Elioconda Cardoza
¡Que su ejemplo y su memoria vivan siempre en su pueblo!
Hace pocos visité Nueva Orleáns, la importante ciudad y centro cultural del estado de Luisiana, Estados Unidos de Norteamérica. Allí hay mucho más que sabor francés y Mardi Gras. La historia le imprime a Nueva Orleáns sus características y la convierten en una ciudad que no pasa inadvertida para el visitante latinoamericano que se identifica inmediatamente con esas raíces culturales.
El antiguo territorio de Luisiana se extendía desde los grandes lagos del norte hasta el Golfo de México. En 1519 el español Álvarez de Pineda descubrió su litoral y a pesar de subsiguientes expediciones de Hernández Soto y Vázquez de Coronado, los españoles se desentendieron del territorio. En 1682, René Roberte Cavelier, Sieur de la Salle, tomó posesión en nombre de Luis XIV y empezó la colonización francesa. Durante la guerra entre España y Francia los españoles ocuparon Pensacola en 1721. Tras la guerra de los siete años, Francia cedió a Gran Bretaña la parte al este del Mississippi en 1763, compensándole así la pérdida de la Florida. En 1800 la colonia fue devuelta a Francia y en 1803 Napoleón la vendió a Estados Unidos. Actualmente el estado ocupa una menor extensión en el sudoeste central. En sus costas en el Golfo de México se forman varios lagos: Catherine, Maurepas y Pontchartrain y está la desembocadura del Río Mississippi.
Es por esa historia que French Quarter, el barrio francés de Nueva Orleáns, es un sitio que refleja las influencias francesas y españolas. La Bourbon es la calle del jazz en donde se amalgaman la cultura festiva del negro con el sabor francés en las mascarillas, los collares, bisutería y atuendos del festival Mardi Grass que celebran en la semana anterior a la Cuaresma. Mi cuello no resistió la profusión de los sugestivos collares de cuentas y los deposité en una bolsa para mi equipaje de souvenires. Fue agradable encontrarme estas mismas cosas en profusión en el mercado francés que, salvando algunas distancias, es como el Mercado Oriental nicaragüense con sus revoltijos. No menos me sorprendió Decateur Street en donde humea el chocolate con donas (roscas) y se ofrecen paseos en coches, tirados por hermosos caballos. De allí a la orilla del caudaloso Mississippi distan sólo unos pasos para tomar un recorrido por el río que inspiró a Mark Twain para escribir la aventuras de Tom Sawyer y para divisar las antiguas plantaciones en donde la esclavitud campeó en el territorio norteamericano y en donde hoy florece el desarrollo económico y humano. Saint Charles es la avenida en donde mejor se muestra el señorío académico de esta ciudad en los campus de las universidades de Loyola y Tulane. En esta última tuve la oportunidad de saludar a nuestro talentoso compatriota, escritor y poeta, doctor Nicasio Urbina, quien es catedrático de planta en la misma.
Aledaño a Nueva Orleáns está el condado de Jefferson Parish con las jóvenes y floreciente ciudades de Metaire y Kenner, en donde la inmigración nicaragüense y hondureña se hace sentir en la vida económica, cultural y política. Tanto así, que en Kenner se notaban los grupos centroamericanos con las pancartas de propaganda para sus candidatos a alcaldes de la ciudad, antes de las elecciones municipales que se realizaron en la primera del corriente mes de marzo. Los candidatos eran: Phil Capitano, concejal del partido republicano en el pasado período y Nick Congemi, jefe de la Policía y hermano del alcalde anterior, del Partido Demócrata. Acompañé a una pariente a emitir su voto, el día de las elecciones. Ella asistió al salir de su trabajo, su documento de identificación fue su licencia y sin más trámites ejerció su derecho al voto. De los cuatro miembros de la mesa, dos eran latinos. Por el noticiario de la noche supe que el ganador fue Capitano del partido republicano. Mi pariente había votado por Congemi, a pesar de ser republicano ella votó por el plan que le pareció mejor para el municipio. La ciudad de Kenner es muy limpia, ordenada y segura. El índice de delincuencia es tan bajo que rara vez se oye una sirena de los carros policiales.
Fue agradable y aleccionador conocer una ciudad norteamericana que me recordó mis raíces tan valiosas y promisorias. Despertó en mí ese orgullo de mi origen latino de ser nicaragüense, a pesar de todo. A pesar de que allí al igual que en toda Norteamérica, del Este al Oeste y del Sur al Norte, se hace sentir la pujanza indiscutible del desarrollo y del capital. A pesar de que nosotros seguimos en el Sur porque somos muy cabeza dura y no le sacamos partido a lo bueno que tenemos. Pero todo es posible, a pesar de todo.
La autora es escritora nicaragüense.