Francisco Talavera N.
Me ha llamado mucho la atención la preocupación del Gobierno de Estados Unidos, vertida a través de su embajadora en Nicaragua, referente a la salud de nuestro planeta con motivo del Día de la Tierra, en donde a la vez se felicitan por el “profundo compromiso (…) con la preservación de la riqueza y la belleza de la tierra” del Gobierno que ella representa.
De ser así, me pregunto, ¿por qué el presidente Bush se ha negado y se sigue negando a firmar el Protocolo de Kioto, ratificado ya por más de cien países del mundo?
Es bien sabido que los grandes contaminantes de la tierra, los que destruyen el medio ambiente y la capa de ozono provienen de los países altamente industrializados con Estados Unidos a la cabeza, el que para el año 2000, fecha en que decidieron no ratificar el Protocolo, habían incrementado sus emisiones nocivas en un 18 por ciento con respecto a las emitidas en 1990.
Esto se debe al poco control que se le da al uso de combustibles fósiles, petróleo y carbón, mal arrastrado desde el Gobierno del presidente Clinton que liberó a la industria automovilística de la restricción impuesta por el gobierno de Ronald Reagan en 1987, en lo que respecta al consumo de combustible para los vehículos que fabricaban y que ha tenido continuidad en la presente administración.
¿Será que las grandes corporaciones, el gran capital, que son los que verdaderamente mandan en Estados Unidos y resultarían mayormente perjudicados, se lo impiden?