Róger Fischer S.
En Nicaragua se ha manejado con respeto y a distancia a los “gettatores”, o sea esas personas que por motivos desconocidos tienen mala estrella o son portadores de mala suerte. Debido a alguna misteriosa razón, a su alrededor suceden cosas misteriosas, extraordinarias, extrañas, inexplicables y, en algunos casos, pavorosas, horripilantes y hasta espantosas.
La palabra se deriva de las voces en alemán “getan” y “tor” que significa persona con maleficio o maldición. Los primeros “gettatores” han sido los que “salaron” a este país y se les atribuye a los hermanos Contrera, nietos de Pedrarias y asesinos del obispo Valdivieso. Esta maldición corresponde al pecado original en nuestra tierra; sin embargo, antes, el máximo “gettere” fue el almirante Cristóbal Colón, quien confirmó su siniestra suerte al ver o tocar lo que hoy es República Dominicana, Cuba, Honduras y Nicaragua, países que sufren la getta del Descubridor y que no han superado desde entonces esa maldición.
Aquí, se recuerda a personajes que llevan la mala suerte en la yema de sus dedos, en su mirada, o con su presencia misma, que ahuyenta a conocidos o amigos con la facilidad que un tiburón en el mar hace correr a los bañistas.
Al parecer no existe una razón específica por la cual muchas personas nazcan con un maleficio y otros no. La maldición sucede, en la mayoría de los casos, involuntariamente, al elogiar a las víctimas mientras se les mira con envidia.
Yo, sin saberlo me asocié con un “getta” hasta que un gran periodista me hizo saber el origen de mi desgracia. En sólo un mes tuve una hija gravemente enferma en el hospital, perdí un negocio y choqué el carro de la familia. El socio, que era vendedor de ganado, secaba los ríos y el ganado enloquecía. Pusimos una agencia de publicidad de la que tuve que separarme para correr con mejor suerte. El periodista amigo me enseñó la fórmula “antighetta”, consistente en frotarse suavemente una parte izquierda del cuerpo antes y después de saludar a los “torcidos”.
Los políticos siempre han tenido temor al mal agüero. Somoza García usaba amuletos. Luis Somoza huía sin darle la mano a los que él creía que eran “gettatores”. Tacho hijo escondía su talismán en la cartera. En los tiempos actuales algunos consideran a Daniel Ortega un “gettatore”, pues en tres elecciones presidenciales ha perdido igual número de veces. Según un ex publicista del caudillo Ortega, éste viaja a Cuba para hacerse algunas “limpias”, pues también teme a los “gettas”. Ciertos sandinistas dicen que el “getta” es alguien cercano al doctor Alemán y que pertenece a la última generación de sus amigos. Lo real es que el caudillo liberal en sus últimos meses ha tenido una triste y dolorosa suerte que lamento profundamente.
Como es cierto, Ortega tiene cartas a su favor en el poker nacional. También es verdad que Sor María, San Jerónimo y los brujos de Monimbó apoyan al ingeniero Bolaños y de alguna manera han logrado, a pesar de los tropiezos políticos y de la pobreza del país, que el Presidente camine y haga caminar al país. La condonación de la deuda y las crecientes reservas internacionales, la baja en la tasa de intereses para usuarios de los bancos, la imagen de una Nicaragua diferente en medio de la tremolina política y los “gettas” se manifiestan como signos positivos y esperanzadores para el país.
La Asamblea Nacional está considerada como la “caldera del Diablo”. Allí se cuece la mayor parte de las recetas que han desestabilizado a Nicaragua. Los “gettas” han hecho su agosto en la Asamblea, convirtiéndola desde un ring de boxeo y nido de intrigas hasta el plácido lugar donde duermen diputados mudos.
Los algodoneros fueron en su época muy expresivos en su temor a los “gettas”, al extremo de que los familiares “torcidos” eran ahuyentados de las casas y sembradíos de algodón, porque más de alguno terminó con jugosas cosechas y hasta con las plagas que azotaban el oro blanco.
Algunos movimientos contrarios a Somoza finalizaron trágicamente cuando portadores de la “getta” participaron en esas acciones. En los años cincuenta del siglo XX se determinaba con nombre propio a los “gettas” y ellos mismos tenía un complejo difícil de superar.
Los hados malignos ocurrieron con fuerza en Nicaragua a raíz del terremoto de 1972, sucediéndose una serie de hechos que aún a esta fecha inciden en la vida nacional, a través de políticos, maremotos, terremotos, huracanes, guerras y depredadores humanos.
Los “gettas” existen y han existido siempre. La anticorrupción enarbolada por el Gobierno ha hecho mella en la conciencia nacional, provocando admiración y confianza en los países donantes. Aunque hay una confusa atmósfera política promovida por los “gettas”, también es verdad que con fe en los valores nacionales y en el amor que Nicaragua merece, podemos salir adelante.
El autor es publicista.