- Doña Lidia tiene 13 años de pagar una promesa que había hecho el padre para que cesara la guerra
Rosario Montenegro Z.
Recorrer descalza el trayecto que realiza el Nazareno, durante el Viacrucis cada Viernes Santo, se ha convertido prácticamente en una tradición para doña Lidia Zeledón.
Ella forma parte de esa gran cantidad de feligreses, que durante la época de Cuaresma y en especial durante el Viacrucis del Viernes Santo, cumplen diferentes promesas.
En San Rafael del Norte es común ver a muchos feligreses recorrer este trayecto con sus ojos vendados, descalzos, incluso hay quienes suben arrodillados las 14 enormes escalinatas que conducen a la Capilla de El Tepeyac, otros prefieren abrirse paso entre el tumulto para tocar la túnica de Jesús Nazareno, con la fe que ello les curará sus padecimientos.
En el caso de doña Lidia, el problema de artritis que le ha acompañado durante los últimos años, ha hecho que cumpla esta promesa sólo los Viernes Santo, antes lo hacía durante todos los Viacrucis de Cuaresma.
En cada paso que da, sabe que sus pies se encontrarán con piedras recalentadas por el inclemente sol del mediodía, pero cuando quiere flaquear “recuerdo todo lo que padeció por nosotros nuestro Señor”, manifiesta doña Lidia.
PAGANDO LA PROMESA DE ODORICO
Pero como si esto fuera poco, en 1990 después de la muerte del padre Odorico, doña Lidia junto a otros feligreses de San Rafael del Norte, decidieron pagar una promesa, que un año antes había hecho el cura para que cesara la guerra entre nicaragüenses.
Cuenta doña Lidia que durante la celebración de una misa en 1989, el padre Odorico exclamó :
“Padrecito lindo no permitás que siga esta guerra, ya no aguanto a tanta madrecita sufrir” y prometió al Señor de Esquipulas que todos los años iría a pie desde San Rafael hasta su Santuario, ubicado en El Sauce.
Sin embargo, en marzo de 1990, la muerte sorprendió al cura y ya no pudo cumplir su promesa.
Es así como doña Lidia decide hablar con otro feligreses y también “cercano” de Odorico. “Vos Simeón y ese viaje que iba hacer el padre…”.
De esa conversación salió el primer viaje a El Sauce, en el que se alistaron 15 personas, trece años después ese número supera las 50 personas, quienes están decididas a no “hacer quedar mal al Padre, él tenía esa jarana y no queremos que nada le vaya a perjudicar en su proceso de canonización”.
Tanta es la devoción y la pasión con que doña Lidia cumple esta promesa, que asegura que durante el recorrido, que dura tres días, se le van todos los dolores. “Mire ni la artritis me molesta”, asegura.