Alberto Gómez Susaeta
He leído con interés algunos de los artículos periodísticos sobre el uso del español que, con cierta frecuencia, se publican en LA PRENSA. Observo con cierta perplejidad cómo en ciertos momentos se reproducen en los medios de comunicación y en LA PRENSA errores que no contribuyen a un mejor tratamiento del idioma por parte de los ciudadanos y ciudadanas. En concreto, en el periódico del 20 de marzo hallé dos expresiones lingüísticas poco acertadas.
1. En los Rostros de la Semana se hablaba de Camilo Mejía: “…declarándose objetor de conciencia, a pesar que no fue obligado a enrolarse”. En esta ocasión, si bien no nos encontramos con el típico dequeísmo, nos topamos con una redacción también errónea al mismo: el queísmo (supresión del “de” que va necesariamente delante de “que”) Si sustituimos la oración subordinada sustantiva “que fue obligado a enrolarse” por “algo”, diríamos “a pesar algo”, cuando la sustitución adecuada sería “a pesar de algo (lo que sea)”
2. En la página 8A se titula “El Salvador listo a decidir”. No estoy totalmente seguro de la incorrección de esta expresión. Sin embargo, conozco que esta utilización de la preposición “a” antecediendo a un infinitivo es un galicismo no recomendado por la Asociación de Academias de la Lengua Española. “Listo para decidir” sería más adecuado en mi opinión, dado que esta nueva palabra complementa mejor el carácter final de la oración. ¿Para qué está listo? Ésa sí parece ser una pregunta clara que puede responderse con el titular.
Los varios libros escritos por Róger Matus Lazo para mejorar nuestro idioma se basaron en gran parte en los giros y expresiones de la prensa escrita nicaragüense. Fue una buena contribución al intento de clarificarnos como comunidad de hablantes. Cuando leía el sábado su periódico, recordé también el título de uno de sus editoriales de hace meses donde hablaban de la solución “menos peor”, expresión que me impresionó por su aparente contradicción. Dado que, según creo, no tienen su propio libro de estilo como otros grandes periódicos mundiales, ¿por qué no establecen una sección semanal, como se hace en otros periódicos internacionales, donde podamos entrar a dialogar con ustedes y con la Academia de la Lengua en la búsqueda de un idioma menos maltratado? En este caso, la sana autocrítica podría ayudar al periódico y a los lectores. Si así lo hicieran, cuenten con mi contribución al debate y a dicho aprendizaje colectivo, dado que soy suscriptor.