Nidia Palacios
La muerte es de la vida inseparable hermana.
R. Darío
Nicaragua y en especial León ha perdido a uno de sus hijos más ilustres: don José Jirón Terán. Apasionado investigador de la vida y obra de Darío nos deja un legado de incalculable valor sobre el panida. Leí sus libros y artículos cuando era alumna de la Cátedra Rubén Darío, fundada por el inolvidable profesor chileno de nacimiento y nicaragüense de corazón, el erudito y gran maestro Fidel Coloma, quien enseñó a sus alumnos de la especialidad de español a valorar a Darío en su dimensión colosal de renovador de la lengua española.
A mediado de los ochenta entablamos una amistad que se prolonga hasta hoy. Teníamos en común el amor y la devoción por Darío. Se profundizó nuestra amistad cuando en 1986 nos encontramos todos los días en la Biblioteca del Congreso, en Washington D.C. Yo investigaba sobre la novela nicaragüense y él buscaba incansablemente nuevos datos o artículos sobre el bardo nicaragüense. Su rostro irradiaba felicidad cuando me comentaba sobre sus nuevos hallazgos. Leía, tomaba notas y fotocopiaba, disfrutaba investigando, en una inmensa montaña de libros y papeles.
En ocasión del primer centenario de la publicación de Azul (cuando leímos sendos trabajos en Juigalpa, Managua y León), hablaba y compartía sus profundos conocimientos con otro gran bibliógrafo dariano, el doctor Hensley C. Woodbridge, norteamericano, invitado especial para aquel acontecimiento que tuvo resonancia internacional. La voz de don José Jirón, fuerte y ronca, vibraba de emoción cuando exponía con tono apodíctico sus argumentos y nuevos aportes a la inmensa bibliografía dariana.
Sin ser egresado de ninguna universidad, don José era una cátedra viviente. Por ello, con mucho orgullo la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, con sede en su ciudad natal, León, le otorgó el Doctorado Honoris Causa, y la Academia Nicaragüense de la Lengua lo distinguió como Miembro de Número de esa magna institución.
Sean éstas mis palabras un tributo a la memoria de ese insigne nicaragüense, amigo entrañable, hombre excepcional, un “héroe sin fusil” que deja profunda huella con su palabra escrita.