Delfines, los cetáceos inteligentes

Rolando Brenes Castro*

Los delfines son conocidos por los humanos desde la antigüedad por su inquietante capacidad para aprender y por su extraordinario comportamiento. Pero aunque son admirados por grandes y niños, sufren los rigores de la civilización y no son ajenos al peligro de extinción, en la actualidad hay una treintena de especies de delfines oceánicos y unas cinco especies de delfines de río.

Los delfines son mamíferos, amamantan a sus crías y son el resultado de un largo proceso evolutivo que según los expertos comenzó con criaturas terrestres. Hay otra característica importante de esta especie: a diferencia de los peces, y al igual que sus primas las ballenas, necesitan respirar aire. Pueden alcanzar velocidades impresionantes de hasta 50 Km/hora y una velocidad “crucero” de 25 a 30 Km/hora. Son excelentes nadadores y buceadores; llegan a bajar más de doscientos metros pero normalmente no sobrepasan los treinta.

Duermen de tres a cuatro horas en un ciclo diario, normalmente de noche, mostrando una continua actividad en el resto del período, ya sea jugando, cazando o simplemente desplazándose de un lugar a otro. Son tremendamente solidarios, y no suelen abandonar a un compañero herido o enfermo; en caso de ataque de un depredador mayor, dispondrán tácticas defensivas en equipo para evitar tal agresión.

Tienen numerosos dientes en sus mandíbulas superior e inferior, pero no son utilizados para masticar; estos mamíferos, sujetan y tragan su alimento, entero. El tipo de comida varía según la especie, desde diferentes tipos de peces hasta cefalópodos; se calcula que pueden comer alrededor de un 10 por ciento de su peso en un ciclo diario y probablemente repartido en varias comidas.

Estos increíbles cetáceos utilizan una técnica de sonar para poder “ver” a través de sus oídos, ya que por la posición de sus ojos les impide ver de frente, este sistema de comunicación lo utilizan no sólo para cazar sino también para conocer a sus congéneres, detectar depredadores, orientarse en el mar. El delfín, y otros miembros del suborden de los odontocetos, o cetáceos con dientes, pueden determinar no sólo la distancia y el rumbo, sino también el tamaño, la forma, la textura y la densidad de los objetos.

El sistema de comunicación de estos animales, es realmente complejo. La emisión de sonidos, también llamados “clics”, se mueven entre una banda de 18,000 a 150,000 hertzios, con una media de 30 “clics” por segundo, pudiendo llegar a alcanzar más de mil; mientras el sonido devuelto sea más agudo, la imagen será más clara. Los “clics” provienen de unas bolsas de aire situadas bajo el espiráculo y son el resultado de vibraciones de los bordes de su orificio nasal. Un órgano llamado melón formado por una grasa semi-líquida es el encargado de emitir estos sonidos hacia delante, a modo de proyector; asimismo las resonancias recibidas son conducidas hasta el oído interno a través de un canal aceitoso situado en la mandíbula inferior, y de ahí al cerebro medio inferior y cortex cerebral, donde se interpretará la información.

Los machos tienen dos aberturas longitudinales siendo la más cercana a la cola el ano y la siguiente la cavidad genital. Las hembras tienen las mismas aberturas pero están más cercanas entre sí, prácticamente no se aprecia distanciamiento alguno, y a cada lado de la cavidad genital se encuentran dos pequeños pliegues que son donde se ocultan las mamas.

No existe una época de celo concreta, aunque en primavera se dan picos más altos. El acoplamiento se realiza cuando el delfín macho curva su cola bajo el vientre de la hembra, introduciendo su sexo en la cavidad genital de ella. Es fácil encontrar en estos animales pequeñas cicatrices producidas por los roces en los momentos de juego amoroso, siendo algunas de estas mordidas muy características.

La Marina de los Estados Unidos utiliza delfines adiestrados desde 1960, cinco años mas tarde comenzó el programa denominado “See Lab II”. En la guerra de Vietnam fueron utilizados en misiones de vigilancia y ataque a embarcaciones enemigas, también se utilizaron para localizar proyectiles de entrenamiento, dando muy buenos resultados. En el puerto de Un Qasar fueron empleados para la desactivación de minas submarinas. El entrenamiento de estos cetáceos se lleva a cabo en el centro de investigación de mamíferos de la Armada, en Point Loma, San Diego, California.

* El autor es periodista.
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