Edgard Rodríguez C.
Nadie ha puesto en duda las habilidades del cubano José Ariel Contreras. Sin embargo, su firmeza temperamental ha estado bajo escrutinio tras el terrible inicio experimentado este año con los Yanquis.
Algunas de esas interrogantes que han emergido sobre su estabilidad, fueron resueltas el miércoles cuando mantuvo bajo control a Oakland, una tropa de peligro comprobado en su alineación. Pero falta.
Antes de esa saludable incursión al box, Contreras mostraba 10.64 en efectividad y había cedido 13 carreras y 17 hits en 11 innings. Sus tres aperturas, se tradujeron en tres explosiones y violentas.
No obstante, ante los Atléticos, que aún sin Miguel Tejada, conservan una buena cuota de agresividad y poder, se le vio como lo que es: un carabinero consumado, con control del juego y de sus emociones.
Pero Contreras tiene que estar consciente que necesita de más trabajos como el que hizo ante los Atléticos. No sólo porque devenga una gran cantidad de millones, sino porque su prestigio está en juego.
Y si además de sus habilidades, hay otro aspecto en el que Contreras destaca, es en su ética de trabajo. Mientras permaneció en Nicaragua en el receso de temporada, no dejó de entrenar un solo día.
Incluso, tras sus explosiones ante Boston, estuvo trabajando en el bull pen con el coach Mel Stottlemyre y se concluyó que no debía elevar el brazo sobre su cabeza al hacer el windup. Y parece que resultó.
José Ariel es un hombre fuerte, con disparos capaces de moverse hasta 98 millas, con un slider terrible y sobre todo una bola de tenedor que verdaderamente devasta. Sin olvidar su cambio, que saca de ritmo.
Pero además a través de su brillante historial dentro y fuera de Cuba, demostró que sabe hacer uso de sus recursos. Durante nueve años fue el brazo más importante de su país y el beisbol cubano es respetado.
Sin embargo, lo esencial será lo que haga ahora, justo cuando necesita poner los hechos a la par de las expectativas. Y uno tiene la impresión que ha comenzado a hacerlo.