Los partidos deben renovarse

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Los partidos deben renovarse





LA PRENSA publicó recientemente una excelente entrevista con el ex Presidente de El Salvador, Armando Calderón Sol, en la que el eminente político salvadoreño se refiere entre otras cosas a la necesidad de renovación de los partidos. Y esto en Nicaragua tiene una importancia particular, porque el mal fundamental de la política nicaragüense que se ha irradiado como metástasis perversa a toda la institucionalidad y a la sociedad en términos generales, es precisamente el caciquismo partidista.

“El partido no responde a un liderazgo histórico, pegado, continuo, sino que renueva sus mandos, renueva sus dirigencias”, aseguró Calderón Sol refiriéndose al partido Arena, que acaba de ganar la cuarta elección nacional consecutiva.

“Los partidos políticos en toda América Latina están pasando por una crisis de liderazgo, porque hay una pretensión de continuidad de la dirigencia y de caudillismo. Políticos de hace veinte años no se van todavía. ¿Y qué esperan para irse? ¿La tumba o qué? El político tiene que concluir su posición y abrir espacios a la renovación, a la evolución, a la gente joven y mejor preparada. Ésa es la posición de modernidad que demandan nuestros países”, enfatizó el ex Presidente salvadoreño, quien agregó que “necesitamos ser más abiertos e incluyentes, no podemos ser partidos excluyentes, verticales, incomunicativos; tenemos que ser partidos abiertos, participativos, democráticos… un partido no es propiedad de nadie”.

Sin querer o de manera preconcebida, Calderón Sol retrató con absoluta fidelidad a los principales partidos de Nicaragua: al PLC que es manejado como si fuera su propiedad familiar por el doctor Arnoldo Alemán y el FSLN que ha sido privatizado por su comandante Daniel Ortega, y ambos caciques rodeados por camarillas de incondicionales que por razones obvias estrangulan cualquier intento de cambio y renovación en sus partidos.

En realidad, las declaraciones de Calderón Sol debieron haber sido reproducidas en centenares de miles de copias por alguna de las entidades que se dedican a promover la cultura democrática en Nicaragua, para distribuirlas entre las bases del PLC y del FSLN, principalmente, pero también de todos los demás partidos y de la ciudadanía en general.

Como hemos dicho en otras ocasiones, la democracia auténtica sólo puede funcionar a base de un sistema pluralista de partidos que también sean internamente democráticos, que compiten libremente para conseguir el respaldo de los ciudadanos de la misma manera que en el mercado las distintas marcas y productos disputan —a base de la mejor oferta de calidad, contenido y forma— por conquistar la preferencia de los usuarios y consumidores.

La democracia, para facilitar los consensos políticos y sociales concede diversas prerrogativas a los partidos y a sus dirigentes, porque ellos son los intermediarios por excelencia entre los ciudadanos y el poder político. Al respecto, la Ley Electoral de Nicaragua define a los partidos políticos como “personas jurídicas de derecho público constituidos por ciudadanos nicaragüenses”. Y el artículo 55 de la Constitución Política de la República establece que los partidos se organizan: “Con el fin de participar, ejercer y optar al poder”.

Pero a cambio de esos privilegios jurídicos y políticos, a los que hay que sumar las prerrogativas materiales y particularmente el financiamiento de sus campañas electorales según las regulaciones de la Ley, el sistema democrático les exige a los partidos y a sus dirigentes responsabilidad política, pues de otra manera no funciona correctamente la democracia y el país cae en la inestabilidad institucional y la corrupción, tal como está ocurriendo en la actualidad.

Reiteradamente hemos dicho que los graves problemas que sufre la nación y que alguna y cada vez más gente considera erróneamente que se deben al supuesto fracaso de la democracia, radican en realidad en la incapacidad de renovación y superación intelectual y ética de los políticos de todas las tendencias ideológicas, sobre todo de los partidos mayoritarios que por eso mismo son los que tienen mayor responsabilidad.

Pero eso únicamente se podrá cambiar cuando los partidos cambien a entidades modernas, dinámicas, eficaces y transparentes. Lo que a su vez sólo se lograría si las bases y las dirigencias intermedias de los partidos, principalmente del PLC y el FSLN, se insurreccionan de manera cívica contra sus caudillos corruptos, y los destituyen de una vez por todas.

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