John R. Head Flores
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La guerra en Irak y el choque de civilizaciones
John R. Head Flores
El recién pasado mes de marzo, al
conmemorarse un año del inicio de la guerra en Irak, se desarrolló una serie de acontecimientos que apelan a una seria reflexión sobre la actual tensión global. El creciente numero de bajas en suelo iraquì, el atentado terrorista del 11 de marzo en España, el asesinato de uno de los altos líderes palestinos y la creciente incertidumbre y nerviosismo sobre los posibles futuros atentados en otros países de la coalición, ameritan el análisis de algunos los factores que han influido en el desarrollo del actual clima de inestabilidad a nivel mundial.
Muchos analistas políticos y estudiosos de las relaciones internacionales coincidimos en identificar al menos dos factores de gran relevancia: las diferencias culturales y la globalización. Estos factores abarcan de manera general los puntos clave que explican la presente condición.
En lo que a las diferencias culturales se refiere, el famoso politólogo y analista Samuel Huntington desarrolla, en su libro Choque de civilizaciones, una teoría casi profética sobre el establecimiento de un nuevo orden, posterior a la desaparición del socialismo como modelo aplicado de gobierno. En este libro el doctor Huntington argumenta que las diferencias ideológicas (capitalismo vs. comunismo) desaparecerían para dar cabida o mayor preponderancia a las diferencias culturales. Con esta idea en mente, el doctor Huntington se permite identificar ocho civilizaciones, basado primordialmente en las diferencias y similitudes culturales entre los países. Por razones estrictamente vinculadas a los acontecimientos de mayor impacto desde la desaparición de la Unión Soviética (los varios atentados terroristas, la invasión a Afganistán y la tristemente célebre guerra contra el terrorismo) tomaremos como objeto de observación a la civilización occidental, conformada por países europeos, americanos, Israel, etc. y representada con mayor fuerza por EE.UU.; y a la civilización islámica, conformada por países que comparten el islam como religión oficial y que en estos casos es representada por los movimientos radicales fundamentalistas de países como Irak, Irán, Afganistán y Palestina, entre otros.
Estas dos civilizaciones han presentado diferencias culturales amplias y profundas, que se reflejan en las posiciones socio-políticas tomadas por cada una de ellas de manera respectiva. Dicho esto me remonto a un incidente internacional en el que estas posiciones llevaron a un clímax de tensión. El incidente referido se da cuando EE.UU. brinda su completo e incondicional apoyo a Israel, país con quien comparte muchas similitudes culturales, tras abandonar la conferencia internacional de los derechos humanos en apoyo al pueblo palestino. Esto, por supuesto, relacionado con el conflicto palestino-israelí, el cual incorpora indiscutiblemente el factor religioso cultural como parte integral del problema. Este incidente ha sido catalogado por muchos como el detonador de una reacción en cadena que se inicia con el atentado contra las torres gemelas y que hasta el momento ha desatado una invasión a Afganistán, una guerra en Irak, un muy condenado atentado en España y la actual incertidumbre internacional sobre otros posibles atentados.
Se asume, de manera muy razonable, que aquellos países que comparten similitudes culturales tienden a conformar bloques y/o coaliciones de apoyo, como el otorgado por EE.UU. a Israel o el formado por EE.UU., Inglaterra y España contra Irak. Esto es propiciado para hacer frente a civilizaciones que, por discrepancias culturales frente a las primeras, podrían ser consideradas como hostiles. Sin embargo, igualmente se deduce de manera lógica que estas agrupaciones lejos de proveer soluciones al problema intensifican las posiciones radicales del bando contrario, propiciando de esta manera el resurgimiento y fortalecimiento de movimientos fundamentalistas como Al Qaeda y Hamas, entre otros. Estos movimientos por su parte encrudecen aun más las diferencias a través de actos deplorables como el del 11 de marzo en España, y el mismo ataque a las torres gemelas el 9/11. Es así como, entrando un poco en lo que es la psicología colectiva, encontramos entendimiento en el dicho que dice “Los amigos de mis enemigos son también mis enemigos”. Es decir, que EE.UU. se convirtió en un enemigo de estos movimientos extremistas a través de su apoyo a un país considerado como hostil: Israel; y España por su parte a través del envío de tropas de apoyo al ejército norteamericano en lo que fue la guerra contra Irak.
Por otro lado y con relación al otro de los factores mencionados, la globalización, es imperativo mencionar que este fenómeno comercial de amplio espectro de influencia, incide de manera irónica en la actual condición de tensión mundial. Irónica, porque si bien es cierto éste ha permitido una mayor interacción u acercamiento entre diferentes las culturas, a través del uso de tecnología y la búsqueda de mayores mercados, también es cierto que ha evidenciado de manera más amplia la profundidad de las diferencias entre las mismas. El impacto de la globalización por lo amplio de su contenido merece por lo tanto un pronunciamiento posterior, que sin embargo deberá ser considerado como parte integral de los dos factores reconocidos como concordantes entre aquellos que afectan al actual status de incertidumbre global.
El autor es licenciado en Comercio Internacional, Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas.