“Convencido de que no cometí crimen alguno, busqué ayuda por fuera del Ejército”, declaró ayer Camilo Mejía, el soldado nicaragüense-costarricense que es procesado por una Corte Militar por desertar de su unidad en Irak.

“Tuve problemas en Irak”, asegura Camilo Mejía

Soldado nicaragüense-costarricense testificó ayer en el proceso que le siguen por deserción Russ Bynum/AP FORT STEWART, GEORGIA, EE.UU.- Un soldado costarricense enjuiciado por deserción, dijo ayer jueves en la Corte que el Ejército lo debería haber dado de baja bajo el reglamento de la Guardia Nacional, ya que no es ciudadano estadounidense. El sargento Camilo […]

  • Soldado nicaragüense-costarricense testificó ayer en el proceso que le siguen por deserción

Russ Bynum/AP

FORT STEWART, GEORGIA, EE.UU.- Un soldado costarricense enjuiciado por deserción, dijo ayer jueves en la Corte que el Ejército lo debería haber dado de baja bajo el reglamento de la Guardia Nacional, ya que no es ciudadano estadounidense.

El sargento Camilo Mejía, de nacionalidad costarricense y soldado de infantería de la Guardia Nacional de la Florida, está acusado de deserción por no volver a su unidad en Irak después de un permiso de dos semanas en octubre. Mejía dijo anteriormente que buscó asesoría legal para declararse objetor de conciencia.

“Pensé que tenía todo el derecho a ser dado de baja, pero el Ejército, por alguna razón, no quiere respetar la Ley Militar”, dijo Mejía.

Mejía, de 28 años, enfrenta un año de prisión y baja por mala conducta si lo declaran culpable de deserción. La Ley Militar define la deserción como dejar el Ejército sin intención de regresar, o para “evitar un deber peligroso o eludir un servicio importante”. El soldado entró al Ejército en 1995 y se unió a la Guardia Nacional en 1998.

Mejía, que no es ciudadano estadounidense, dice tener doble nacionalidad, de Costa Rica y Nicaragua.

El soldado señaló en su testimonio que varios oficiales de la Guardia Nacional de Florida le hablaron sobre una regulación en la que los soldados que no son ciudadanos estadounidenses deben ser dados de baja tras ocho años.

Los abogados trataron de presentar pruebas sobre esa norma, pero el juez no lo aceptó.

“TUVE PROBLEMAS”

Mejía también señaló que su experiencia en la guerra lo convenció de que no quería combatir más.

“Tuve problemas en Irak”, dijo Mejía. “No creo que tenga derecho a hablar de muchas cosas aquí, pero no estaba de acuerdo con muchas cosas”.

Mejía había señalado anteriormente que estaba perturbado al ver civiles heridos por disparos durante una emboscada contra su unidad. También se refirió a la muerte de un niño iraquí en medio de una discusión sobre qué médico militar debería tratarlo.

En su solicitud de convertirse en un objetor de conciencia, entregada el 16 de marzo, también señaló que vio a presos iraquíes ser tratados con crueldad en mayo.

Mejía dijo que a los detenidos les vendaban los ojos y los privaban de sueño, a veces durante 48 horas. A veces, señaló, los soldados golpeaban las paredes para que los prisioneros no durmieran, o recargaban una pistola “cerca de su oreja”.

Poco antes de su testimonio, un fiscal dijo al jurado militar que Mejía se alejó de su unidad cuando ésta lo necesitaba más.

“Se trata de un jefe de pelotón que abandonó a sus hombres cuando más lo necesitaban”, dijo el capitán A.J. Balbo, fiscal principal, en su declaración al abrir la sesión.

Dijo que la unidad de Mejía, el 124vo Régimen de Infantería del 1er Batallón de Fort Stewart, recibió misiones peligrosas, como patrullar los retenes, suministrar seguridad y efectuar redadas. “Fueron atacados. Hubo muertos”.

DECEPCIÓN Y CONFIANZA

Tres soldados que sirvieron bajo Mejía declararon que era un jefe competente que mantenía la calma durante redadas, emboscadas y misiones de combate.

El suboficial Oliver Pérez reconoció estar decepcionado cuando Mejía se fue y nunca retornó. “No creo que fuera un buen ejemplo, no. Fue un golpe”.

Sin embargo, Pérez dijo que “todavía confiaría en él con mi vida”.

El jefe inmediato de Mejía, el capitán Tad Warfel, único testigo de los fiscales, dijo que poco después de que Mejía no retornara en octubre, los ataques contra la unidad incrementaron.

La unidad desplegada en Ramadí partió con 131 soldados y volvió con 95. La mayoría de los que no regresaron fueron heridos por explosivos, disparos o metralla.

La petición de Mejía de ser declarado objetor de conciencia sigue en trámite.

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