Euforia en el palenque de Expica

Igual que en los redondeles de los pueblos, en la ferias ganaderas se protagonizan encarnizadas luchas de gallos, por los que apuestan los ganaderos en busca de la victoria del giro ennavajado Moisés M. Matute R./Fotos LA PRENSA/M. Matute “Cierren las puertas señores yo mismo voy a soltar”, inicia el estribillo de la canción La […]

  • Igual que en los redondeles de los pueblos, en la ferias ganaderas se protagonizan
    encarnizadas luchas de gallos, por los que apuestan los ganaderos en busca de la victoria del giro ennavajado

Moisés M. Matute R./Fotos LA PRENSA/M. Matute

“Cierren las puertas señores yo mismo voy a soltar”, inicia el estribillo de la canción La muerte de un gallero, de Antonio Aguilar, que se escucha sonoramente en las instalaciones de Expica, mientras en el palenque la suerte está echada. El cazador recoge los 2,000 córdobas que apuestan los jugadores.

Los finqueros presentes con billetes en mano, absorbiendo cigarros para calmar los nervios, o melenquiando puros y luciendo sus grandes sombreros, esperan ansiosos que su giro ennavajado, dé muerte al gallo contrincante. Estos instantes se viven a intervalos de media hora en el redondel, donde la zozobra, la emoción y el dinero imponen una atmósfera tensa y pesada.

Los emplumados son lanzados al redondel tras ser pesados y anudarles la navaja que ha sido colocada en la pata izquierda por un experto en la materia. Los giros, antes de iniciar la pelea, son careados ante la presencia del juez. Las apuestas extras entre el público, se pactan entre murmuraciones, y se escucha la alharaca de los espectadores que se confunde con el bullicio proveniente de la música de fondo. La pelea comienza.

Los gallos ya lanzados rondan 15 minutos. El juez con su campana o chichil quita la tabla que los separa, al tiempo que marca la duración en los tres encuentros de cinco minutos. Entre aleteos, saltos, picotazos y espuelazos se produce una encarnizada lucha entre los gallos.

Los emplumados animales son de raza pura, acostumbrados a golpear en la cabeza y el cuello. Entre los espectadores despiertan frenéticos gritos clamando al más bravo cuando se les ve trenzados en redondel. El bullicio es continuo y el grito de victoria se escucha hasta ver vencido a uno de los animales. El tiempo ha terminado… Entre trampas y mañas de su entrenador, un viejo gallero, le hacía “sombra” para que el sol no molestara al ave, mientras que su contendor, un joven e inexperto, sin percibir malicia vio morir su gallo. “El palenque enmudeció”. Un gallo ha muerto.

El juez sosteniendo aún la tabla, declara al ganador sonando su campana, y entonces las apuestas se pagan o se arreglan a la salida, esta vez del palenque de Expica.

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