A un año de tu partidaamiga mía;miro hacia el cielo y veo cada día,la dulzura de tu rostro,cuando el firmamento se torna azul,y las blancas nubes veo pasar,recuerdo los atardeceres que disfrutábamos juntosa la orilla de los ríos. El camino no es igual, pues hace falta tu andar,tu alegría, tu sonrisa y tu dulce suspirar. La Luna llena me recuerda cada caminataa la orilla de la carretera,aventurera eras, y tu vida deseabas disfrutar. ¡Olga, dulce Olga!, de mirada tierna y distraída,tus ojos evocaban la dulzura de la vida,morena como miel, juguetona como niña. ¡Tantos momentos, tantos recuerdos!pero… ¡tanta tristeza aflora en el interior de mi alma!,porque un día el Señor de Misericordia te arrebató de mis brazosy te ofreció una hermosa rosa en su campiña celestial,esa rosa que hoy disfrutas,pero que a mí me causa dolor,es el mejor presente que Jesús te ofreciópues te ha dado vida eternacon su sacrificio de Amor. El día que partiste, mi corazón se derrumbó,pero guardo la esperanza de volverte a contemplar. Te imagino siempre vivadisfrutando con Jesús,de los ríos, de los lagos, de los mares de tu luz. Bellos recuerdos quedaron en mi memoria,de la bella niña que un díafue como rosa primorosaque subió a los cielos a cortar lotos de orientepara adornar su alma con las perlas de la mar.

A Olga   Francisco Heliodoro Chavarría A Olga   Francisco Heliodoro Chavarría A un año de tu partidaamiga mía;miro hacia el cielo y veo cada día,la dulzura de tu rostro,cuando el firmamento se torna azul,y las blancas nubes veo pasar,recuerdo los atardeceres que disfrutábamos juntosa la orilla de los ríos. El camino no es igual, […]

A Olga

 

Francisco Heliodoro Chavarría



A Olga


 



Francisco Heliodoro Chavarría



A un año de tu partida
amiga mía;
miro hacia el cielo y veo cada día,
la dulzura de tu rostro,
cuando el firmamento se torna azul,
y las blancas nubes veo pasar,
recuerdo los atardeceres que disfrutábamos juntos
a la orilla de los ríos.

El camino no es igual, pues hace falta tu andar,
tu alegría, tu sonrisa y tu dulce suspirar.

La Luna llena me recuerda cada caminata
a la orilla de la carretera,
aventurera eras, y tu vida deseabas disfrutar.

¡Olga, dulce Olga!, de mirada tierna y distraída,
tus ojos evocaban la dulzura de la vida,
morena como miel, juguetona como niña.

¡Tantos momentos, tantos recuerdos!
pero… ¡tanta tristeza aflora en el interior de mi alma!,
porque un día el Señor de Misericordia te arrebató de mis brazos
y te ofreció una hermosa rosa en su campiña celestial,
esa rosa que hoy disfrutas,
pero que a mí me causa dolor,
es el mejor presente que Jesús te ofreció
pues te ha dado vida eterna
con su sacrificio de Amor.

El día que partiste, mi corazón se derrumbó,
pero guardo la esperanza de volverte a contemplar.

Te imagino siempre viva
disfrutando con Jesús,
de los ríos, de los lagos, de los mares de tu luz.

Bellos recuerdos quedaron en mi memoria,
de la bella niña que un día
fue como rosa primorosa
que subió a los cielos a cortar lotos de oriente
para adornar su alma con las perlas de la mar.

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