“Estaba en la raya”

Fernando Centeno [email protected]

Una frase muy común entre los nicaragüenses para referirse a una muerte accidental, sea ésta por situaciones de tránsito, casera u otras circunstancias es: ¡estaba en la raya! En ocasiones se dice a manera de resignación y en algunos casos hasta de justificación.

Esta frase a veces lapidaria sirve para referirse a las víctimas por accidentes de tránsito, a pesar que la mayor parte de éstas son productos de la temeridad, la imprudencia o la irresponsabilidad.

Según la OMS más de tres mil personas en el mundo mueren diariamente por accidentes de tránsito, 140 mil quedan lesionadas y 150 mil discapacitadas. Con sobrada razón este año el Día Mundial de la Salud ha sido destinado a tratar de disminuir lo que se considera la segunda causa de muerte no sólo a nivel mundial, sino también en Nicaragua.

Lo más preocupante de estas cifras es que gran parte de las víctimas son niños y adolescentes, los primeros ocasionados en la mayor parte por la falta de tutela, descuido o irresponsabilidad, y los segundos por la imprudencia o la temeridad.

En el año 2003 el promedio de muertes por accidentes en nuestro país era de una diaria y las cifras del presente año señalan que podríamos llegar a tener estadísticas iguales a las del año 2000, cuando 535 personas murieron en nuestras calles y carreteras.

Más grave aún estas cifras si tomamos en cuenta que un gran porcentaje de las víctimas son peatones, muchos de ellos niños en edad escolar que se suman a las estadísticas trágicas por la falta de campañas de educación vial que involucre tanto a estudiantes, como maestros y padres de familia, aparte de la imperiosa necesidad de que los conductores, especialmente de buses y taxis, deben estar en primera fila.

La OMS ha designado el lema “La seguridad vial no es accidental”, para celebrar este año el Día Mundial de la Salud en el entendido que el 90 por ciento de los accidentes pueden evitarse sobre todo cuando se trata de proteger la vida de niños, niñas y adolescentes, que resultan ser el sector de población más susceptible y vulnerable a formar parte de estas dramáticas estadísticas.

Un niño que viaja en la tina de una camioneta, en el asiento trasero de una motocicleta, conduciendo una bicicleta, cruzando una calle sin ayuda para realizar una diligencia de la casa, vendiendo productos para ganarse la vida, viajando en el asiento delantero del vehículo o en otras circunstancias parecidas y que resulta muerto por esta causa, evidentemente no estaba en la raya sino simplemente es producto de una total falta de responsabilidad de quienes tienen la obligación de protegerlos y defenderlos.

No hay que esperar que los accidentes de tránsito se conviertan en la primera causa de muertes en nuestro país, si tomamos en cuenta que hay más de 270 mil vehículos, muchos de ellos circulando sin ninguna garantía para la vida y la seguridad de las personas, la saturación, las anárquicas y ya saturadas arterias de nuestras ciudades y la proliferación de inexpertos conductores que se convierten en un potencial peligro para la vida.

A veces no bastan las leyes, campañas, señales, ni los cursos de educación vial, etc. si no hay de por medio una mayor sensibilización y cambios de mentalidad de que los muertos o lesionados por esta causa no tenían por qué estar en la raya.

El autor es periodista.

Editorial
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