ACAN-EFE
SAN SALVADOR.- El nuevo gobierno salvadoreño mantendrá una macroeconomía relativamente estable, pero con la necesidad de buscar políticas económicas concertadas que dinamicen el PIB, que según datos preliminares creció un 2 por ciento en 2003.
Si bien las cifras del Banco Central de Reserva (BCR) no están en mal para una economía subdesarrollada, el 43 por ciento de los 6.5 millones de salvadoreños que vive en la pobreza demanda nuevas políticas sociales, que al parecer no serán fáciles de adoptar.
El economista Roberto Rubio, de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo (FUNDE), sostiene que el nuevo gobierno recibirá una economía “complicada, pasmada, que no crece, pero no decrece; que no está altamente endeudada, pero no está holgada”.
Según explicó Rubio a ACAN-EFE, la situación económica se ha venido deteriorando desde 1997, cuando “el boom de consumo” de la posguerra empezó a ceder.
Entre 1992 y 1997, la economía creció un promedio del 5.5 por ciento anual, mientras que entre 1998 y 2002, el ritmo bajó a un promedio de 2.6 por ciento anual.
A esto se suma el deterioro de la estabilidad macroeconómica, que, si bien “no está en crisis, ha dejado de ser holgada”, como resultado de “un déficit comercial creciente, un aumento de la deuda externa y el deterioro de las cuentas fiscales”.
La presidenta del BCR, Luz María Portillo, difiere de las opiniones de Rubio y asegura que “durante el último quinquenio se ha fortalecido la estabilidad macroeconómica, eliminando el riesgo cambiario y mantenido una baja tasa de inflación”.
El Salvador adoptó el dólar como moneda de curso legal el 1 de enero de 2001, con lo que se eliminó el riesgo cambiario. La brecha comercial se cubre en un 80 por ciento con los envíos de remesas familiares de EE.UU., que en 2003 superaron los 2,000 millones de dólares.
La funcionaria justifica el poco crecimiento en el último quinquenio por “el difícil entorno internacional y al deterioro de los términos de intercambio” y sostiene que “un crecimiento promedio del 2.1 por ciento se compara favorablemente con los de otras regiones”.
A nivel macroeconómico, Rubio estima que “la única solución es un pacto fiscal que vaya cerrando el déficit”, a lo que deberá sumarse “un esfuerzo extraordinario” para reducir la evasión de impuestos.