la importación, distribución y venta, viene a ser un determinante para que el costo de los bienes y servicios que miden el Índice de Precio al Consumidor (IPC) aumenten, y por consiguiente del incremento de los índices inflacionarios.

El petróleo en Nicaragua tiene un arma de doble filo. Por un lado afecta a los precios, a la inflación, y como es dinero que tiene que pagarse en concepto de importación (dinero que sale del país), éste escasea.

Muchos dirán que un aumento en la inflación de más del cuatro por ciento en el primer cuatrimestre, implicaría que cerraríamos el año en 12 por ciento, casi el doble del año pasado. Lo que induce a pensar que un 12 por ciento no hace creer que termine con la recesión económica. Al contrario, el dinero continúa escaseando porque los precios del IPC siguen incrementando.

A sopesar por el último informe —a febrero— del Índice Mensual de la Actividad Económica (IMAE), donde sectores al fin despiertan como sinónimo que estamos saliendo de la crisis; este año, pues, vendría a ser como el inicio del despegue de las actividades agrícolas e industria que influyen suficientemente en el grado de desarrollo del Producto Interno Bruto (PIB) anual. Hay que recordar que esta salida no obedece a decisiones de política interna, sino a meras razones del comportamiento cíclico de la economía regional y mundial. Por consiguiente, el petróleo, siendo nuestra economía satélite, dará mucho qué hablar a economistas y expertos.

El tema del combustible, que viene a ser como la luz roja del “detente” (“no procure pasar porque todavía no está la luz verde”) de la economía, es para preocupar al gobernante, funcionarios y ciudadanía en general. Quizás la debacle nuevamente no sea tan desastrosa como muchos políticos quisieran, pero sí perjudicará el desarrollo del IMAE, si pensamos que la producción y la economía se mueve a base de motores que son puestos en marcha por derivados del petróleo.

Aunque el Fondo Monetario Internacional (FMI), asegure que la subida del precio del petróleo “no es alarmante”, lo cierto es que por cada dólar de más que se paga por barril es un efecto negativo para nuestra dependiente economía.

No es nada novedoso lo que estoy afirmando. Pero me detuve a hacer este análisis porque la economía venía con buen desempeño durante el primer trimestre, exceptuando el aumento de la inflación. Pero habrá que observar en los próximos meses resultados desalentadores que van más allá de la perspectiva de nación en materia económica.

Ahora se abre otra discusión que hay que poner sobre el tapete. Y es que Nicaragua es un país con los mejores recursos que proveen energía alterna, tal es el caso de la geotermia y eólica. ¿Por qué, tantos años después, no se ha querido comprometer continuar con el desarrollo de este sector económico, si se considera que el petróleo continuará su tendencia alcista aún si se terminara hoy la guerra en Irak y el problema con Venezuela debido a que éste escasea? Siempre hay un buen comienzo y nunca es demasiado tarde.

El autor es economista y periodista

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