Ana María Ch. de Holmann
Con preocupación he venido observando que a veces —cada vez más a menudo y con mayor intensidad— se publican fotos, comentarios, figuras y artículos inmorales, obscenos, vulgares y de mal gusto, los que están en contra de la moral, la ética y la decencia, en contra de lo natural, legal y tradicional en nuestro país.
En la sección Cartas al Director, de LA PRENSA del sábado 28 de febrero, leí un escrito de Ana María Zelaya Cardoza, quien dirigió una razonable crítica a un medio de comunicación, en el que también exalta la figura de mi padre: “Un gran caballero, católico y militante cristiano” tal como fue Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, fundador de este Diario LA PRENSA, quien tuvo siempre el propósito de guardar y proteger los principios y los valores cristianos, morales, naturales y tradicionales de nuestro pueblo. En fin, todo lo que está en asecho y en peligro de perderse y tergiversarse en la actualidad. Ésta es una de las razones por las que los medios de comunicación deben guardar un límite prudente y precavido dentro de su contenido, para que estos medios puedan llegar a los hogares sin el peligro de dañar las mentes y las conciencias de los jóvenes, adolescentes y de los niños y niñas y principalmente por guardar el respeto al recinto sagrado de la familia.
En estos tiempos en que la sociedad está visiblemente deteriorada y que estamos viviendo en un mundo en que los valores se han invertido, y bien sabemos que estos valores no son específicos de una u otra religión, éstos son universales, así como los derechos fundamentales del ser humano: la vida, la libertad, etc… son leyes naturales que el hombre ha adoptado para guardar el orden en la sociedad.
Todos nosotros tenemos un arma amplia y poderosa como son los medios de comunicación y más aún este Diario LA PRENSA, cuyo propósito desde su fundación ha sido además de investigar e informar, el de guiar, conducir, encausar, señalar, educar, debemos de usar este instrumento para rescatar y fortalecer los valores morales, cristianos, éticos, culturales y cívicos, rescatar la familia por medio de la cual se podrán lograr estos propósitos, juntando el mismo esfuerzo con los otros medios, los que también poseen y pueden hacer uso de este valioso instrumento.
Hay que ponerle un alto al mal. Hacer que el mundo vaya cambiando. Es cierto que de un momento a otro no podemos cambiar el mal por el bien, pero sí podemos ir haciendo un ambiente propicio con informaciones y programas adecuados, moderados y de un fondo educativo y moral, para que la juventud, la adolescencia, y la niñez se vayan formando dentro de esta modalidad. Para ello es preciso una campaña en la que unidos podamos ir haciendo un ambiente sano, una alianza entre todos los medios hablados, escritos y televisados para lograr el bien de toda la sociedad. Así también se iría disminuyendo la prostitución, la drogadicción, el pandillerismo, la delincuencia, el uso indebido del sexo, ya en relaciones prematrimonial, de parejas por curiosidad o simplemente por instinto, resultando de éstos embarazos no deseados por lo que recurren al aborto. Como también se debe evitar, promover las uniones entre personas del mismo sexo, homosexuales, lesbianas, quienes no deberían estar legalizadas su unión y menos para adoptar hijos.
Esa es y ha sido la misión de LA PRENSA, la que inició mi padre Pedro Joaquín Chamorro Zelaya junto a mi madre Margarita Cardenal de Chamorro, y le dio seguimiento mi hermano Pedro Joaquín mientras fue Director de LA PRENSA, toda esa formación que nuestros padres les transmitieron a todos sus hijos, a mi persona y a Jaime, quien está totalmente de acuerdo con estos conceptos y, quienes estamos actualmente en la Junta Directiva de este Diario LA PRENSA. Este sello que heredamos de nuestros padres y que guardamos siempre y tenemos la responsabilidad y el deber, y de seguir dando testimonio de él. Por todo lo antes expuesto es que les hago llegar este mensaje con mucha preocupación y les insto a todos los colegas periodistas y dueños de medios a llevar a cabo esta tarea que es de todos, y para bien de TODOS.
La autora es miembro de la Junta Directiva de LA PRENSA.