- Si volviera a nacer, jamás me fumaría un cigarro, expresa Teté López, quien comenzó con el vicio estando en el colegio y hoy es víctima del cáncer de pulmón
Jehú Hernández Sandoval
Un grupo de jovencitas se reunía en una esquina todas las mañanas a esperar el autobús que las llevaría al Colegio Francés, en Granada. Entre los juegos que cada una proponía con el objetivo de pasarla bien, surgió uno que sin saberlo, o más bien sin proponérselo, las marcaría para el resto de sus vidas.
El jueguito consistía en encender un cigarro y pasarlo de una en una dando un sorbo que al inicio les pareció desagradable, pero que después les comenzó a gustar. Transcurría la década de los años cuarenta y los cigarros se vendían aún sin filtro.
El ritual matutino no pasaba de ser una diversión, pero en el fondo, según revela doña Teté López Solórzano, integrante de aquel grupo de jovencitas y que ahora tiene 68 años, querían sentirse adultas, más interesantes, experimentar con algo nuevo. Querían dar un salto precipitado hacia la vida adulta.
En un momento que le pareció oportuno le confesó a su madre que fumaba, a su padre jamás “porque era enemigo acérrimo del cigarro”. “Mamá, yo no puedo seguir botando mis cigarritos cuando te veo venir, así que quiero que sepás que fumo”, le habría dicho en aquella oportunidad, cuando apenas cursaba el segundo año de secundaria.
Así como ese grupo de niñas que comenzó hace más de cincuenta años jugando a ser grandes fumando cigarros, hubo grupos en cada generación que hicieron lo mismo, sólo que en lugares diversos.
Algunos lo habrán hecho en el patio de la casa, en el parque, mientras veían la televisión sin compañía adulta, camino a algún mandado, mientras jugaban beisbol o basquetbol, entre otros lugares estratégicos. Y quizá habrán tenido motivaciones distintas, pero los resultados finales casi siempre son los mismos: la adicción de por vida.
ADICCIÓN JUVENIL
El doctor Reynaldo Castillo Solórzano, oncólogo radioterapeuta y subdirector del Centro de Radioterapia, explicó que como regla médica general, del total de casos de cáncer de pulmón, debe considerarse que el 80 por ciento en varones y 70 por ciento en mujeres, están relacionados de forma directa con el consumo de tabaco.
Señaló que la posibilidad de que un fumador padezca un cáncer, dependerá mucho de la cantidad de cigarros que consuma al día y el período de tiempo que lo haga. Muchos jóvenes en Nicaragua y el mundo, comienzan a fumar desde los 12 ó 13 años.
Ese es el caso de doña Teté y su grupo. Las edades de esas jovencitas oscilaban entre los 14 y 17 años y aunque algunas lo dejaron poco tiempo después, otras lo continuaron haciendo por el resto de sus vidas. Doña Teté fue una de esas y ahora lo lamenta tanto afirmando que “de volver a nacer, jamás fumaría un cigarro”.
Aunque en Nicaragua no hay estadísticas que revelen la cantidad de niños y adolescentes que fuman, empíricamente se deduce que son muchos.
Los menores que deambulan por las calles ya sea mendigando o realizando alguna labor, tienen el hábito de fumar. Además, en los últimos grados de primaria y en la secundaria, es común observar a los jóvenes fumando a escondidas de los profesores, dentro o en los alrededores de los colegios. En las esquinas de los barrios, jóvenes y adolescentes se entretienen con cigarros en las manos y en las fiestas de barrio, ya ni se diga.
DAÑOS SEVEROS
Entre menos edad se tiene cuando se comienza a fumar, mayor es el riesgo que se corre de enfrentar enfermedades relacionadas con su consumo. “Los niños son muy susceptibles al efecto del tabaco, porque sus pulmones sufren desproporcionadamente al estar todavía creciendo y desarrollándose”, señala Alfred Munzer, de la Asociación Americana del Pulmón, en Estados Unidos.
También en España han realizado investigaciones relacionadas con los efectos del tabaco en los menores. “Los pequeños desarrollan con mayor frecuencia neumonías, sinusitis, bronquitis, catarros y otitis de forma crónica si los padres no evitan que el humo del tabaco afecte a sus hijos”, confirma el doctor Carlos Jiménez Ruiz, de la Unidad de Tabaquismo del Hospital de la Princesa de Madrid, España.
Un equipo español descubrió que la exposición al tabaco en los niños, reduce la capacidad de su sangre para portar oxígeno, lo que hace que sus corazones estén bajo tensión a largo plazo y tengan que trabajar más duro, lo cual puede causar problemas cardíacos con el correr de los años.
DE MADRES A HIJOS
También los resultados de diversos estudios indican que las madres que fuman tienen mayores posibilidades de dar a luz niños de bajo peso y prematuros, de sufrir abortos espontáneos y de mortalidad perinatal. También se ha observado que el tabaco es neurotóxico para el niño y puede afectar el desarrollo de su comportamiento.
Un nuevo estudio científico demuestra que fumar cigarrillos de forma esporádica durante el embarazo origina daños en el feto, que se traducen en cambios en el comportamiento de los neonatos, similares a los niños nacidos de madres que consumen drogas ilegales.
“Las mujeres que durante el embarazo consumen entre seis y siete cigarrillos al día dan a luz a niños y niñas mucho más inquietos y difíciles de consolar que los nacidos de las no fumadoras”. Esta es la principal conclusión de un estudio publicado por la revista estadounidense “Pediatrics”, realizado por investigadores de la Universidad de Brown.
Karen Law, coordinadora de este equipo, ha demostrado que dosis elevadas de nicotina en las embarazadas producen mayor estrés en el feto.
UNA CAJETILLA A DIARIO
Aunque doña Teté no tuvo que sufrir durante su niñez la inhalación de “humo ajeno” en su casa, puesto que ninguno de sus padres fumaba, no pudo soportar la tentación del entorno. La experiencia de esos años, no pasó de ser simple travesura por la falta de tiempo para fumar con más frecuencia, ya que en esos años las clases se impartían durante todo el día, y en el colegio, imposible fumarse un cigarro.
Fue hasta que contrajo matrimonio que el cigarrillo la capturó por completo. “Fue algo que ya no pude dejar. Al inicio no fumaba tanto pero después tuve que fumar más y más hasta llegar a consumir un paquete diario”, expresó.
Ese ritmo lo mantuvo la mayor parte de su vida. Fue hasta hace catorce años, después que falleciera su esposo víctima de un paro cardíaco relacionado con el consumo de tabaco, que doña Teté se refugió más en el cigarro hasta llegar a consumir casi dos paquetes al día. Así continuó hasta hace casi un año en que comenzó a experimentar síntomas extraños en su cuerpo. Le diagnosticaron cáncer de pulmón.
Aunque no existen mecanismos para determinar con exactitud el origen de un cáncer, tanto ella como los médicos relacionan su caso con el consumo de tabaco.
Doña Teté se arrepiente de haber fumado y de haberlo iniciado tan joven. Dice que lo único que le pide a Dios es que le quite ese vicio a su hermana menor, y le suplica a todos los jóvenes –y adultos– que no fumen y si ya lo hacen, que lo dejen, porque seguramente más adelante lo van a lamentar “como yo, pero para mí ya es muy tarde”, dijo.
MENORES EXPUESTOS AL HUMO DEL TABACO
Contraen más tos y gripes y tienen mayores probabilidades de sufrir infecciones al tracto respiratorio superior e inferior.
En un estudio se demostró que los niños expuestos al humo ambiental del tabaco durante los primeros 18 meses de vida tienen un aumento del 60 por ciento en el riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias inferiores como croup (laringotraqueitis aguda), bronquitis, bronquiolitis y neumonía.
Tienen mayor riesgo de desarrollar asma. Si ya tiene asma, el humo del tabaco puede traer como consecuencia ataques asmáticos y empeorarlos.
Corren riesgo de daños en la función de los pulmones, y pueden tener problemas respiratorios en el futuro.
Tienen una mayor frecuencia de infecciones al oído medio, lo que puede llevar a una disminución auditiva.
Los bebés de mujeres que fuman en el embarazo, al igual que los infantes expuestos al “humo de segunda mano” corren un riesgo significativamente mayor de morir por el síndrome de muerte infantil.
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