Jesús en manos del hombre-masa

César Lacayo

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Jesús en manos del hombre-masa


César Lacayo




Es impresionante el detallado marco de violencia desencadenado contra la persona de Jesús de Nazaret, en La Pasión de Cristo.

La película muestra la realidad de una subcultura de violencia. Los Evangelios como información de primera mano nos ofrecen detalles de lo acontecido en aquella profética mañana del año 32 d.C. en Jerusalén.

Los hechos que sublevaban Judea la mañana del viernes, se habían anunciado a través de las profecías, de los salmos y a lo largo del Antiguo Testamento, cientos de años antes de que estos terribles acontecimientos ocurrieran.

El profeta y sacerdote Zacarías (520-518 a.C), en sus enseñanzas con motivos mesiánicos anuncia la humilde venida del Mesías; su humanidad (6:12; 13:7). Su rechazo y venta por treinta monedas de plata (11:12-13), su crucifixión (herido por la espada del Señor 13:7). Como también, encontramos: Por ti he sufrido insultos; mi rostro se ha cubierto de ignominia Salmos 69:7. Soy para ellos motivo de burla, Salmos 109:25.

En Isaías 53:3-7 (740 a.C): leemos: Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado… cargó con nuestras enfermedades, y soportó nuestros dolores… maltratado y humillado, molido por nuestras rebeliones ni siquiera abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero… sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz… después de aprehenderlo y juzgarlo le dieron muerte…

Molido significa –de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua– quebrantar un cuerpo, reducir al polvo, demoler, exprimir, estropear y maltratar al máximo. Cansar y fatigar en exceso. Moler a golpes, palos, y latigazos. Molestar gravemente con diligencia la ejecución del quebranto. Dolor, herir, castigo, tortura exceso.

Todos los adjetivos y verbos quizás se quedan cortos al ver el maltrato y los visibles resultados de éste en la humanidad de un Jesús irreconociblemente ensangrentado por la tortura y la flagelación.

Sabemos de las manipulaciones de la cúspide sacerdotal de los fariseos y los escribas, y de la dirigencia del partido de los aristócratas saduceos, en el oscuro juicio “político-religioso” en términos modernos contra el Nazareno.

Jesús, es entregado en manos de sus verdugos por los líderes religiosos y miembros del Sanedrín: el cuerpo gubernamental judío, el tribunal supremo, con potestad de declarar sentencias de vida o muerte sobre un acusado.

Jesús, fue juzgado y encontrado culpable en el alienante y viciado juicio del Sanedrín. Condenado a la pena capital. Bajo el dominio romano, los judíos no podían consumar la ejecución de la sentencia, a no ser por decreto del gobernador de Judea, en este caso, Poncio Pilato, como históricamente, aconteció.

Las masas manipuladas por los líderes de la Jerusalén de aquella época reaccionaron al estímulo intenso de maldad dentro del latente espíritu de la psicología de las masas que siglos después expondría Sigmund Freud.

Observamos ese sentimiento de potencia invencible sin refreno forzado del individuo aislado; manifestada la total anulación del sentimiento de la responsabilidad: el poderoso y constante freno de los impulsos individuales.

Se nos muestra una realidad cruda como sangrienta y dolorosa, con un Jesús de Nazaret en manos del hombre-masa que, suprimidas las represiones de sus tendencias inconscientes, abre las compuertas y da rienda suelta a todo un sistema de actitudes y actos, que contienen el germen de todo lo malo existente en el alma humana.

La psicología de las masas: donde todo acto y sentimiento son contagiosos y el individuo está diluido en la naturaleza del sentimiento colectivo.

El hombre, víctima de sus propias debilidades, en la pérdida de la personalidad, consecuencia de la epidemia del tumulto, de la masa, de la conciencia brutal y colectiva: obedece a la animalidad; comete actos contrarios al carácter y las costumbres humanas.

La voluntad y el discernimiento han quedado pulverizados o abolidos dentro de la sublevada conciencia de la masa.

La multitud que juzga a Cristo como masa, carece de conciencia de sus actos. Jesús, lo sabe, y desde la cruz, exclama: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

El hombre-masa desciende varios escalones en la escala de la civilización; convertido en un bárbaro sediento de tortura, de violencia y sangre. Todas sus impotencias y frustraciones sociales, religiosas y políticas, recaen en el espíritu colectivo de la masa. Obedecen los impulsos crueles y cobardes.

Para la multitud no existe el imposible. El prisionero debe morir; ha sido condenado a muerte. Es la consigna de manipulación que percibe la masa a través de imágenes de orden jurídico, religioso y político; sin incertidumbre ni dudas.

La multitud reacciona a un estímulo intenso de maldad. Han desaparecido las inhibiciones individuales, perdidas dentro de la colectividad del espíritu de la masa que desea satisfacer su sed de vida, su hambre de muerte.

Desaparece todo indicio de civilización. Aflora el odio. La viciada interpretación de los postulados de la ley y los profetas. Transmiten los doctores de la ley esa violenta actitud a la violencia de la masa, fácil de sugestionar en sus reflexiones y violenta en sus juicios.

Comportándose como un rebaño de animales salvajes más que como una congregación de seres humanos.

Ese estado anímico la masa carece de pensamiento individual. Los escribas y fariseos no lo ignoran. manipulan lo siniestro de este conocimiento, para descargar el odio de sus corazones contra el Rey y Mesías, que los repostó en publico y les dijo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos… dicen y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas… ¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

La alarmante violencia desencadenada en la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson es reflejo real de la violencia de las actitudes humanas de la masa despersonalizada. La maldad elevada a niveles extremos de crueldad y de ignorancia contra la vida y contra el hombre.

La Pasión de Cristo es el testimonio del extremo padecimiento, el dolor, ultraje, flagelación; muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, quien hace todas las cosas nuevas y vino a dar su vida en rescate y salvación de muchos.

En definitiva, esta recortada versión de las últimas horas del ministerio de Jesús es una reveladora enseñanza de su Pasión y Muerte. También es un medio de conversión para multitudes de hombres, mujeres y jóvenes, en todos los caminos y direcciones del mundo.

El autor es poeta y escritor nica-estadounidense.

Editorial
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