La nostalgia algodonera o la integración del proceso productivo

Álvaro Fiallos [email protected] Bajo el peligro de cometer una herejía al escribir algo que no sea sobre si Arnoldo es modelo o no, si el estornudo de Daniel fue a la izquierda o derecha, fuerte o suavecito o si don Enrique está en el país o no y de qué lado de los otros dos […]

Álvaro Fiallos [email protected]

Bajo el peligro de cometer una herejía al escribir algo que no sea sobre si Arnoldo es modelo o no, si el estornudo de Daniel fue a la izquierda o derecha, fuerte o suavecito o si don Enrique está en el país o no y de qué lado de los otros dos está hoy, cosas de ésas que siempre nos dejan “enchilados”, quiero proponer que por un rato hablemos de algo más pragmático, de la economía solamente.

En Nicaragua y sobre todo en Occidente se ha mantenido una gran nostalgia sobre el algodón y se ha dicho que nunca se ha podido sustituir este cultivo y que por lo tanto debemos regresar a su producción.

Podría ser cierta esta percepción, pero la gran pregunta que debemos hacernos es si el cultivo del algodón fue tan milagroso o si el sistema, su estructura productiva que se conformó fue el éxito del mismo.

Hay alguna cosas que hay que reconocer:

1. Existía una institucionalidad conformada por: la Comisión Nacional del Algodón (Conal), el Banco Nacional de Nicaragua (BNN), la Estación Experimental La Calera (después INTA), el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (ahora hay que aclarar “León”, en ese tiempo era la “Universidad”), quienes desarrollaron una serie de actividades y acciones que lograron desarrollar una tecnología con variedades propias, manejo de plagas, etc. En conjunto con los productores y todos teniendo como núcleo un Centro Experimental del Algodón en Posoltega.

Todo integrado para trabajar en una sola estructura productiva para un fin común, hacer eficiente la producción buscando el desarrollo humano de los diferentes participantes ya que contábamos con fuertes programas de capacitación a los productores, obreros agrícolas, tractoristas, “plagueros”, mandadores, raleadores, etc.

2. Esta institucionalidad y su tecnología nos permitía un cultivo que lo trabajábamos de 10 a 11 meses del año.

3. Un sistema de crédito de corto y largo plazo en tiempo, forma y cantidad del BNN (y que fue adoptado posteriormente por la banca privada), que permitía trabajar con seguridad de contar con los fondos cuando eran requeridos y no cuando estuvieran disponibles. Este financiamiento incluía el aporte hacia la asistencia técnica, seguimiento a la inversión y desarrollo tecnológico de un uno por ciento del interés de los préstamos que nos descontaban del crédito, pero veíamos resultados concretos en los costos, rendimientos e ingresos.

La FAO puso de ejemplo varias veces este sistema como eficiente por ser integrado por la participación amplia y nosotros los productores nos sentíamos acompañados por las autoridades.

4. En la parte de la transformación (desmote) y comercialización se había integrado el sistema y los productores teníamos injerencia total en los resultados de la desmotadora, dependía de cuán limpio enviábamos el algodón y qué tan eficiente era la desmotadora. La competencia era por quién sacaba mayor porcentaje de fibra y mejor calidad, la estructura integrada de la producción estaba vigilada estrechamente por una Oficina Nacional de Clasificación de Fibras (ONCA) y supervisión de desmote que estaba integrada a la Conal y era el único árbitro y cuyos resultados eran inapelables, aunque sí sujetos a revisión bilateral.

5. Conforme los resultados del desmote y la clasificación de fibra de la Conal, yo podía ir a vender, de presente o de futuro, al precio que a mí me parecía atractivo de acuerdo al precio de la Bolsa de Nueva York, el gran referente.

Esto significaba que yo podía decidir cuándo y a cuánto vender a cualquiera de las múltiples agencias intermediarias que compraban el algodón con una certificación de calidad del Estado, eso me daba la seguridad de decisión, la cual hoy no existe.

Cualquier desacuerdo en cuanto a peso de las pacas, calidad de fibra la Oficina de Clasificación era mi árbitro y todos lo respetábamos.

Estos tres factores integrados de la producción, la transformación y la comercialización dieron las seguridades básicas para dedicarnos con eficiencia a la producción, después vinieron grandes cambios que alteraron y/o quebraron muchos de los eslabones de la cadena algodonera y que nos llevó al fracaso, por eso opino que no podemos “regresar” al algodón así como así, porque:

1. No hay la institucionalidad requerida, antes el Estado era regulador y facilitador, así como activo miembro de la cadena, hoy dicen que son “facilitadores” pero en realidad son simples “observadores”. ¡Se deben ver bien bonitos los toros desde la barrera!

2. Los productores estamos divididos, como todo el país en sandinistas y anti sandinistas, ¡que son los únicos dos grupos políticos que existen! Si uno dice es negro el otro de inmediato dice es blanco.

3. Desapareció el programa de desarrollo financiero necesario, ¡antes era más fácil financiar un tractor que una toyotona, ahora es al revés!

4. La tragedia de Occidente y sobre todo León es que en el auge algodonero nunca se hicieron inversiones en infraestructura productiva, ¡terminó el algodón, terminó todo!

En fin, rompimos la integración de la cadena productiva, rompimos la capacidad de decisión nuestra en los diferentes componentes y ya no se podía decidir cuándo vender, a qué precio vender, etc., el factor de mercado que es el más importante.

Pero vuelvo a mi punto de partida, el éxito de producir algodón no se debe a lo milagroso del cultivo, se debe a que entre los productores, los trabajadores y las autoridades se logró una sinergia que integró la cadena, no conozco ningún otro cultivo que lo haya logrado en forma tan buena y si nosotros regresamos al “milagro” del algodón sin pensar en integrar la cadena muy difícil que se logre el éxito.

Permítanme en otro escrito, éste ya está muy largo, poder analizar otros cultivos y escuchar otras opiniones que esto genere.

El autor es productor y presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

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