- Portando velas en lugar de cacerolas, 150 mil personas repudian el asesinato de un joven que había sido secuestrado y demandan al gobierno
Norma DomínguezEspecial para LA PRENSA
BUENOS AIRES.- Más de 150 mil argentinos colmaron otra vez las calles que rodean al Congreso Nacional, pero ahora portando velas encendidas en lugar de cacerolas. Esta vez, pidiendo seguridad y justicia en lugar de reclamar por el “corralito”.
Esta vez, no para pedir que se vayan todos, sino para reclamarle a los gobernantes por el secuestro seguido de muerte del joven Axel Blumberg. Y bajo su símbolo, por la muerte y los secuestros y la inseguridad y la violencia que desde hace tiempo se ha apoderado del país, sembrando un miedo más terrible que el de perder los ahorros o la estabilidad económica: el miedo a perder la vida y la libertad.
Una vez más el pueblo argentino conmovió. Unido bajo una misma causa que encierra muchas otras causas, amas de casa, oficinistas, estudiantes, profesionales, familias enteras se hicieron presentes la noche del jueves en la Plaza de los Dos Congresos e invadieron de luces y lágrimas las calles porteñas, para terminar, entrada la noche, en la Plaza de Mayo.
La muerte de Axel Blumberg -un chico ejemplar, estudiante de ingeniería, de clase media acomodada y apenas 23 años-, que fue secuestrado, torturado y asesinado, fue la gota que rebalsó el vaso de la tolerancia de los argentinos a la inseguridad y la injusticia. Porque hubo muchos Axel y la criminalidad en el país viene creciendo sostenidamente sin que se tomen las medidas que logren superarla.
Axel fue secuestrado a mediados de marzo. Pocos días después, su cuerpo apareció con un balazo en la sien y signos de tortura en un descampado de la provincia de Buenos Aires. Su padre había acordado el pago del rescate, pero los secuestradores nunca acudieron a la cita. “Hice todo lo que la policía me dijo y me devolvieron a mi hijo muerto”, declaró el Juan Carlos Blumberg.
Las cifras aterran y los casos estremecen. Secuestrados sin aparecer, o aparecidos vivos pero mutilados, o hallados asesinados, hacen que cada nueva denuncia de secuestro extorsivo estruje el pecho. Según un informe reciente del Centro de Estudios Nueva Mayoría, “entre el 1 de enero de 2002 y el 24 de diciembre de 2003 en el ámbito de la provincia de Buenos Aires han tenido lugar un total de 464 secuestros express, lo que indica una relación de un secuestro cada día y medio. Es decir, un caso cada 36 horas”. Y estos datos se basan sobre casos denunciados solamente.
Quizás esta vez fue la fuerza y la habilidad de la familia de Axel para hacerse oír lo que provocó esta reacción colectiva. O quizás sólo hacía falta encontrar una voz que llevara el grito de muchas otras voces. Lo cierto es que el reclamo resonó en cada rincón y los ciudadanos salieron a marcar el límite. Y los medios esta vez se animaron a acompañar el grito popular (los canales de aire transmitieron al unísono el acto del Congreso, con excepción del canal del Estado) y abrieron el debate.
“Ellos son los padres de Axel también que quieren que a sus hijos nos les pase nada. Venimos con muchos años en los que nunca fuimos a reclamar. No vamos a pedir a los legisladores, sino que les vamos a exigir que cambien las leyes”, dijo Juan Carlos Blumberg, padre del joven asesinado, cuando se dirigió a la multitud portando un petitorio que marcharía a entregarle al gobernador de la Provincia de Buenos Aires Felipe Solá. El mismo que, entre sus siete puntos, pide el aumento de las penas para los delitos de secuestro, violación y homicidio, la baja en la edad de imputabilidad de los menores y que la portación de armas no sea un delito excarcelable.
Y la bronca estalló. Comenzaron los abucheos y los gritos en contra de los legisladores. Y los asistentes manifestaron su descontento y gritaron su reclamo. Y con ese abucheo también le dijeron a los gobernantes que las cosas no están tan bien como suponen y que tienen que poner manos a la obra para dar respuesta a los reclamos, porque sino el pueblo sigue teniendo el poder de juntarse y de copar las calles.
Familiares de personas fallecidas en asaltos o secuestros que no trascendieron, o víctimas de la violencia policial, también asistieron al reclamo, aferradas a fotos de sus seres queridos. Para acompañar; para protestar…
“Este hombre está diciendo lo que todo el pueblo quiere decir”; “Estamos cansados de no poder salir a las calles con tranquilidad”; “Queremos que los políticos hagan, no sólo que enuncien que van a hacer desde las sillas del Congreso”. Esas fueron algunas de las frases que se oían al pasar, junto a los gritos de repudio a cada político que el padre de Axel mencionaba en su discurso, aún cuando pedía que no reaccionen en contra de los gobernantes y declaraba que “la manifestación debe hacerse en términos democráticos”, sin silbatinas ni insultos.
La opinión pública, esa a la que la clase política suele tenerle miedo, viene diciendo desde hace tiempo que la inseguridad es un gran problema en la Argentina. Las encuestas de marzo, realizadas por las consultoras Equis y Nueva Mayoría, indicaban que la inseguridad era catalogada por las personas encuestadas en el área metropolitana -Capital y Gran Buenos Aires- como el segundo problema más importante, detrás de la desocupación, y por delante de la corrupción, la situación económica, las carencias educativas, la salud o la pobreza, entre otras cuestiones.
Ambos sondeos mostraban que el tema de la delincuencia se tornó, de un año a otro, en el problema de tratamiento más prioritario para un mayor número de personas que cualquier otra de las cuestiones. Del estudio de Equis surge, incluso, otro dato que refuerza esa sensación: para el 78 por ciento de los consultados no se percibe un descenso en los niveles de inseguridad pública durante la gestión actual.
Los argentinos están empezando a reaccionar, y el hilo no se está cortando “por lo más fino”, como dice el refrán, sino por lo más grueso, que es nada más y nada menos que la supervivencia: los ciudadanos salieron a pedir por sus vidas y las de sus familias y amigos. En palabras de Blumberg, “para exigir cosas para nuestra sociedad, chiquitas, pero que puede solucionar mucho para que nuestros hijos puedan trabajar, estudiar, y no sean asesinados”.
Es que queda claro, como dijo el politólogo Julio Burdman, que los temas que le preocupan a la política difieren de los temas que preocupan a la sociedad: “Las manifestaciones convocadas desde el gobierno sobre derechos humanos o la negociación de la deuda, o la misma convocatoria del partido peronista, no llegaron a representar ni el 10 por ciento -en el mejor de los casos- que el caudal de una autoconvocatoria por la cuestión de la inseguridad”
Probablemente esta primera manifestación conlleve un mensaje muy fuerte para la administración del presidente Néstor Kirchner. Y probablemente, ese mensaje sea que se está terminando la prolongada luna de miel que le ha concedido la ciudadanía. Porque no alcanza con tener la popularidad más alta y los discursos más progresistas para que la gente se sienta bien. No alcanza con ordenar las variables económicas, ni reivindicar los derechos humanos haciendo justicia hacia atrás. Eso está bien, sin duda, pero no alcanza. Simplemente porque el “derecho a la vida” es el primer derecho humano, y hoy a los argentinos los invade la sensación de que pueden perder ese derecho a la vuelta de la esquina.