Francisco Jarquín S.
Muchas veces se dice que un triunfo no permite ver a profundidad los errores cometidos por un club, sobre todo por la euforia del éxito y porque el mismo sugiere la superioridad del equipo.
Más aún si esa victoria se logra ante un rival que se considera relativamente superior al nuestro. Lástima que todavía con la Selección Nacional de Futbol todavía no nos hemos dado el lujo de “minimizar” los errores a partir de una victoria.
El discurso por ahora sigue siendo en nuestro medio, y en parte parece lógico aunque no desde todos los ángulos, que los triunfos deben interesarnos en los partidos eliminatorios contra San Vicente y Granadinas.
Pero, ¿será que es mejor analizar nuestros errores a partir de derrotas o cuando máximo de empates? Por supuesto que no.
Menos si queremos cambiar la mentalidad de los jugadores y hacerles pensar en una victoria en cada salida al terreno. Y no es que esté negando el avance que se le ha visto a La Azul y Blanco en el fogueo, porque también sería torpe hacerlo.
Pero hace falta que estos muchachos levanten el espíritu en la cancha y se entreguen por el todo. Y Bermudas parece la victima perfecta.
Un triunfo es necesario para elevar el autoestima de los jugadores, serviría para que entiendan que su capacidad es mayor de las que ellos suponen, aumentaría el interés de todos por este conjunto pero también mejoraría las posibilidades de conseguir más partidos de fogueo.
Creo que debe acabarse el discurso de jugar sólo por mejorar el acoplamiento del equipo. Llegó la hora de pensar en cada juego que falta como si se tratara de San Vicente y Granadinas en el partido decisivo por la clasificación, máxime cuando faltan menos de dos meses para que se realice el primer desafío ante los sanvicentinos.
Hay que dejar atrás la mentalidad de salir a dar lo mejor. Desde ahora debe de considerarse como único resultado la victoria y Bermudas debe ser el comienzo de esa etapa de cambio. Muchachos ustedes tienen la palabra.